lunes, 27 de agosto de 2012

La Palabra de Dios es sembrada en mi corazón para que de fruto.


Zacarías 8:12-13; 2 Corintios 9:5-11; Génesis 8:22; 12:1-3; Joel 2:22; Salmo 3:3; 67:6; Hageo 1:10; Romanos 8:17; Filipenses 4:11-19; Efesios 6:10

Habrá paz cuando se siembre, y las vides darán su fruto; la tierra producirá sus cosechas y el cielo enviará su rocío. Al remanente de este pueblo. Judá e Israel, ¡no teman, sino cobren ánimo! objeto de maldición, pero yo los salvaré, y serán una bendición.

Así que me pareció necesario rogar a estos hermanos que se adelantaran a visitarlos y completaran los preparativos para esa generosa colecta que ustedes habían prometido. Entonces estará lista como una ofrenda generosa, y no como una tacañería.
Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes. Como está escrito: "Esparció y dio a los pobres; su justicia permanece para siempre."  El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia. Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios.

Mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches.

El Señor le dijo a Abram: "Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!". 

No teman, animales del campo, porque los pastizales de la estepa reverdecerán; los árboles producirán su fruto, y la higuera y la vid darán su riqueza.

Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo; tú eres mi gloria; ¡tú mantienes en alto mi cabeza!

La tierra dará entonces su fruto, y Dios, nuestro Dios, nos bendecirá.

Por eso, por culpa de ustedes, los cielos retuvieron el rocío y la tierra se negó a dar sus productos.

Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.

No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, han hecho bien en participar conmigo en mi angustia. Y ustedes mismos, filipenses, saben que en el principio de la obra del evangelio, cuando salí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en mis ingresos y gastos, excepto ustedes.  Incluso a Tesalónica me enviaron ayuda una y otra vez para suplir mis necesidades. No digo esto porque esté tratando de conseguir más ofrendas, sino que trato de aumentar el crédito a su cuenta. Ya he recibido todo lo que necesito y aún más; tengo hasta de sobra ahora que he recibido de Epafrodito lo que me enviaron. Es una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado. Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.

Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

La Palabra de Dios en mi vida crece y da Su fruto, produce cosechas en abundancia.  Esta es mi herencia como hijo de Dios y compañero del pacto.  Ya no tengo que agachar la cabeza frente a la burla sino que me mantengo firme en mi pacto.  Soy conocido por ser bendición.  No tengo miedo de lo que el mundo piensa.
Soy fuerte en el Señor Jesus y en el poder de Su fuerza.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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miércoles, 22 de agosto de 2012

El Señor Jesús va conmigo a la batalla y me da la victoria.


Deuteronomio 20:3-4; Éxodo 14:13-15; Lucas 10:19; Marcos 3:27; 2 Timoteo 1:12; Josué 1:5-9; 1 Corintios 15:57

Él le dirá: ¡Escucha, Israel! Hoy ustedes irán a la batalla contra sus enemigos. No pierdan el valor, ni se asusten, ni entren en pánico ni se aterroricen por ellos, porque el Señor su Dios va con ustedes para pelear por ustedes contra su enemigo y darles la victoria.

Moisés le dijo al pueblo: —No se atemoricen. Sólo deténganse a ver cómo el Señor los va a salvar hoy. ¡Nunca más volverán a ver a estos egipcios! El Señor peleará a favor de ustedes; así que manténganse en silencio.  El Señor le preguntó a Moisés:—¿Por qué me pides ayuda? Diles a los israelitas que continúen su marcha.

Tengan la seguridad de que les he dado autoridad de aplastar escorpiones y serpientes, y autoridad sobre todo el poder del enemigo. Nada les hará daño.

 Nadie puede entrar a la casa de un hombre fuerte y sacar sus pertenencias así nada más. Primero hay que atar al hombre fuerte y luego sí robar su casa.

Por eso ahora estoy sufriendo a causa de esas buenas noticias, pero no me avergüenzo. Sé muy bien en quién he confiado y estoy seguro de que él puede guardar todo lo que ha puesto en mis manos hasta ese día.

Yo estaré contigo así como estuve con Moisés. Nadie podrá derrotarte mientras vivas porque yo nunca te abandonaré ni te dejaré.  Sé fuerte y valiente porque tú guiarás a este pueblo para que pueda tomar la tierra que yo prometí a sus antepasados. Pero tienes que ser fuerte y valiente, obedeciendo los mandamientos que te dio mi siervo Moisés. Si te mantienes fiel a ellos triunfarás donde quiera que vayas. Repite siempre las palabras del libro de la ley de Moisés. Estúdialo día y noche, de manera que puedas actuar de acuerdo a lo escrito en él, para que te vaya bien y tengas éxito.  Te repito: sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas.

