sábado, 14 de abril de 2012

Hoy vivo por El Espíritu de Dios.


Romanos 8:9-13; Gálatas 2:20-21, 6:8; 1 Corintios 15:17, 21; Efesios 1:17-23; 4:22

Sin embargo, vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, no obstante el espíritu vive a causa de la justicia.  Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en vosotros, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales mediante su Espíritu que mora en vosotros.  Así que, hermanos, somos deudores, pero no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si vivís conforme a la carne, habéis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las prácticas de la carne, viviréis.

Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.
No desecho la gracia de Dios; porque si la justicia fuese por medio de la ley, entonces por demás murió Cristo.

Porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.

Y si Cristo no resucitó,  vuestra fe es vana: aún estáis en vuestros pecados.

Pues por cuanto la muerte entró por un hombre,  también por un hombre la resurrección de los muertos.

Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo,  el Padre de gloria,  os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento,  para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,  cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos  y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos,  según la acción de su fuerza poderosa. Esta fuerza operó en Cristo,  resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad,  poder y señorío,  y sobre todo nombre que se nombra,  no solo en este siglo,  sino también en el venidero.  Y sometió todas las cosas debajo de sus pies,  y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,  la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

En cuanto a la pasada manera de vivir,  despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Ya no soy controlado por la carne, o los deseos  de mi vieja naturaleza pecaminosa, ahora soy dirigido en mi espíritu renacido donde mora el Espíritu de Dios.  Jesús mora en mí, la vieja naturaleza pecaminosa, que antes tenía ha muerto, pero mi espíritu ha nacido de nuevo, tengo en  vida nueva  el regalo de la justicia y lo he recibido del Padre Celestial mi Dios.  El Espíritu de Aquel que resucitó al Señor  Jesús de entre los muertos habita en mí, y a través de ese mismo poder de resurrección, Él me da la vida (salud y vitalidad) a este cuerpo mortal en el que habito.  Ya no tengo que vivir por lo que es natural (las leyes de la naturaleza establecida en mi carne), ni andar por los caminos del pecado porque son caminos de  muerte.  Mi espíritu hoy es guiado por el Espíritu Santo,  he crucificado las obras de mi carne por la gracia y el poder que Jesús me da, ahora tengo vida en mi espíritu gracias a mi Dios y Señor Jesús.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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viernes, 13 de abril de 2012

El Espíritu del Señor Jesús esta en mi


Hechos 10:43-46; Hebreos 8:6; 10:14-7; Tito 3:5; 2 Pedro 1:4; Hechos 2:38-39; 1 Corintios 14

Todos los profetas dan testimonio de él, y de que todo aquel que cree en él recibirá perdón de pecados por su nombre. Mientras Pedro todavía hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían la palabra. Y los creyentes de la circuncisión que habían venido con Pedro quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo fue derramado también sobre los gentiles;  pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios.

Pero ahora Jesús ha alcanzado un ministerio sacerdotal tanto más excelente por cuanto él es mediador de un pacto superior, que ha sido establecido sobre promesas superiores.

Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.  Por lo tanto, entrando en el mundo, él dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo.  Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron;  entonces dije: "¡Heme aquí para hacer, oh Dios, tu voluntad!" como en el rollo del libro está escrito de mí.

Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiésemos hecho, sino según su misericordia; por medio del lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo.

Mediante ellas nos han sido dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas seáis hechos participantes de la naturaleza divina, después de haber huido de la corrupción que hay en el mundo debido a las bajas pasiones.

Pedro les dijo: —Arrepentíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para todos cuantos el Señor nuestro Dios llame.

También leer todo el capitulo 14 de 1 Corintios.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.



Todos los profetas dan testimonio del hecho que he recibido el perdón de mis pecados (desde el primero hasta el último) en el nombre del Señor Jesús.  Hoy soy una nueva creación y Su Palabra me ha transformado de adentro hacia afuera y he recibido el don prometido del Espíritu Santo.  Él es quien me da esta capacidad para alabar y glorificar a Dios libremente, sin restricciones, y para hablar en un idioma que nunca había aprendido y que solo El y mi espíritu entendemos.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 11 de abril de 2012

El ejército del Señor Jesús acampa alrededor de mi.


2 Reyes 6:13-18; Isaías 59:19; Josué 1:5-9; Éxodo 14:13-14; 2 Crónicas 32:7; Salmo 55:18; 103:20; Mateo 26:53; 2 Corintios 5:7; Hebreos 1:14; 2 Timoteo 1:7

Pues entonces averigüen dónde está ordenó el rey, para que mande a capturarlo. Cuando le informaron que Eliseo estaba en Dotán,  el rey envió allá un destacamento grande, con caballos y carros de combate. Llegaron de noche y cercaron la ciudad.  Por la mañana, cuando el criado del hombre de Dios se levantó para salir, vio que un ejército con caballos y carros de combate rodeaba la ciudad.  ¡Ay, mi señor!  Exclamó el criado. ¿Qué vamos a hacer? No tengas miedo respondió Eliseo. Los que están con nosotros son más que ellos. Entonces Eliseo oró: Señor, ábrele a Guiezi los ojos para que vea. El Señor así lo hizo, y el criado vio que la colina estaba llena de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo.  Como ya los sirios se acercaban a él, Eliseo volvió a orar: Señor, castiga a esta gente con ceguera. Y el Señor hizo lo que le pidió Eliseo.

