lunes, 4 de febrero de 2013

Alabo con todo mí ser al Señor Jesús mi Dios.


Salmo 9:1-5; Malaquías 4:1-3; Santiago 4:7; Salmo 8:2; 22:3; Éxodo 23:27-30

Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.  Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu Nombre, oh Altísimo.  Mis enemigos retroceden; tropiezan y perecen ante ti.  Porque tú me has hecho justicia, me has vindicado; tú, juez justo, ocupas tu trono.  Reprendiste a los paganos, destruiste a los malvados; ¡para siempre borraste su memoria!                                                        
                                           
¡Miren, ya viene el día, ardiente como un horno! Todos los soberbios y todos los malvados serán como paja, y aquel día les prenderá fuego hasta dejarlos sin raíz ni rama dice el Señor Todopoderoso.  Pero para ustedes que temen mi Nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros recién alimentados.  El día que yo actúe ustedes pisotearán a los malvados, y bajo sus pies quedarán hechos polvo dice el Señor Todopoderoso.

Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.

Por causa de tus adversarios has hecho que brote la alabanza  de labios de los pequeñitos y de los niños de pecho, para silenciar al enemigo y al rebelde.

Pero tú eres santo, tú eres Rey, ¡tú eres la alabanza de Israel!

En toda nación donde pongas el pie haré que tus enemigos te tengan miedo, se turben y huyan de ti.  Delante de ti enviaré avispas, para que ahuyenten a los heveos, cananeos e hititas.  Sin embargo, no los desalojaré en un solo año, no sea que, al quedarse desolada la tierra, aumente el número de animales salvajes y te ataquen.  Los desalojaré poco a poco, hasta que seas lo bastante fuerte para tomar posesión de la tierra.

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús es el que habita en medio de mis alabanzas. Cuando le alabo con todo mi corazón y me alegro en Su presencia, porque Él es un escudo que impide que el enemigo siga en mi camino. Dios es quien se levanta en mi defensa. Mis enemigos caen y perecen ante Su presencia. El Señor Jesús, mi Dios,  se ha mantenido a favor de mi causa. Todos mis enemigos retroceden y huyen de delante de mí con terror.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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domingo, 3 de febrero de 2013

La Gloria del Señor Jesús ha llenado mi corazón.


2 Crónicas 5:13-14; Salmo 22:3; 136; 1 Corintios 3:13; 6:19; Gálatas 4:6; Romanos 5:5; 8:9, 29

Y cuando los trompeteros y los cantores se unieron al unísono, haciendo un sonido que se escucha en alabar y dar gracias al Jehová [Señor], y cuando alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de canto y alabando al Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia y la bondad amorosa es para siempre, entonces la casa del Señor se llenó de una nube de la Gloria de Jehová,
y los sacerdotes no pudieron permanecer en pie para ministrar por causa de la nube de la Gloria de Jehová, que había llenado la casa de Dios.
                                           
Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel!

Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. Den gracias al Dios de dioses; su gran amor perdura para siempre.  Den gracias al Señor omnipotente; su gran amor perdura para siempre.  Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para siempre.  Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre.  Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre.  Al que hizo las grandes luminarias; su gran amor perdura para siempre.  El sol, para iluminar  el día; su gran amor perdura para siempre.   La luna y las estrellas, para iluminar la noche; su gran amor perdura para siempre.  Al que hirió a los primogénitos de Egipto; su gran amor perdura para siempre.  Al que sacó de Egipto a Israel; su gran amor perdura para siempre.  Con mano poderosa y con brazo extendido; su gran amor perdura para siempre.  Al que partió en dos el Mar Rojo; su gran amor perdura para siempre.  Y por en medio hizo cruzar a Israel; su gran amor perdura para siempre.  Pero hundió en el Mar Rojo al faraón y a su ejército; su gran amor perdura para siempre.  Al que guio a su pueblo por el desierto; su gran amor perdura para siempre.   Al que hirió de muerte a grandes reyes; su gran amor perdura para siempre.  Al que a reyes poderosos les quitó la vida; su gran amor perdura para siempre.   A Sijón, el rey amorreo; su gran amor perdura para siempre.   A Og, el rey de Basán; su gran amor perdura para siempre.  Cuyas tierras entregó como herencia; su gran amor perdura para siempre.  Como herencia para su siervo Israel; su gran amor perdura para siempre.  Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados; su gran amor perdura para siempre.  Al que nos libra de nuestros adversarios; su gran amor perdura para siempre.  Al que alimenta a todo ser viviente; su gran amor perdura para siempre.   ¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños.