Pero demos gracias a Dios que nos ha dado la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


En la batalla en contra de mis enemigos, no permito que invadan las promesas que Dios prometió a mis padres me había de dar.  Valientemente tomo la ofensiva, porque sé en quien he creído y estoy totalmente consciente de Su poder dentro de mí.  Es el Señor Jesús quien va delante de mí.  Él es el primero en enfrentarse al enemigo y por eso no tengo nada que temer.  Me niego a ceder ante el terror o pánico porque el Señor Jesús pelea por mí y me da Su victoria y Sus promesas manifestadas en mi!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 21 de agosto de 2012

El Señor Jesús es mi Luz que trae Salvación


Isaías 60:17-21;  Efesios 2:4-10; Salmo 91; Romanos 8:28-29; 2 Corintios 5:21; Isaías 64:8

Te traeré oro en vez de bronce, plata en vez de hierro, bronce en vez de madera y hierro en vez de piedras. Nombraré como tu supervisor a la paz y como gobernante a la justicia salvadora.  Ya no se oirá más de violencia en tu tierra, ni de ruina y destrucción en tus fronteras. Llamarás a tus murallas “Salvación”, y a tus puertas, “Alabanza”.  El sol no te alumbrará más de día ni el brillo de la luna de noche. Porque el Señor será luz eterna para ti y tu Dios será tu gloria.  Tu sol no se ocultará más y la luna no disminuirá su brillantez. Porque el Señor será tu luz eterna y tus días de luto terminarán.  Todo tu pueblo será honesto y poseerán para siempre la tierra. Ellos son la planta que yo planté, el trabajo de mis manos que muestra mi grandeza.

Pero la compasión de Dios es muy grande, y él nos amó con un inmenso amor. Estábamos muertos espiritualmente a causa de nuestras ofensas contra Dios, pero él nos dio vida al unirnos con Jesucristo. Fíjense, ustedes fueron salvos sólo gracias a la generosidad de Dios.  Él nos levantó de la muerte junto con Cristo y nos sentó junto a él en el cielo.  Dios hizo esto para mostrar en el futuro su inmensa generosidad siendo bondadoso con nosotros a través de Jesucristo.  Ustedes fueron salvos gracias a la generosidad de Dios porque tuvieron fe. No se salvaron a sí mismos, su salvación fue un regalo de Dios.  La salvación no es algo que ustedes hayan conseguido pues nadie puede decir que se salvó a sí mismo.  Nosotros somos obra de Dios, fuimos creados por Cristo para hacer el bien tal como Dios ya lo tenía planeado.

El que habita a la sombra del Altísimo, se acoge a la protección del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza. Dios mío, confío en ti».  Dios te salvará de los peligros escondidos y de las enfermedades peligrosas; pues te protegerá con sus alas y bajo ellas hallarás refugio. Su fidelidad será tu escudo y tu muralla protectora.  No te atemorizarán los peligros de la noche, ni las flechas que se lanzan en el día; tampoco las plagas que llegan en la noche, ni las epidemias que a plena luz del día causan destrucción.  Mil caerán muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti no te sucederá nada.  Sólo fíjate y verás que los perversos recibirán su merecido.  Porque tú confiaste en el Señor e hiciste que el Altísimo fuera tu protección.  Nada malo te sucederá, ni habrá enfermedades en tu casa.  Porque él dará orden a sus ángeles para que te protejan a dondequiera que vayas. Ellos te levantarán con sus manos para que no te tropieces con piedra alguna.  Pisotearás leones y serpientes venenosas, triunfarás sobre cachorros de león y dragones.   «Yo lo salvaré porque confió en mí; lo protegeré porque reconoce mi nombre.   Me llamará y yo le responderé; estaré con él cuando se encuentre en dificultades; lo rescataré y haré que le rindan honores.  Haré que disfrute de una larga vida y le mostraré mi salvación».  

 Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito.   Dios los conocía antes de que el mundo fuera creado. Él decidió que fueran como su Hijo y quería que el Hijo fuera el mayor de muchos hermanos.

Aunque Cristo no tenía ningún pecado, Dios lo hizo cargar con los nuestros para que por medio de él fuéramos declarados inocentes ante Dios.

