miércoles, 6 de junio de 2012

La Gracia de Dios se ha manifestado a través del Señor Jesus.


Tito 2:11-15; Mateo 13:11-16; Efesios 1:17-23; 2:4-10; Romanos 12:1-2; Gálatas 5:22-23; 1 Corintios 3:4; Hebreos 2:11; 10:24-25; 1 Juan 3:3

Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros, para Redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras.   Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie.

Y respondiendo El, les dijo: Porque a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido. Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y en ellos se cumple la profecía de Isaías que dice: "Al oír oiréis, y no entenderéis y viendo veréis, y no percibiréis; porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible y con dificultad oyen con sus oídos y sus ojos han cerrado, no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos y entiendan con el corazón, y se conviertan y Yo los sane.” Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen.

Pidiendo que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de El. Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder, el cual obró en Cristo cuando le resucitó de entre los muertos y le sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero. Y todo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,  la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados),  y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad,  mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.
Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.  Honra a tu padre y a tu madre --que es el primer mandamiento con promesa--  para que te vaya bien y disfrutes de larga vida en la tierra.

Porque cuando uno dice: Yo soy de Pablo, y otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois simplemente hombres?

Porque tanto el que santifica como los que son santificados, son todos de un Padre ; por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras,   no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.

Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El favor de Dios-- Su gracia que me da salvación me ha sido revelada  en toda Su plenitud.  Me enseña a decir "No" a toda impiedad y a los deseos mundanos y a vivir con dominio propio, de forma justa y piadosa, conforme espero con entusiasmo esa esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, que se entregó por mí, para hacerme Su hermano.  El Señor Jesús me redimió de toda iniquidad y me purifico hasta el punto que estoy dispuesto a hacer sólo lo que es justo, honesto y piadoso ante El.  Estas cosas son las que hago y enseño con toda autoridad, para reprender el mal, pero sobre todo alentando a otros y  promoviendo lo que es bueno en ellos.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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martes, 5 de junio de 2012

Grabo en mi corazón la Palabra del Señor Jesús.


Deuteronomio 11:18-28 ;2:25; 6:4-13; Josué 1:8; 2:9-11; 24:15; Efesios 6:1-3; Éxodo 14:14; 23:20; Romanos 8:31; Santiago 4:7

Grábense estas palabras en el corazón y en la mente; átenlas en sus manos como un signo, y llévenlas en su frente como una marca.  Enséñenselas a sus hijos y repítanselas cuando estén en su casa y cuando anden por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten;   escríbanlas en los postes de su casa y en los portones de sus ciudades.   Así, mientras existan los cielos sobre la tierra, ustedes y sus descendientes prolongarán su vida sobre la tierra que el Señor juró a los antepasados de ustedes que les daría. Si ustedes obedecen todos estos mandamientos que les doy, y aman al Señor su Dios, y siguen por todos sus caminos y le son fieles, entonces el Señor expulsará del territorio de ustedes a todas esas naciones. Así podrán desposeerlas, aunque sean más grandes y más fuertes que ustedes. Todo lugar donde planten el pie será de ustedes; su territorio se extenderá desde el desierto hasta el monte Líbano, y desde el río Éufrates hasta el mar Mediterráneo. Nadie podrá hacerles frente. Por dondequiera que vayan, el Señor su Dios hará que todo el mundo sienta miedo y terror ante ustedes, como se lo ha prometido.  Hoy les doy a elegir entre la bendición y la maldición: bendición, si obedecen los mandamientos que yo, el Señor su Dios, hoy les mando obedecer; maldición, si desobedecen los mandamientos del Señor su Dios y se apartan del camino que hoy les mando seguir, y se van tras dioses extraños que jamás han conocido.

Hoy mismo comenzaré a infundir entre todas las naciones que hay debajo del cielo terror y espanto hacia ustedes. Cuando ellas escuchen hablar de ustedes, temblarán y se llenarán de pánico.

Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor.  Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas.  Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.  Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.  Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca;  escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.  El Señor tu Dios te hará entrar en la tierra que les juró a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob. Es una tierra con ciudades grandes y prósperas que tú no edificaste,  con casas llenas de toda clase de bienes que tú no acumulaste, con cisternas que no cavaste, y con viñas y olivares que no plantaste. Cuando comas de ellas y te sacies,   cuídate de no olvidarte del Señor, que te sacó de Egipto, la tierra donde viviste en esclavitud.  Teme al Señor tu Dios, sírvele solamente a él, y jura sólo en su nombre.

Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.

Y les dijo: Yo sé que el Señor les ha dado esta tierra, y por eso estamos aterrorizados; todos los habitantes del país están muertos de miedo ante ustedes.  Tenemos noticias de cómo el Señor secó las aguas del Mar Rojo para que ustedes pasaran, después de haber salido de Egipto. También hemos oído cómo destruyeron completamente a los reyes amorreos, Sijón y Og, al este del Jordán.  Por eso estamos todos tan amedrentados y descorazonados frente a ustedes. Yo sé que el Señor y Dios es Dios de dioses tanto en el cielo como en la tierra.

Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.

Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.  Honra a tu padre y a tu madre --que es el primer mandamiento con promesa--  para que te vaya bien y disfrutes de larga vida en la tierra.

Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes.

Date cuenta, Israel, que yo envío mi ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te lleve al lugar que te he preparado.

¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?

Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Señor Jesús te entrego mi corazón, alma y cuerpo, y me someto a Tu Palabra. Medito en Tu Palabra en su totalidad. Me rindo a todos sus estatutos, como si se tratara de una señal en mi mano y un adorno delante de mis ojos. Las escribo en los postes de mi casa, y sobre mi puerta.  Por la Palabra de mi Padre Celestial  los días de mis hijos se multiplican.  Yo lo amo y camino conforme a Su Palabra.   Estoy decidido a unirme a Él en el amor.   Jesús es mi ejemplo,  y siempre está conmigo.  Mis enemigos huyen delante de mí, y se van despojados.   Cada lugar que la planta de mis pies pisare, el Padre me lo da en posesión, y es mío y lo reclamo para el reino de Dios.  No hay un alma en toda la creación que tenga la capacidad de triunfar sobre mí.   Él ha puesto delante de mí la elección de vivir bajo Su bendición o bajo la maldición. La decisión es mía. Y puedo ser bendecido si elijo creer, obedecer y hacer todo lo que Sus Mandamientos y Sus  Estatutos me indican en Su Palabra, o puedo ser maldecido si decido rechazarla.  He decidido escoger la Bendición!   

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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domingo, 3 de junio de 2012

La Gracia y la Verdad la he recibido por medio del Señor Jesús.


Juan 1:16-18;  Efesios 1:2-22; Colosenses 1:9-14; Santiago 1:5; 2 Pedro 1:2-9; 1 Corintios 2:6-16; Juan 14:9; 17:6-11

De su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia, porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás;  el unigénito Hijo,  que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,  nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.  En él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobre abundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia. Él nos dio a conocer el misterio de su voluntad,  según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en el cumplimiento de los tiempos establecidos, así las que están en los cielos como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.  En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras  de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. Por esta causa también yo,  habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros,  haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo,  el Padre de gloria,  os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento,  para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,  cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos,  según la acción de su fuerza poderosa. Esta fuerza operó en Cristo, resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad,  poder y señorío,  y sobre todo nombre que se nombra,  no solo en este siglo,  sino también en el venidero. Y sometió todas las cosas debajo de sus pies,  y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia.

Por lo cual también nosotros,  desde el día que lo oímos,  no cesamos de orar por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así podréis andar como es digno del Señor, agradándolo en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria,  obtendréis fortaleza y paciencia, y,  con gozo,  daréis gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.   Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría,  pídala a Dios,  el cual da a todos abundantemente y sin reproche,  y le será dada.

Gracia y paz os sean multiplicadas,  en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder,  mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas,  para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina,  habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones. Por esto mismo,  poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud;  a la virtud,  conocimiento; al conocimiento,  dominio propio;  al dominio propio,  paciencia;  a la paciencia,  piedad; a la piedad,  afecto fraternal;  y al afecto fraternal,  amor. Si tenéis estas cosas y abundan en vosotros,  no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas es muy corto de vista;  está ciego,  habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

Sin embargo,  hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez en la fe;  no la sabiduría de este mundo ni de los poderosos de este mundo, que perecen. Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio,  la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,   la cual ninguno de los poderosos de este mundo conoció,  porque si la hubieran conocido,  nunca habrían crucificado al Señor de la gloria.  Antes bien,  como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman".    Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu,  porque el Espíritu todo lo escudriña,  aun lo profundo de Dios, porque  ¿quién de entre los hombres conoce las cosas del hombre,  sino el espíritu del hombre que está en él?  Del mismo modo,  nadie conoció las cosas de Dios,  sino el Espíritu de Dios. 
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,  sino el Espíritu que proviene de Dios,  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. De estas cosas hablamos,  no con palabras enseñadas por la sabiduría humana,  sino con las que enseña el Espíritu,  acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,  porque para él son locura;  y no las puede entender,  porque se han de discernir espiritualmente. En cambio,  el espiritual  juzga todas las cosas,  sin que él sea juzgado por nadie. ¿Quién conoció la mente del Señor?  ¿Quién lo instruirá?   Pues bien,  nosotros tenemos la mente de Cristo.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo,  pues,  dices tú:  "Muéstranos el Padre"?

