miércoles, 14 de diciembre de 2011

Tengo comunion con mi Señor Jesús en la oración.


Lucas 6:12; Marcos 1:35; 6:46; Mateo 6:6; Lucas 4:42; 5:16; 9:10; Efesios 6:18; 1:15-16

 

Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.

Levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.

Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar.

Mas tú, cuando ores, entra en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te pagará en público.

Y siendo ya de día salió, y se fue a un lugar desierto; y el pueblo le buscaba, y vinieron hasta él; y le detenían [para] que no se apartase de ellos.

Más él se apartaba a los desiertos, y oraba.

Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Betsaida.

Por toda oración y ruego orando en todo tiempo en el espíritu, y velando en ello con toda instancia y súplica por todos los santos.

Por lo cual también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y la caridad para con todos los santos,  no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


Regularmente y constantemente voy mi lugar especial, apartado y en  soledad para no tener distracción – Para tener mi tiempo libre de oración y comunión (relación intima)  con el Padre de mi Señor Jesús Su Hijo.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

martes, 13 de diciembre de 2011

La comida de mi Señor Jesús es que haga Su voluntad.


Juan 4:34-38; Salmo 40:7-8; Mateo 9:37-38; Lucas 10:2; 2 Corintios 5:18-20; Proverbios 11:30 
 
Les dice Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.  ¿No decís vosotros que aún hay cuatro meses y la siega viene? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad el campo, porque ya están blancas para la siega.  Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.  Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.  Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Entonces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro [está] escrito de mí: El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado; y tu ley [está] en medio de mis entrañas.

Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos.  Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Y les decía: La mies a la verdad es mucha, más los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

Y todo esto por Dios, el cual nos reconcilió a sí por Jesús el Cristo; y (nos) dio el ministerio de la reconciliación.  Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí [mismo], no imputándoles sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la Reconciliación. Así que, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; [os] rogamos en Nombre de Cristo: Reconciliaos a Dios.

El fruto del justo [es] árbol de vida; y el que gana almas, es sabio.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

La alegría de mi vida es hacer la voluntad de mi Padre celestial y para llevar a cabo lo que Él me ha llamado a hacer. Me he convertido en el segador en los campos donde el Señor Jesús. Él  ha sembrado Su Palabra en mi corazón y cosecho Su fruto. Hay multitudes que no han oído y le pido en Su nombre envié más obreros porque la cosecha de almas es mucha y están listos para recibir el Evangelio de Cristo Jesús  y estoy proclamado con gozo. El Señor Jesús me da Su Palabra, luego la declaro para compartirla y los que la oyen es sembrada en su corazón (es mi fruto para El). Él ha puesto el propósito de recoger las almas para Su Reino.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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lunes, 12 de diciembre de 2011

El Señor Jesús me da Su Palabra para que la comparta a mi prójimo.


Ezequiel 33: 7-9; Daniel 12:3; Proverbios 11:30; Ezequiel 3:17-27; Juan 16:13; Judas 1:23

Pues a ti, hombre, yo te he puesto como centinela del pueblo de Israel. Tú deberás recibir mis mensajes y comunicarles mis advertencias.  Puede darse el caso de que yo pronuncie sentencia de muerte contra un malvado; pues bien, si tú no hablas con él para advertirle que cambie de vida, y él no lo hace, ese malvado morirá por su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte.  Si tú, en cambio, adviertes al malvado que cambie de vida, y él no lo hace, él morirá por su pecado, pero tú salvarás tu vida.

Los hombres sabios, los que guiaron a muchos por el camino recto, brillarán como la bóveda celeste. ¡Brillarán para siempre, como las estrellas!

La justicia da vida; la violencia la quita.

