domingo, 29 de abril de 2012

Proclamo el nombre del Señor Jesús y Sus obras maravillosas.


1 Crónicas 16:8-11; Salmo 105:1-15; Deuteronomio 4:9-10, 29, 40; Mateo 6:33; Romanos 8:9  

¡Alaben al Señor, proclamen su nombre, testifiquen de sus proezas entre los pueblos!  ¡Cántenle, cántenle salmos! ¡Hablen de sus maravillosas obras!  ¡Gloríense en su nombre santo!  ¡Alégrense de veras los que buscan al Señor!  ¡Refúgiense en el Señor y en su fuerza, busquen siempre su presencia!  ¡Recuerden las maravillas que ha realizado, los prodigios y los juicios que ha emitido!

Den gracias al Señor, invoquen su nombre; den a conocer sus obras entre las naciones.  Cántenle, entónenle salmos; hablen de todas sus maravillas.  Siéntanse orgullosos de su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan al Señor.  Recurran al Señor y a su fuerza; busquen siempre su rostro. Recuerden las maravillas que ha realizado, sus señales, y los decretos que ha emitido. ¡Ustedes, descendientes de Abraham su siervo! ¡Ustedes, hijos de Jacob, elegidos suyos!  Él es el Señor, nuestro Dios; en toda la tierra están sus decretos.  Él siempre tiene presente su pacto, la palabra que ordenó para mil generaciones.  Es el pacto que hizo con Abraham, el juramento que le hizo a Isaac.  Se lo confirmó a Jacob como un decreto, a Israel como un pacto eterno, cuando dijo: "Te daré la tierra de Canaán como la herencia que te toca."  Aun cuando eran pocos en número, unos cuantos extranjeros en la tierra  que andaban siempre de nación en nación y de reino en reino,  a nadie permitió que los oprimiera, sino que por ellos reprendió a los reyes:  No toquen a mis ungidos; no hagan daño a mis profetas.

¡Pero tengan cuidado! Presten atención y no olviden las cosas que han visto sus ojos, ni las aparten de su corazón mientras vivan. Cuéntenselas a sus hijos y a sus nietos.  El día que ustedes estuvieron ante el Señor su Dios en Horeb, él me dijo: Convoca al pueblo para que se presente ante mí y oiga mis palabras, para que aprenda a temerme todo el tiempo que viva en la tierra, y para que enseñe esto mismo a sus hijos.

Pero si desde allí buscas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás.

Obedece sus preceptos y normas que hoy te mando cumplir. De este modo a ti y a tus descendientes les irá bien, y permanecerán mucho tiempo en la tierra que el Señor su Dios les da para siempre.

Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Estoy muy agradecido por lo que mi Padre Celestial ha hecho por mí.  Continuamente invoco el nombre del Señor Jesús mi Dios y lo daré a conocer entre las personas a través de Su obra en mí. Soy diligente en mi adoración a El, cantare alabanzas continuamente. Medito y hablo de Sus obras sin cesar.  ¡Mi corazón se regocija en Su presencia!  Soy constante y me esfuerzo en buscarlo y me refugio en Su fuerza.  Amo a mi Señor Jesús con todo mi corazón y permanezco continuamente en Su presencia.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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sábado, 28 de abril de 2012

El Señor Jesús me ha sanado.


2 Reyes 5:10-14; 2 Crónicas 20:20; Deuteronomio 28:1; Juan 14:15; Isaías 53:4-5; Salmo 103:1-5; Éxodo 15:26; Santiago 5:14-16

Eliseo envió un mensajero a él, que dijo: "Ve y báñate en el Jordán  siete veces. Tu piel regresará a ti, y tú serás limpio."  Pero Naaman se enojó y se fue diciendo: "¡Aquí está, yo creí por seguro que él saldría personalmente, que se pararía, clamaría en el Nombre de YAHWEH su Elohim y meneara su mano sobre la parte enferma y así sanaría a la persona con lepra.  ¿No son Abana y Farfar los ríos de Damasco, mejores que toda el agua de Israel?  ¿Por qué no puedo bañarme en ellos y ser limpio?" Así que se volvió y se fue enfurecido. Pero sus sirvientes se acercaron, y dijeron: "Si el profeta te hubiera pedido que hicieras algo realmente difícil, ¿no lo hubieras hecho? Así que, ¿no tiene más sentido hacer lo que él dice, báñate y sé limpio?"  Así que él descendió y se sumergió siete veces en el Jordán, como el hombre de Elohim había dicho que hiciera; y su piel fue restaurada, y se hizo como la piel de un niño, y fue limpio.