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste;  tuyos eran,  y me los diste,  y han guardado tu palabra.  Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado proceden de ti, porque las palabras que me diste les he dado;  y ellos las recibieron y han conocido verdaderamente que salí de ti,  y han creído que tú me enviaste. "Yo ruego por ellos;  no ruego por el mundo, sino por los que me diste,  porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío;  y he sido glorificado en ellos.  "Ya no estoy en el mundo;  pero estos están en el mundo,  y yo voy a ti.  Padre santo,  a los que me has dado,  guárdalos en tu nombre,  para que sean uno,  así como nosotros.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

De la abundancia de mi Señor Jesús he recibido gracia sobre gracia, misericordia sobre misericordia, favor sobre favor, bendición tras bendición, y regalo sobre regalo.  Todo lo que se refiere a esta nueva vida que Él me ha dado es una lluvia de abundancia.  Ahora soy partícipe de Su gracia y de Su Verdad.  Dios me ha concedido Su favor de forma permanente y sin condiciones. Este favor me permite hacer todo lo que he sido llamado a hacer y recibir todo lo que he sido llamado a recibir. Jesús me ha introducido a nuestro Padre Celestial y ahora puedo conocerlo de una manera tan íntima que, en todo lo que hago puedo discernir y entender Su voluntad,  Su amor, Su poder, Su sabiduría y Su bondad para conmigo.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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martes, 29 de mayo de 2012

El Señor Jesús es mi refugio, y allí habito.


Salmo 91; 9:10; 17:8; 27:5; 34:7;  37:34; 90:1; 112:7; 124:7; 142:5; Isaías 25:4; 32:2; 43:1-2;  46:4

El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.  Yo le digo al Señor: "Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío."  Sólo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía. Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará. No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido. Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección,  ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar. Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna. Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes! "Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre. Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores. Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación."

Cuídame como a la niña de tus ojos; escóndeme, bajo la sombra de tus alas.

Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.

El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos.

Pero tú, espera en el Señor, y vive según su voluntad, que él te exaltará para que heredes la tierra. Cuando los malvados sean destruidos, tú lo verás con tus propios ojos.

Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación.

Ciertamente nunca fracasará.  No temerá recibir malas noticias.

A ti, Señor, te pido ayuda; a ti te digo: "Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes."

Porque tú has sido, en su angustia, un baluarte para el desvalido, un refugio para el necesitado, un resguardo contra la tormenta, una sombra contra el calor. En cambio, el aliento de los crueles es como una tormenta contra un muro.

Cada uno será como un refugio contra el viento, como un resguardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto.

Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: "No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas.

Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré.

Leer Proverbios 6:5; 12:21; Job 5:19, 2 Timoteo 1:7; Juan 5:18; Malaquías 1:5; Mateo 4:6; 26:53; Hebreos 1:14; Éxodo 23:20-23; 2 Reyes 6:15-17; Lucas 4:10-11; 10:19


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


Vivo en el lugar secreto del Altísimo y descanso, manteniéndome firme y seguro, bajo la sombra del Omnipotente.  El Señor Jesús es mi refugio y mi fortaleza, mi Dios y Padre, y confío en Él con todo mi corazón.  El Señor Jesus me ha liberado delas trampas de Satanás y de toda peste destructora.  Me ha cubierto con Sus plumas y bajo Sus alas he hallado refugio.  Su fidelidad es mi escudo y mi baluarte. No temo  el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en la oscuridad, ni la plaga que devasta a mediodía. Un millar pueden caer a mi lado y diez mil a mi diestra, pero a mi no se acercará.  Veré con mis propios ojos el castigo de los impíos. El Dios Altísimo, mi Padre Celestial, es mi fortaleza y mi morada. Soy Su hijo y parte de la familia real. Por lo tanto, ningún mal se acercara a mi y ninguna plaga, enfermedad o catástrofe se acercara a mi morada. Dios ha ordenado a Sus ángeles para que acampen alrededor de mí como centinelas de mi vida.  Ellos me guardan en todos mis caminos y me guardan de todo mal.  Me llevarán en sus manos para que mis pies no tropiecen contra una piedra. Aplasto al león y la cobra. El leoncillo y la serpiente están bajo mis pies.  El poder del diablo sobre mí ha sido completamente despojado. Dios ha dado un decreto (una ley fija) con respecto a mí diciendo: "Yo le librará de toda calamidad, y lo protegeré, porque reconoce mi Nombre. Él clamará a mí y yo le responderé.  Yo estaré con él en tiempo de angustia. Lo libraré y le pondré en un  lugar de mayor honor.  Le daré una larga vida útil que le satisfaga y le mostraré mi salvación.” 

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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domingo, 27 de mayo de 2012

No me avergüenzo del Evangelio del Señor Jesús.


Romanos 1:16-17; 2 Corintios 5:21; Salmo 40:9; 1 Corintios 1:18; Romanos 3:21; Habacuc 2:4

A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.  De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: "El justo vivirá por la fe."

Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.

En medio de la gran asamblea he dado a conocer tu justicia. Tú bien sabes, Señor, que no he sellado mis labios.

Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.

Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas.

El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


No me avergüenzo del Evangelio del Señor  Jesucristo, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.  Porque en el Evangelio, la justicia de Dios se revela  - una justicia que es por la fe, por lo tanto soy justo y vivo por la fe en el Señor Jesus.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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