viernes, 20 de julio de 2012

Digo la Palabra de Dios en el nombre del Señor Jesús.


Mateo 8:8-10; Salmo 107:20; Proverbios 18:20-21; 2 Corintios 4:13; Marcos 11:22-25

Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.   Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.  Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.


Envió su palabra, y los sanó, Y los libró de su ruina.

Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua,  Y el que la ama comerá de sus frutos.

 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.  Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Hablo la Palabra de Dios que he sembrado en mi corazón y Su poder sanador llena mis palabras y obra para mi vida y para todo aquel que tiene fe. Las palabras de fe que hablo son mis siervos y transportan mi fe a una realidad en este mundo necesitado.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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miércoles, 18 de julio de 2012

La Misericordia y la Gracia del Señor Jesús me Alcanzo.


Salmo 102 13-17; Romanos 3:21-26; 5:9-10; 8:1-2; Efesios 3:20-21; 1 Juan 4:12-16

Te levantarás y tendrás misericordia de Sión, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado, porque tus siervos aman sus piedras  y del polvo de ella tienen compasión.   Entonces las naciones temerán el nombre Jehová e de Jehová  y todos los reyes de la tierra tu gloria, por cuanto habrá edificado a Sión y en su gloria será vista.  Habrá considerado la oración de los desvalidos  y no habrá desechado el ruego de ellos.

Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. 

Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!  Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,  pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.

 Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros,   ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén.

Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente. ¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu.  Y nosotros hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para ser el Salvador del mundo. Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Estoy viviendo bajo el favor de Dios.  Él no está buscándome para castigarme por cada cosa que hago mal.  Este es el día de Su misericordia y Su gracia.  El Padre Celestial me ha justificado por medio del Señor Jesús por lo que ahora ninguna condenación hay para mí porque estoy en Cristo Jesús.  Hoy puedo disfrutar de todo el amor de Dios.  Me deleito con Su bondad y misericordia. Los que no creen en el Señor Jesus verán lo que Dios está haciendo en mi vida y le temerán.  El Señor Jesús oye mis oraciones y juntos caminamos en una íntima  relación de padre e hijo aquí en esta tierra.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 17 de julio de 2012

La Bendición de mi Dios es el Señor Jesús dentro de mi.


Ezequiel 36:28-30;  Gálatas 3:14; 4:5-6; Deuteronomio 28:1-14; Génesis 12:1-3; 13:2; Juan 14:13-14

Regresarán a la tierra que les di a sus antepasados. Entonces ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Los rescataré de todo lo que han profanado. Haré que tengan trigo en abundancia y que nunca sufran hambre.  Multiplicaré el fruto de los árboles y las cosechas de los campos para que nunca más sufran hambre entre las naciones.

Cristo hizo eso para que las bendiciones que recibió Abraham llegaran a las demás naciones. Las bendiciones vienen a través de Jesucristo para que por medio de la fe pudiéramos recibir el Espíritu que Dios prometió.

Así lo hizo Dios para poder comprar nuestra libertad de la ley y adoptarnos como sus hijos. "Ustedes son hijos de Dios; y por lo tanto, él puso el Espíritu de su Hijo en nosotros, y ese Espíritu grita: ¡Querido padre!