Al día siguiente, madrugaron y fueron al desierto de Tecoa. Mientras avanzaban, Josafat se detuvo y dijo: "Habitantes de Judá y de Jerusalén, escúchenme: ¡Confíen en el Señor, y serán librados! ¡Confíen en sus profetas, y tendrán éxito!"

Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra.

Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.

Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado.  Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.

Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre.  Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.  Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias;  él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión;  él colma de bienes tu vida  y te rejuvenece como a las águilas.

Les dijo: "Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud."  

¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.  La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará.  Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

No me ofendo por las exigencias del Señor Jesús, Su Palabra y Sus profetas.
Cualquiera que sea el Señor requiere de mí, soy obediente en hacerlo. Por lo tanto, me levanto limpio de mis debilidades. La enfermedad y la dolencia no pueden aferrarse a mí vida, porque yo he hecho lo que el Señor Jesus requiere y Él me ha declarado sano y creo Su Palabra.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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viernes, 27 de abril de 2012

Mi ayudador es el Señor Jesús mi Dios.


Nehemías 6:9-16; Salmo 126; Lucas 14:28; Josué 1:5-9; Génesis 1:26-27; Juan 1:21; Colosenses 2:15; Santiago 4:7; 2 Corintios 10:3-6

Nuestros enemigos estaban tratando de asustarnos creyendo que así íbamos a suspender las obras. Pero yo estaba decidido a continuar, así que oré al Señor y dije: Señor, dame más fuerzas, por favor.  Un día fui a la casa de Semaías, hijo de Delaías y nieto de Mehitabel. Él estaba encerrado en su casa y me habló muy preocupado: Nehemías, vayamos a la casa de Dios y quedémonos dentro del templo con las puertas cerradas porque vendrán esta noche a matarte. Pero yo le contesté: ¿Por qué tiene que huir un hombre como yo? Yo no le debo nada a nadie para tener que entrar al templo a salvar mi vida. Yo no tengo porque esconderme de nadie. Me di cuenta de que Semaías no hablaba en nombre de Dios, sino que decía esa profecía contra mí porque Tobías y Sambalat le habían pagado para que lo hiciera. Lo contrataron para hacerme pecar escondiéndome en el templo. Con eso, ellos planeaban tener una razón para desacreditarme. Dios mío, castiga a Tobías y a Sambalat por lo que han hecho. Reprende también a Noadías, la profetisa, y al resto de profetas que trataron de atemorizarme. La reconstrucción de la muralla duró cincuenta y dos días y se terminó el día veinticinco del mes de elula. Cuando todos nuestros enemigos y las naciones vecinas se enteraron de que habíamos terminado la muralla, todos ellos perdieron la confianza en sí mismos y se llenaron de temor. Entendieron que esa obra había sido hecha con la ayuda de Dios.

Cuando el Señor traiga a los deportados de vuelta a Sión, parecerá que estamos soñando;  nos llenaremos de felicidad y entonaremos canciones alegres. La gente de otras naciones dirá: El Señor ha hecho maravillas por ellos.  En el pasado, el Señor hizo maravillas por nosotros y estábamos felices de ello.  Señor, danos de nuevo la libertad; haz que seamos como desiertos que se llenan de manantiales.  Los que con lágrimas sembraron, con gritos de alegría cosecharán.  El que vaya andando y llorando llevando la bolsa de semillas, volverá gritando de alegría llevando manojos de trigo.

Cuando alguien va a construir una torre, se sienta primero a hacer un plan, ¿verdad? Tiene que ver si tiene el dinero para hacer el trabajo.

Yo estaré contigo así como estuve con Moisés. Nadie podrá derrotarte mientras vivas porque yo nunca te abandonaré ni te dejaré.  Sé fuerte y valiente porque tú guiarás a este pueblo para que pueda tomar la tierra que yo prometí a sus antepasados. Pero tienes que ser fuerte y valiente, obedeciendo los mandamientos que te dio mi siervo Moisés. Si te mantienes fiel a ellos triunfarás donde quiera que vayas.  Repite siempre las palabras del libro de la ley de Moisés. Estúdialo día y noche, de manera que puedas actuar de acuerdo a lo escrito en él, para que te vaya bien y tengas éxito.  Te repito: sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas.

Luego Dios dijo: Ahora hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Tendrá poder sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y en toda la tierra. Reinará sobre los animales terrestres, y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo. Así que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, creó al varón y a la mujer.

Pero a los que lo aceptaron y creyeron en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios.

Dios venció a todos los poderes y fuerzas espirituales a través de la cruz, desarmándolos y obligándolos a desfilar derrotados ante el mundo.

Así que, entréguense a Dios, resistan al diablo y el diablo huirá de ustedes.