Ustedes ya son hijos. Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: "¡Abba! ¡Padre!"

Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino  según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.

Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Bendigo a mi Señor Jesús mi Dios, porque El habita en medio de mi alabaza, alabazas de júbilo y de gracias por Sus misericordia y Su abundante amor. Su abundante misericordia permanece para siempre  con mi vida y con cada uno de los míos.  Él es bueno conmigo no solo parte del tiempo – Él es bueno conmigo todo el tiempo!   Hoy soy el templo y morada de Su Espíritu, mi interior se ha llenado de Su gloria.  ¡Su amor habita dentro de mí!  ¡Su gloria llena esta casa!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 1 de febrero de 2013

Porque Señor Jesús me ha salvado.


Jeremías 31: 11-14; Gálatas 3:13; Colosenses 2:15; Lucas10:19; Salmo 1:1-3; 112; 149:3; Juan 16:22

Porque el Señor rescató [redimido] a Jacob; lo redimió de una mano más [demasiado fuerte para el] poderosa.  Vendrán y cantarán [con voz fuerte]  jubilosos en las alturas de Sión; disfrutarán de las bondades del Señor: el trigo, el jugo de  [la uva] vino nuevo y el aceite, las crías de las ovejas y las vacas. Serán [su espirito] como un jardín bien regado, y no volverán a desmayar [no volverán a sufrir dolor].   Entonces las jóvenes danzarán con alegría, y los jóvenes junto con los ancianos. Convertiré su duelo en gozo, y los consolaré; transformaré su dolor en alegría.   Colmaré de abundancia a los sacerdotes, y saciaré con mis bienes a mi pueblo [y estarán satisfechos]", afirma el Señor.

Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: "Maldito todo el que es colgado de un madero."

Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.

Sí, les he dado autoridad a ustedes para pisotear serpientes y escorpiones y vencer todo el poder del enemigo; nada les podrá hacer daño.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos,  sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.  Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Dichoso el que teme al Señor, el que halla gran deleite en sus mandamientos.  Sus hijos dominarán el país;  la descendencia de los justos será bendecida.  En su casa habrá abundantes riquezas,  y para siempre permanecerá su justicia.  Para los justos la luz brilla en las tinieblas.  ¡Dios es clemente, compasivo y justo!  Bien le va al que presta con generosidad,  y maneja sus negocios con justicia.  El justo será siempre recordado;  ciertamente nunca fracasará.  No temerá recibir malas noticias;  su corazón estará firme, confiado en el Señor.  Su corazón estará seguro, no tendrá temor,  y al final verá derrotados a sus adversarios.  Reparte sus bienes entre los pobres;  su justicia permanece para siempre;  su poder  será gloriosamente exaltado.  El malvado verá esto, y se irritará; rechinando los dientes se irá desvaneciendo.  ¡La ambición de los impíos será destruida!

Que alaben Su Nombre con danzas; que le canten salmos al son de la lira y el pandero.

Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría.

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


El Señor Jesús me ha redimido del poder del enemigo. El Señor lo ha despojado de su autoridad sobre mí y le ha dejado sin poder por debajo mis pies. Por esto entro en Su Templo con gritos de alabanza y alegría debido a Su abundante bondad, de librarme de la condenación eterna [salvación que recibí en el Señor Jesús]  de mi vida. Soy como un pozo, como un jardín regado y floreciente de belleza con finas frutas. El dolor que causaba el pecado, ha sido quitado de en medio de mí y bailo y canto con voz fuerte con gran regocijo en la presencia de mi Padre Celestial. Prefiero la abundancia y la alegría en lugar del dolor y la escases.  Mi corazón está lleno de la riqueza del mismo Dios a través  del Espíritu Santo.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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jueves, 31 de enero de 2013

El mismo poder del Señor Jesús esta hoy en mí.