Pero así y todo, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos la arcilla y tú el alfarero. Todos nosotros somos obra de tus manos.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús hace que la paz sea mi supervisor y la justicia mi gobernador.  El Señor Jesús quita la violencia de mi vida y no permite que la ruina y la destrucción entren a mi vida y a mi alrededor.   Mis paredes son la salvación y mi alabanza puertas.  El Señor Jesús es  mi Luz eterna y mi gloria.  La luz de mi vida nunca se desvanecerá y mis días de dolor han terminado.  Soy la justicia de Dios en Cristo Jesús, y poseeré la tierra para siempre.  Soy una vasija en las manos del Alfarero,  hechura de Dios creado para mostrar Su esplendor al mundo entero.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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miércoles, 15 de agosto de 2012

El Reino de los Cielos es el Señor Jesús; es Su Palabra Sembrada en mi Corazón.


Mateo 13:31-33; Gálatas 6:9; 2 Corintios 4:13; 9:5-11; Hebreos 6:12; Lucas 13:18-19; Génesis 12:3

Les contó otra parábola: "El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.  Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas."  Les contó otra parábola más: "El reino de los cielos es como la levadura que una mujer tomó y mezcló en una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa."

No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.

Si nos calumnian, los tratamos con gentileza. Se nos considera la escoria de la tierra, la basura del mundo, y así hasta el día de hoy.

 ¿No tenemos derecho a viajar acompañados por una esposa creyente, como hacen los demás apóstoles y Cefas y los hermanos del Señor? ¿O es que sólo Bernabé y yo estamos obligados a ganarnos la vida con otros trabajos? ¿Qué soldado presta servicio militar pagándose sus propios gastos? ¿Qué agricultor planta un viñedo y no come de sus uvas? ¿Qué pastor cuida un rebaño y no toma de la leche que ordeña?  No piensen que digo esto solamente desde un punto de vista humano. ¿No lo dice también la ley?  Porque en la ley de Moisés está escrito: "No le pongas bozal al buey cuando trilla." ¿Acaso se preocupa Dios por los bueyes,  o lo dice más bien por nosotros? Por supuesto que lo dice por nosotros, porque cuando el labrador ara y el segador trilla, deben hacerlo con la esperanza de participar de la cosecha.  Si hemos sembrado semilla espiritual entre ustedes, ¿será mucho pedir que cosechemos de ustedes lo material?

No sean perezosos; más bien, imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas.

¿A qué se parece el reino de Dios? continuó Jesús. ¿Con qué voy a compararlo?  Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerto. Creció hasta convertirse en un árbol, y las aves anidaron en sus ramas.

Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu *nombre, y serás una bendición.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


Actúo bajo los principios del reino de Dios, en el espíritu de fe que Dios me ha dado.   Entiendo que cuando siembro bajo los principios del reino de los cielos, son como granos de mostaza.  Aunque son semillas pequeñas comparadas con las otras semillas que fueron sembradas en mi vida, a través de la fe (confianza en la Palabra de Dios) y la paciencia (manteniéndome firme creyendo la Palabra de Dios), puedo llegar a hacer que sus raíces ahoguen todo lo que no trae gloria a Dios.  Mi Señor Jesús tiene cuidado de mi, y me bendice para  que tenga todo lo que necesito y mucho más,  de manera que mi vida se convierte en un refugio para otras persona a mi alrededor.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 14 de agosto de 2012

En el Señor Jesús estoy dentro pacto de Abraham.


1 Crónicas 16:14-17; Génesis 12:1-3; 17:2; 28:10-15; 35:11-12; Deuteronomio 28:1-14; Hebreos  10:16

Jehová, él es nuestro Dios; Sus juicios están en toda la tierra.  El hace memoria de su pacto perpetuamente,  Y de la palabra que él mandó para mil generaciones; Del pacto que concertó con Abraham, Y de su juramento a Isaac; El cual confirmó a Jacob por estatuto, Y a Israel por pacto sempiterno.

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra

Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.

 Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán.  Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar.  Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra.


Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.  Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.  Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán.  Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar.  Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.

Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré.

Leer Hebreos 8



DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Mi Padre es el Dios de toda la tierra.  Él ha puesto Sus mandamientos en mi corazón y continuamente gobiernan mi vida.  El Señor Jesús me guía  y me muestra como mantenerme en comunión permanente con El, de manera que no me aparte.
Estoy consciente que estoy dentro de Su pacto, Él ha me dado Sus promesas y las ha establecido en mi vida.  Su pacto ha sido confirmado y ratificado por el Señor Jesús, por lo que estoy   definitivamente seguro que es mío y para siempre!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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