Marcos 10:42-23; Joel 2:1-11; Génesis 12:1-3;
Marcos 9:35; Tito 2:14
Pero Jesús los llamó y les dijo:
–Sabéis que entre los paganos hay jefes que
creen tener el derecho de gobernar con tiranía a sus súbditos, y sobre estos
descargan los grandes el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser
así. Al contrario, el que quiera ser grande entre vosotros, que sirva a los
demás.
Toquen la trompeta en Sión; den la voz de
alarma en mi santo monte. Tiemblen todos los habitantes del país, pues ya viene
el día del Señor; en realidad ya está cerca. Día de tinieblas y oscuridad, día de nubes y
densos nubarrones. Como la aurora que se extiende sobre los montes, así avanza
un pueblo fuerte y numeroso, pueblo como nunca lo hubo en la antigüedad ni lo
habrá en las generaciones futuras. Antes
de que llegue, devora el fuego; cuando ya ha pasado, las llamas lo inflaman
todo. Antes de que llegue, el país se parece al jardín del Edén; cuando ya ha
pasado, queda un desolado desierto; ¡nada escapa su poder! Tienen aspecto de caballos; galopan como
corceles. Y al saltar sobre las cumbres
de los montes, producen un estruendo como el de carros de guerra, como el
crepitar del fuego al consumir la hojarasca. ¡Son como un ejército poderoso en
formación de batalla! Ante él se
estremecen las naciones; todo rostro palidece. Atacan como guerreros, escalan muros como
soldados. sin romper la formación. No se
atropellan entre sí; cada uno marcha en línea. sin romper filas. Se abalanzan contra la ciudad, arremeten
contra los muros, trepan por las casas, se meten por las ventanas como
ladrones. Ante este ejército tiembla la
tierra y se estremece el cielo, el sol y la luna se oscurecen y las estrellas
dejan de brillar. Truena la voz del
Señor al frente de su ejército; son innumerables sus tropas y poderosos los que
ejecutan su palabra. El día del Señor es grande y terrible. ¿Quién lo podrá
resistir?
El Señor le dijo a Abram: Deja tu tierra, tus
parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré;
haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y
maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las
familias de la tierra!"
Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y
les dijo: --Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el
servidor de todos.
Él se entregó por nosotros para rescatarnos de
toda maldad y purificar para sí un
pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.
DECLARACIÓN
DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.
No
pretendo por una posición en el cuerpo de Jesucristo, no busco una forma de
ganar autoridad y dominio sobre mis
hermanos y hermanas en la Iglesia. En su lugar, busco la forma de poder
bendecir y servir a los demás, ya que de esta manera Jesús dice que puedo
alcanzar una posición de igualdad como hijo del Dios Altísimo.
Si no has recibido a Jesús tú Señor simplemente has la siguiente
oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti
en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre
del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,
y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo»
(Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo
venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del
Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra.
Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre
los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como
lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.
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