Lucas 5:17-25; Marcos 2:8; 11:23-24; Lucas 8:43-48; 20:23; Santiago 5:14-16; Juan 20:22-23; 1Corintios 2:6-16; 2Corintios 5:20; Gálatas 4:5-6

Un día, mientras enseñaba, estaban sentados allí algunos fariseos y maestros de la ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y también de Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para sanar a los enfermos.  Entonces llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Procuraron entrar para ponerlo delante de Jesús,   pero no pudieron a causa de la multitud. Así que subieron a la azotea y, separando las tejas, lo bajaron en la camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús. Al ver la fe de ellos, Jesús dijo: --Amigo, tus pecados quedan perdonados.   Los fariseos y los maestros de la ley comenzaron a pensar: ¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Pero Jesús supo lo que estaban pensando y les dijo: --¿Por qué razonan así?  ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados quedan perdonados, o Levántate y anda?  Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados --se dirigió entonces al paralítico--: A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Al instante se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que había estado acostado, y se fue a su casa alabando a Dios.
                                                
Pero inmediatamente Jesús, percibiendo en su Espíritu  que ellos decían, les dijo: "¿Por qué están pensando estas cosas?  
                                                        
¡Sí! Les digo que aquel que no dude en su corazón, sino que confíe que lo que dice sucederá, puede decir a esta montaña: '¡Vete y échate a ti misma en el mar!' Y le será hecho.  Por lo tanto les digo: Lo que sea que pidan en oración, confíen que lo están recibiendo, y será de ustedes.

Una mujer que sufría de flujo de sangre desde hacía doce años, y no podía ser sanada por nadie, se le acercó por detrás y tocó los nudos de su manto; y al instante se detuvo su hemorragia.  Jesús preguntó: "¿Quién me tocó?" Cuando todos negaron haberlo hecho, Pedro le dijo: "¡Rabí! ¡Las multitudes te están apretujando y dando empellones!"  Pero Jesús dijo: "Alguien sí me tocó, porque Yo sentí poder saliendo de Mí."   Viendo la mujer que no podía escapar inadvertida, temblando de miedo, se postró delante de Él y confesó en presencia de todo el pueblo por qué causa le había tocado y cómo había sido sanada al instante.  Le dijo a ella: "Mi hija, tu fe [confianza en mi Palabra] te ha sanado; vete en paz.

Pero El, dándose cuenta de la astucia de ellos, les dijo:

¿Hay alguno entre ustedes enfermo? Debe llamar a los ancianos de la Iglesia. Ellos orarán por él y frotarán aceite de oliva sobre él en El Nombre del Señor. La oración ofrecida con fe sanará al que está enfermo. El Señor restaurará su salud, y si ha cometido pecados, serán perdonados.  Por lo tanto, abiertamente reconozcan sus pecados el uno al otro, y oren el uno por el otro, para que sean sanados. La oración de una persona justificada es poderosa y efectiva. 

Habiendo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: "¡Reciban el Espíritu Santo de Dios!"   Si ustedes remiten los pecados de alguien, sus pecados serán remitidos; si los retienen, serán retenidos."