 Si obedeces completamente la voz del Señor tu Dios al seguir fielmente todos sus mandamientos que te mando hoy, entonces el Señor tu Dios te hará la nación más importante de todas. Gozarás de todas estas bendiciones si obedeces la voz del Señor tu Dios: Serás bendito en la ciudad y serás bendito en el campo. Tus hijos serán benditos y tus cosechas serán benditas, las crías de tus animales serán benditas y tus terneros y corderos serán benditos. Tu canasta y tu tazón de amasar serán benditos. El Señor te bendecirá en todo tiempo y en toda actividad. El Señor te permitirá derrotar a todos tus enemigos cuando te ataquen. Ellos irán contra ti en una dirección, pero huirán de ti en siete direcciones diferentes. El Señor te bendecirá con graneros llenos y bendecirá todo lo que hagas. Te bendecirá en la tierra que el Señor tu Dios te da. Si obedeces los mandamientos del Señor tu Dios y si vives como él quiere que vivas, él te convertirá en su pueblo santo, como te lo prometió. Entonces todas las naciones de la tierra verán que tú eres el pueblo del Señor y que él es tu protector, y te tendrán miedo. El Señor te hará extremadamente próspero y te dará muchos hijos, tus animales tendrán muchas crías y tú tendrás muchas cosechas en la tierra que el Señor les prometió a tus antepasados que te daría. El Señor te abrirá sus riquezas y el cielo para enviarle lluvia a tu tierra en el momento preciso, y bendecirá todo lo que hagas. Tendrás dinero para prestarles a muchas naciones pero tú no pedirás prestado. El Señor te hará ir a la cabeza, no al final; siempre estarás en la cima y no en el fondo. Esto sucederá si tú escuchas los mandamientos que el Señor tu Dios te manda hoy y los obedeces cuidadosamente. Serás bendito si sigues sin apartarte de ninguna de las palabras que te ordeno, ni vas tras otros dioses para servirles.

El Señor le dijo a Abram: «Deja tu país, tu gente y la familia de tu papá, y ve a una tierra que yo te mostraré.  Te convertiré en una gran nación y te bendeciré. Te haré famoso y haré que seas una bendición para otros.  Yo daré mi bendición a quienes te bendigan, maldeciré a quienes te maldigan y todas las familias de la tierra serán benditas en ti».

 Ahora Abram era muy rico, tenía ganado, oro y plata.

Les digo la verdad: el que cree en mí también va a hacer las obras que yo hago. Y hará obras más grandes porque yo regreso al Padre. Todo lo que ustedes pidan en mi nombre, lo haré. Así la grandeza del Padre se mostrará a través del Hijo.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Debido al sacrificio hecho por el Señor Jesús, El Padre Celestial nos ha dado la bendición de Su propio Hijo a través de Su Espíritu Santo que ahora mora dentro de mí.  Por lo tanto tengo la facultad de abundar y multiplicar para ministrar Su Palabra.  Tengo para ayudar al necesitado y no pedir prestado, porque mi proveedor, mi sanador, mi escudo, mi Dios  es el Señor Jesús.  Todo lo que hago trae gloria a mi Señor Jesús y a mi Padre Celestial. 


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 13 de julio de 2012

Mi Señor Jesús siempre va conmigo.


Salmo 137:7-10; Hebreos 13:5-6; Romanos 8:14, 31, 37-39; Juan 10:28-29; 16:13; Josué 1:8

 ¿A dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?
Si subiera a los cielos,  allí estás tú;  y si en el Seol hiciera mi estrado, allí tú estás. Si tomara las alas del alba  y habitara en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano  y me asirá tu diestra.

 Sean vuestras costumbres sin avaricia,  contentos con lo que tenéis ahora,  pues él dijo: "No te desampararé ni te dejaré".  Así que podemos decir confiadamente: “El Señor es mi ayudador;  no temeré
 lo que me pueda hacer el hombre".

 Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,  son hijos de Dios.

¿Qué,  pues,  diremos a esto?  Si Dios es por nosotros,  ¿quién contra nosotros?

Antes,  en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida,  ni ángeles ni principados ni potestades,  ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo,  ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios,  que es en Cristo Jesús,  Señor nuestro.

Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás,  ni nadie las arrebatará de mi mano.  Mi Padre,  que me las dio,  mayor que todos es,  y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad,  él os guiará a toda la verdad,  porque no hablará por su propia cuenta,  sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley,  sino que de día y de noche meditarás  en él,  para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él,  porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús, a través del Espíritu Santo, siempre está conmigo.  Mora dentro de mí, me guía,  y va dondequiera que yo vaya.  No importa dónde este,  mi Señor y Dios está allí para guiarme y ayudarme a hacer Su voluntad.  Si tomare las alas del alba, o fuera al otro lado del mar, Dios estará allí conmigo - Su mano derecha me mantiene seguro y Su amor fortalece mi confianza en el Señor Jesús.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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