Es cierto que vivimos en este mundo, pero no luchamos como los seres humanos que viven en él.  Las armas con las que luchamos no son de este mundo, sino que tienen el poder de Dios para destruir las fortalezas del enemigo. Con nuestras armas, también destruimos los argumentos de los que están en contra nuestra y acabamos con el orgullo que no le permite a la gente conocer a Dios. Así podemos capturar todos los pensamientos y hacer que obedezcan a Cristo.  Una vez que estemos seguros de su completa obediencia, estaremos listos para castigar cualquier desobediencia.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuando el enemigo trata de asustarme y comienza a burlarse de mí diciendo que no tengo las fuerzas ni la habilidad para completar el trabajo que El Señor Jesús me ha encomendado, Dios fortalece mis manos.  No tengo ningún motivo para salir en retirada contra los ataques del enemigo. ¡He nacido de nuevo del Dios vivo y no por hombre!  He sido hecho a imagen y semejanza de Dios.  Si alguna persona que dice conocer al Señor Jesús se levanta en mi contra, no huiré, ¡No lo hare! ¡Me mantengo firme en el Señor Jesús!  No hay enemigo que me pueda intimidar porque El Señor y creador de todo el universo esta morando dentro de mí.  El enemigo sabe que Dios está de mi lado, él sabe que yo creo en La Palabra de Dios, y por eso perderá totalmente cualquier ataque en mi contra y huira de mí.  Por esta razón, me mantengo firme sobre La Roca y completare el trabajo que Dios me ha llamado a hacer.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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jueves, 26 de abril de 2012

A través de Creer en el Señor Jesús he sido aprobado por Dios.


Romanos 5:1-2; Gálatas 2:20-21; Efesios 2:4-10, 14, 18; 3:12; Hebreos 3:6; 4:15-16

Así que Dios nos aprobó gracias a nuestra fe, y ahora, por medio de nuestro Señor Jesucristo, hay paz entre Dios y nosotros.  A través de la fe, Cristo nos ha traído al generoso amor de Dios que ahora disfrutamos y estamos felices con la esperanza de compartir la gloria de Dios.

Ahora ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y mientras vivo en este cuerpo, vivo por fe en el Hijo de Dios, quien me amó y entregó su vida para salvarme.  Así que yo no voy a rechazar el generoso amor de Dios. Pues si por la ley fuera posible que estuviéramos bien con Dios, entonces la muerte de Cristo no serviría de nada.

Pero la compasión de Dios es muy grande, y él nos amó con un inmenso amor.  Estábamos muertos espiritualmente a causa de nuestras ofensas contra Dios, pero él nos dio vida al unirnos con Jesucristo. Fíjense, ustedes fueron salvos sólo gracias a la generosidad de Dios.   Él nos levantó de la muerte junto con Cristo y nos sentó junto a él en el cielo.  Dios hizo esto para mostrar en el futuro su inmensa generosidad siendo bondadoso con nosotros a través de Jesucristo.  Ustedes fueron salvos gracias a la generosidad de Dios porque tuvieron fe. No se salvaron a sí mismos, su salvación fue un regalo de Dios.  La salvación no es algo que ustedes hayan conseguido pues nadie puede decir que se salvó a sí mismo.  Nosotros somos obra de Dios, fuimos creados por Cristo para hacer el bien tal como Dios ya lo tenía planeado.

Cristo nos trajo la paz y es quien nos ha unido a todos en un solo pueblo. Antes, los judíos y los que no son judíos se odiaban y estaban divididos como si un muro los separara, pero Cristo murió para derrumbar ese muro de odio.

Gracias a Cristo todos podemos acercarnos al Padre por medio del mismo Espíritu.

Por nuestra fe en Cristo tenemos la confianza de poder presentarnos ante Dios.

Pero Cristo dirige la familia de Dios como un hijo fiel. Somos la familia de Dios siempre y cuando nos mantengamos seguros y confiados de hablar abiertamente de la esperanza que tenemos.

Él fue tentado tal como somos tentados nosotros, con la única diferencia de que él nunca cometió pecado.  Entonces, acerquémonos con confianza al trono de Dios que es generoso. Allí recibiremos su compasión y su bondad para ayudarnos cuando lo necesitemos.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Desde que fui justificado (aprobado), absuelto, declarado justo, ahora creo con todo mi corazón que tengo paz con Dios a través del Señor Jesucristo.  Ahora puedo aferrarme al hecho de que por medio del Señor Jesucristo, mi Señor, Él se ha convertido en mi paz, mi vida, y mi seguridad eterna.  A través de El tengo acceso incondicional al favor incesante de Dios.  Ahora Dios tiene Sus  brazos abiertos cada vez que entro a la sala del trono de Dios. Por lo tanto, me regocijo en gran manera del hecho de que ahora puedo ver y experimentar el amor y la gloria de Dios en mi vida.
  
Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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