 Aún hay una sabiduría de la cual estamos hablando para que los que son suficientemente maduros, pero no es sabiduría de este mundo o de los gobernantes de este mundo, que están en el proceso de pasar a la otra vida.  Por el contrario, estamos comunicando una sabiduría secreta de YAHWEH, que ha estado oculta hasta ahora, pero que antes que la historia comenzara YAHWEH había decretado que nos traería gloria.  Ni uno de los gobernantes de este mundo lo ha entendido, porque si lo hubieran comprendido, no hubieran ejecutado al Señor de quien fluye esta gloria.  Pero como dice la Escritura: "Ningún ojo ha visto, ni oídos han escuchado y el corazón de nadie se ha imaginado todas las cosas que YAHWEH ha preparado para aquellos que le aman."  Es a nosotros, sin embargo, que YAHWEH ha revelado estas cosas. ¿Cómo? Por medio del Espíritu Santo. Porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las mayores profundidades de YAHWEH.  Porque, ¿quién sabe los asuntos internos de una persona, excepto el espíritu de la propia persona que mora dentro de ella? Asimismo nadie sabe los asuntos internos de YAHWEH excepto el Espíritu Santo de YAHWEH.   Ahora bien, no hemos recibido el espíritu  del mundo, sino el Espíritu Santo de YAHWEH, para que podamos entender las cosas que YAHWEH nos ha dado libremente.  Estas son las cosas de las cuales estamos hablando, cuando rechazamos la forma de hablar que dicta la sabiduría humana y, en cambio, usamos la forma de hablar que nos dicta el Espíritu Santo, por la cual explicamos cosas del Espíritu a las personas que tienen el Espíritu Santo.  Pero el hombre natural no recibe las cosas del Espíritu Santo de YAHWEH, ¡para él son absurdas! Además, él no tiene capacidad para entenderlas, porque son evaluadas por medio del Espíritu Santo.   Pero la persona que tiene el Espíritu Santo puede evaluarlo todo, mientras nadie está en la posición para evaluarlo a él.  Porque, ¿quién ha conocido la mente de YAHWEH? ¿Quién le aconsejará? ¡Pero tenemos la mente del Cristo el Mesías!

Así que, somos embajadores del Ungido de YAHWEH [Cristo]; en efecto, YAHWEH está haciendo su apelación por medio de nosotros. Lo que hacemos es apelar por medio del Ungido de YAHWEH: "¡Que sean reconciliados con YAHWEH!

Para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.  Ahora, por ustedes ser hijos, YAHWEH ha puesto en nuestros corazones el Espíritu Santo de su Hijo, el Espíritu que clama: "¡Abba!" (esto es: "¡Amado Padre!")

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Puedo ver cuando la fe ha crecido en el corazón de una persona, y como portador del poder de Dios, siempre estoy listo para orar por los enfermos y en el Nombre de Jesús para que reciban la sanidad que necesitan. En Señor Jesús tengo la capacidad y autoridad para liberar a un individuo del poder del pecado y de proporcionar la sanidad de cualquier área de su vida. La Palabra de Dios que hablo con fe es la portadora de Su Poder en esta tierra y traen liberación a los cautivos de las fuerzas de la oscuridad. En el Señor Jesús, puedo discernir los pensamientos, las preguntas y las intenciones de quienes se oponen a la Verdad y tengo toda la sabiduría que necesito para manejar cualquier situación o confrontación que venga de ellos. Soy un hombre que confía en el Señor Jesús y lo que dice Su Palabra, es decir de fe.  El poder del pecado se ha roto en mi vida.  Tengo todo el derecho y acceso al poder de sanidad que Dios tanto anhela que tenga para servirle con gozo a Él  y manifestar la gloria de Jesús en esta tierra.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 30 de enero de 2013

El Señor Jesús me ha dado la potestad de prohibir y de liberar.


Mateo 16:19; 6:10; 18:18; Marcos 3:27

 Te daré las llaves del reino de los cielos;  todo lo que ates en la tierra [declarar impropio e ilegal] quedará atado en el cielo,  y todo lo que desates [declarar legal] en la tierra quedará desatado en el cielo.
                                                
Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.  
                                                        
¡Sí, en verdad les digo! Cualquier cosa que prohíban en la tierra, será prohibida en el cielo, y lo que permitan en la tierra, será permitido en el cielo.

