martes, 22 de febrero de 2011

Un corazón firme y fiel a Jesús


Hebreos 3:12-13

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón tan malo e incrédulo que se aparte del Dios vivo.  Antes bien, exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: «Hoy», para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


Cuido de no desarrollar un corazón pecaminoso, infiel, e incrédulo que se aleja del Dios vivo. Por lo tanto, no voy a escuchar, ni asociarme con los que no creen en la Palabra de Dios o que no confíen en las promesas de Dios. Elijo a mis amigos con sabiduría y me asocio con los de la misma fe.  Soy bueno con mis amigos, fomento diariamente en ellos la Palabra de Dios y lo seguiré haciendo todos los días.  De esta manera, construyo un escudo de seguridad contra las trampas del diablo y mis amigos y yo NO somos endurecidos en nuestros corazones por el engaño del pecado o la incredulidad.


Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.