A ti, hombre, yo te he puesto de centinela para el pueblo de Israel. Cuando yo te comunique algún mensaje, deberás anunciárselo de mi parte, para que estén advertidos. Puede darse el caso de que yo pronuncie sentencia de muerte contra un malvado; pues bien, si tú no hablas a ese malvado y lo exhortas a dejar su mala conducta para que pueda seguir viviendo, él morirá por su pecado, pero yo te pediré a ti cuentas de su muerte.  Si tú, en cambio, adviertes al malvado y él no deja su maldad ni su mala conducta, él morirá por su pecado, pero tú salvarás tu vida.  También puede darse el caso de que un hombre recto deje su vida de rectitud y haga lo malo, y que yo lo ponga en peligro de caer; si tú no se lo adviertes, morirá. Yo no tomaré en cuenta el bien que haya hecho y morirá por su pecado, pero a ti te pediré cuentas de su muerte.  Si tú, en cambio, exhortas a ese hombre a no pecar y él no peca, seguirá viviendo, porque hizo caso de la exhortación, y tú salvarás tu vida.  El Señor puso allí mismo su mano sobre mí y me dijo: Levántate y sal a la llanura, que allí te voy a hablar. Me levanté y salí a la llanura, y allí vi la gloria del Señor como la había visto a orillas del río Quebar. Me incliné hasta tocar el suelo con la frente,  pero el poder de Dios entró en mí y me hizo poner de pie. Entonces el Señor me habló de esta manera: Ve y enciérrate en tu casa.  Mira, te van a atar con cuerdas, de manera que no podrás salir y estar con el pueblo. Además yo haré que la lengua se te quede pegada al paladar, y que te quedes mudo. No podrás reprenderlos, aunque son un pueblo rebelde. Pero cuando yo quiera decirte algo, te devolveré el habla y entonces les dirás: Esto dice el Señor. El que quiera oír, oirá, pero el que no quiera, no oirá. Porque son un pueblo rebelde.

Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oye y os hará saber las cosas que van a suceder.

Salvad a unos, sacándolos del fuego, y  tened compasión de otros, aunque guardándoos de ellos y aborreciendo incluso la ropa que visten, que está contaminada por su mala vida.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Soy un vigilante que da la alerta de compartir el mensaje del Evangelio de Jesucristo y de mostrar el Camino de Justicia.  No doy la espalda al pecador ni tomo parte en su destrucción, sino por el contrario, le comparto el mensaje de salvación que es el Señor Jesus.  Con la Palabra de Dios y Su Santo Espíritu como guía puedo proporcionar la dirección a las personas que me rodean y tener una cosecha masiva de almas, ya que veo en cada persona un hermano potencial en el Señor Jesús.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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domingo, 11 de diciembre de 2011

Me mantengo firme en la confianza (fe) en el Señor Jesús.


Colosenses 1:21-23; Efesios 2:1-15; 5:27; 2 Corintios 5:17-21; Romanos 8:1-2; Hebreos 10:35 
 
En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos.  Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Éste es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo, y del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor.

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados,  en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios.  Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. Por lo tanto, recuerden ustedes los gentiles de nacimiento —los que son llamados «incircuncisos» por aquellos que se llaman «de la circuncisión», la cual se hace en el cuerpo por mano humana—, recuerden que en ese entonces ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo.  Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio  el muro de enemistad que nos separaba, pues anuló la ley con sus mandamientos y requisitos. Esto lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz

Así que no se hagan cómplices de ellos.

Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!  Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.  Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.»  Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador,  para que en él recibiéramos  la justicia de Dios.

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,   pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me  ha liberado de la ley del pecado y de la muerte

Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Antes, estaba alejado de Dios – en mi mente era completamente hostil y contrario a mi Señor Jesús, y andaba por malos caminos.  Pero ahora, he sido reconciliado con Dios por medio de la muerte del Señor Jesús y Su resurrección al tercer día.  Ahora puedo presentarme ante Dios santo, sin la menor mancha y libre de toda acusación, si es que permanezco en mi fe (creyendo y confesando como mi Dios y Señor a Jesús), estando totalmente cimentado y firme sin alejarme nunca de La Palabra de Dios, poniéndola por obra como mi máxima autoridad.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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