Ahora bien, nadie puede entrar en la casa de alguien fuerte y arrebatarle sus bienes a menos que primero lo ate. Sólo entonces podrá robar su casa.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


El Señor Jesús me ha dado las llaves del Reino de los Cielos.  Dios me ha dado la autoridad para atar y desatar [prohibir y de liberar].  Esta delegación de autoridad dad y el mismo Señor Jesús la establecido en Su Palabra, así que todo lo que ate en la tierra está atado en el cielo y todo lo que desate en la tierra es desatado en el cielo.  Tengo la comprensión de Su Palabra, tengo El Espíritu Santo, tengo al Señor Jesús y puedo vencer los problemas de la vida declarando Su Palabra con fe.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 29 de enero de 2013

En el Señor Jesús recibo toda la bendición de mi Dios.


Salmo 105:42-45; Gálatas 3:13-14; Deuteronomio 4:1; 6:1-7; 28:1-14; Génesis 15:13-14; Josué 11:16-23; Salmo 119:11

Ciertamente Dios [sinceramente] se acordó de su santa Palabra y promesa, la que hizo a su siervo Abraham. Sacó a su pueblo, a sus escogidos, en medio de gran alegría y de gritos jubilosos.   Les entregó las tierras  que poseían las naciones [en la que estoy]; heredaron el fruto del trabajo de otros pueblos  para que ellos observaran sus preceptos y pusieran en práctica sus leyes [amar Su Palabra, obedecerla y ponerla por obra]. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero.  Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa.
                                                        
Ahora, israelitas, escuchen los preceptos y las normas que les enseñé, para que los pongan en práctica. Así vivirán y podrán entrar a la tierra que el Señor, el Dios de sus antepasados, les da en posesión.

Éstos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión, para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida.  Escucha, Israel, y esfuérzate en obedecer. Así te irá bien y serás un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel, tal como te lo prometió el Señor, el Dios de tus antepasados.  Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor.  Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá  por encima de todas las naciones de la tierra.  Si obedeces al Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te acompañarán siempre: Bendito serás en la ciudad, y bendito en el campo.   Benditos serán el fruto de tu vientre, tus cosechas, las crías de tu ganado, los terneritos de tus manadas y los corderitos de tus rebaños. Benditas serán tu canasta y tu mesa de amasar.  Bendito serás en el hogar, y bendito en el camino.  El Señor te concederá la victoria sobre tus enemigos. Avanzarán contra ti en perfecta formación, pero huirán en desbandada.  El Señor bendecirá tus graneros, y todo el trabajo de tus manos. El Señor tu Dios te bendecirá en la tierra que te ha dado. El Señor te establecerá como su pueblo santo, conforme a su juramento, si cumples sus mandamientos y andas en sus caminos.  Todas las naciones de la tierra te respetarán al reconocerte como el pueblo del Señor.  El Señor te concederá abundancia de bienes: multiplicará tus hijos, tu ganado y tus cosechas en la tierra que a tus antepasados juró que te daría.  El Señor abrirá los cielos, su generoso tesoro, para derramar a su debido tiempo la lluvia sobre la tierra, y para bendecir todo el trabajo de tus manos. Tú les prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado de nadie.  El Señor te pondrá a la cabeza, nunca en la cola. Siempre estarás en la cima, nunca en el fondo, con tal de que prestes atención a los mandamientos del Señor tu Dios que hoy te mando, y los obedezcas con cuidado.  Jamás te apartes de ninguna de las palabras que hoy te ordeno, para seguir y servir a otros dioses.

El Señor le dijo: Debes saber que tus descendientes vivirán como extranjeros en tierra extraña, donde serán esclavizados y  maltratados durante cuatrocientos años.  Pero yo castigaré a la nación que los esclavizará, y luego tus descendientes saldrán en libertad y con grandes riquezas.