Desde el occidente temerán el nombre del Señor, y desde el oriente respetarán su gloria. Porque vendrá como un torrente caudaloso, impulsado por el soplo del Señor.

Durante todos los días de tu vida, nadie será capaz de enfrentarse a ti. Así como estuve con Moisés, también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados.  Sólo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas.  Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.  Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.

No tengan miedo les respondió Moisés. Mantengan sus posiciones, que hoy mismo serán testigos de la salvación que el Señor realizará en favor de ustedes. A esos egipcios que hoy ven, ¡jamás volverán a verlos!  Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes.

¡Cobren ánimo y ármense de valor! No se asusten ni se acobarden ante el rey de Asiria y su numeroso ejército, porque nosotros contamos con alguien que es más poderoso.

Aunque son muchos los que me combaten, él me rescata, me salva la vida en la batalla que se libra contra mí.

Alaben al Señor, ustedes sus ángeles, paladines que ejecutan su palabra y obedecen su mandato.

¿Crees que no puedo acudir a mi Padre, y al instante pondría a mi disposición más de doce batallones  de ángeles?

Vivimos por fe, no por vista.

¿No son todos los ángeles espíritus dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación?

Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.

  
DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

No tengo miedo cuando el enemigo se levanta y  viene con  ímpetu contra mí.  Aunque venga de noche o de día y me rodee con un gran ejército, mi alma no se agita con temor.  Cuando los demás entran en pánico y gritan de miedo, me mantengo firme.  Sé en quien he puesto mi confianza. También sé que el Señor Jesús siempre esta a mi lado y dentro de mi, por lo tanto estoy firme, y el ejercito de Dios me defiende y es mas grande que cualquier enemigo.  No confío en lo que veo, porque sé que lo que no se ve es mayor que lo que veo y es ahí donde esta el verdadero Poder.  Los ángeles del Señor Jesús mi Dios, están a mi alrededor y pelean en Su Nombre.  Por lo tanto, no seré sacudido y no tendré miedo!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 10 de abril de 2012

En el Señor Jesús soy fuerte y valiente.


Jueces 6:12-14; Efesios 6:10-18; Josué 1:5-9; Isaías 41-10; Filipenses 2:12-13; Romanos 11:29; 1 Juan 2:27

Cuando el ángel del Señor se le apareció a Gedeón, le dijo: ¡El Señor está contigo, guerrero valiente! Pero, señor replicó Gedeón, si el Señor está con nosotros, ¿cómo es que nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas las maravillas que nos contaban nuestros padres, cuando decían: “¡El Señor nos sacó de Egipto!”? ¡La verdad es que el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián!

Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor.  Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.  Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.

Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, Dios le dijo a Josué hijo de Nun, asistente de Moisés:  Mi siervo Moisés ha muerto. Por eso tú y todo este pueblo deberán prepararse para cruzar el río Jordán y entrar a la tierra que les daré a ustedes los israelitas.  Tal como le prometí a Moisés, yo les entregaré a ustedes todo lugar que toquen sus pies.  Su territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano, y desde el gran río Éufrates, territorio de los hititas, hasta el mar Mediterráneo, que se encuentra al oeste.  Durante todos los días de tu vida, nadie será capaz de enfrentarse a ti. Así como estuve con Moisés, también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré.

Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.

Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.

Porque las dádivas de Dios son irrevocables, como lo es también su llamamiento.

En cuanto a ustedes, la unción que de él recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esa unción es auténtica —no es falsa—y les enseña todas las cosas. Permanezcan en él, tal y como él les enseñó.

  
DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

En la Unción del Señor Jesús soy un guerrero en el ejército de Dios.  Soy intrépido - lleno de coraje y de valor – porque el Señor Jesús está conmigo en todo lo que hago.  No permito que las circunstancias que me rodean dirijan mi confianza, porque toda mi confianza esta en el Señor Jesús y Su Palabra.  Sigo adelante sin miedo, en la voluntad y el poder de Dios.  EL es mi Padre, el Dios del universo entero, que me ha enviado a hacer su voluntad en el poder de Su Santo Espíritu.  El Padre del Señor Jesucristo es mi Padre, el Dios del universo entero, que me ha enviado y me ha ordenado en mi vocación.  Él me ha ungido (poder) y soy muy capaz de hacer lo que Él me ha llamado a hacer y mas.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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