 Josué logró conquistar toda aquella tierra: la región montañosa,  todo el Néguev, toda la región de Gosén, el valle, el Arabá, la región montañosa de Israel y su valle.  También se apoderó de todos los territorios, desde la montaña de Jalac que se eleva hacia Seír, hasta Baal Gad en el valle del Líbano, a las faldas del monte Hermón. Josué capturó a todos los reyes de esa región y los ejecutó,  después de combatir con ellos por largo tiempo.  Ninguna ciudad hizo tratado de ayuda mutua con los israelitas, excepto los heveos de Gabaón. A todas esas ciudades Josué las derrotó en el campo de batalla,  porque el Señor endureció el corazón de los enemigos para que entablaran guerra con Israel. Así serían exterminados sin compasión alguna, según el mandato que el Señor le había dado a Moisés. En aquel tiempo Josué destruyó a los anaquitas del monte Hebrón, de Debir, de Anab y de la región montañosa de Judá e Israel. Habitantes y ciudades fueron arrasados por Josué.  Ningún anaquita quedó con vida en la tierra que ocupó el pueblo de Israel. Su presencia se redujo sólo a Gaza, Gat y Asdod.  Así logró Josué conquistar toda aquella tierra, conforme a la orden que el Señor le había dado a Moisés, y se la entregó como herencia al pueblo de Israel, según la distribución tribal. Por fin, aquella región descansó de las guerras.

En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Padre Celestial se acordó de Su pacto hecho a Abraham, y en Su hijo Jesús el Ungido me ha sacado de la esclavitud del pecado y hoy vivo con alegría. A través del Señor Jesús,  Dios me da como herencia una tierra que otros han trabajado y cosecho de mi trabajo así como lo que otros sembraron.  También soy igualmente diligente para recordar ese pacto hecho con la sangre del Señor. Guardo todos sus preceptos, y amo Su Palabra, la escudriño, la oigo, la medito y la pongo por obra. Amén, ¡Aleluya!!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

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lunes, 14 de enero de 2013

El Padre Celestial me entrego al Señor Jesús.


Mateo 11: 26-30; 1 Corintios 2:6-16; 1 Juan 5:20; 1 Pedro 5:5-7; Juan 6:35-37; 10:10
  
Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad. Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.  Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.

En cambio, hablamos con sabiduría entre los que han alcanzado madurez, pero no con la sabiduría de este mundo ni con la de sus gobernantes, los cuales terminarán en nada.  Más bien, exponemos el misterio de la sabiduría de Dios, una sabiduría que ha estado escondida y que Dios había destinado para nuestra gloria desde la eternidad.  Ninguno de los gobernantes de este mundo la entendió, porque de haberla entendido no habrían crucificado al Señor de la gloria.  Sin embargo, como está escrito: "Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman."  Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ¿quién conoce los pensamientos del ser humano sino su propio espíritu que está en él? Así mismo, nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios.  Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.  Esto es precisamente de lo que hablamos, no con las palabras que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu, de modo que expresamos verdades espirituales en términos espirituales.  El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente.  En cambio, el que es espiritual lo juzga todo, aunque él mismo no está sujeto al juicio de nadie, porque "¿quién ha conocido la mente del Señor para que pueda instruirlo?"

También sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al Dios verdadero. Y estamos con el Verdadero, con su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna.

Así mismo, jóvenes, sométanse a los ancianos. Revístanse todos de humildad en su trato mutuo, porque Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.  Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo.  Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.

Yo soy el pan de vida declaró Jesús.  El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed. Pero como ya les dije, a pesar de que ustedes me han visto, no creen.  Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo.

El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido  para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

He nacido de nuevo en Jesús para conocer plenamente y entender la Palabra de Dios.  El Señor Jesús, mi Señor y mi Dios, me ha dado una revelación completa de nuestro Padre Celestial. Echo toda mi carga sobre Jesús.  Él ha quitado todas las cargas pesadas de mi vida. Ahora las cargas están sobre los hombros del Señor Jesús y hoy llevo la carga ligera de mi Señor de llevar a otros Su Evangelio. Todo lo que me agobiaba está ahora en sus manos. He puesto Su yugo sobre mí y lo he hecho el centro de toda mi vida y aprendo de Él en Su Palabra. En Jesús encuentro consuelo,  descanso,  refrigerio para mi alma. El yugo que me ha dado es fácil de soportar. Él es la vida para mí y me la ha dado en abundancia.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

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