jueves, 19 de abril de 2012

Vivo en la Verdad del Señor Jesús.


Efesios 4:14-15; Romanos 16:17-19; 1 Corintios 13:9-13; 14:20; 2 Timoteo 2:14-21; 1 Pedro 3:10-12

Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo Jesús.  

Les ruego, hermanos, que se cuiden de los que causan divisiones y dificultades, y van en contra de lo que a ustedes se les ha enseñado. Apártense de ellos. Tales individuos no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a sus propios deseos.  Con palabras suaves y lisonjeras engañan a los ingenuos. Es cierto que ustedes viven en obediencia, lo que es bien conocido de todos y me alegra mucho; pero quiero que sean sagaces para el bien e inocentes para el mal.

Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño.  Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.

Hermanos, no sean niños en su modo de pensar. Sean niños en cuanto a la malicia, pero adultos en su modo de pensar.

No dejes de recordarles esto. Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes. Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad. Evita las palabrerías profanas, porque los que se dan a ellas se alejan cada vez más de la vida piadosa, y sus enseñanzas se extienden como gangrena. Entre ellos están Himeneo y Fileto, que se han desviado de la verdad. Andan diciendo que la resurrección ya tuvo lugar, y así trastornan la fe de algunos.  A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme, pues está sellado con esta inscripción: «El Señor conoce a los suyos»,  y esta otra: «Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor». En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos. Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena.

En efecto, «el que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños;  que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal.»


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Ya no soy como un niño, zarandeado por cualquier tormenta de circunstancias del mundo o viento de doctrina que se comparta a mí alrededor.  No voy a caer como presa fácil a la astucia de los hombres que tuercen la Palabra de Dios, para sus propios fines.  Gracias a la comunión con el Señor Jesús y la Verdad de Su Palabra, vivo en Su amor, me mantengo firme, dejándome guiar y enseñar  por la Palabra del Señor Jesús mi Dios y así crezco conociéndole más a El hasta llegar a ser como El.   


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

Nota: Este blog esta todos los días en la misma dirección, búscalo y compártelo con tus amigos y familiares.  

miércoles, 18 de abril de 2012

En el Señor Jesús soy eterno.


2 Corintios 4:16-18; 4:1; 5:7; Salmo 103:5; Romanos 8:18; Hebreos 11:1, 6

Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.

Por esto, ya que por la misericordia de Dios tenemos este ministerio, no nos desanimamos.

Vivimos por fe, no por vista.

El colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas.

De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros.

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Nunca me desanimo en mí caminar con el Señor Jesús mi Dios y en Su Palabra.  Aunque  mi hombre exterior está sujeto a la muerte, mi hombre interior (mi espíritu) se renueva a diario con la vida de resurrección del Señor Jesus.  Toda  presión que pueda estar pasando es momentánea y no parece mayor cosa una vez que pasa.   Por lo tanto, voy a soportar la presión porque sé que al otro lado hay una recompensa eterna de la gloria, que es mucho mayor que lo que ahora debo soportar.  Mis ojos están fijos en lo invisible, porque lo que se ve es pasajero, pero lo que no se ve es eterno.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

Nota: Este blog esta todos los días en la misma dirección, búscalo y compártelo con tus amigos y familiares.  

martes, 17 de abril de 2012

El Señor Jesús da de Su bendición.


Zacarías 8:12-13; 2 Corintios 9:5-11; Génesis 8:22; 12:1-3; Joel 2:22; Salmo 3:3; 67:67; Hageo 1:10; Romanos 8:17; Filipenses 4:11-19; Efesios 6:10

Porque habrá simiente de paz: la vid dará su fruto,  la tierra, su producto,  y los cielos,  su rocío;  y haré que el resto de este pueblo posea todo esto.  Y así como fuisteis maldición entre las naciones, casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. ¡No temáis!  ¡Cobrad ánimo!

Por tanto,  consideré necesario exhortar a los hermanos que fueran primero a vosotros y prepararan primero vuestra generosidad antes prometida,  para que esté lista como muestra de generosidad y no como de exigencia nuestra. Pero esto digo: El que siembra escasamente,  también segará escasamente;  y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación,  porque Dios ama al dador alegre.  Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia,  a fin de que,  teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario,  abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió,  dio a los pobres,  su justicia permanece para siempre.  Y el que da semilla al que siembra y pan al que come,  proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia,  para que seáis ricos en todo para toda generosidad,  la cual produce,  por medio de nosotros,  acción de gracias a Dios.

Mientras la tierra permanezca no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.

Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra,  de tu parentela y de la casa de tu padre,  a la tierra que te mostraré.  Haré de ti una nación grande,  te bendeciré,  engrandeceré tu nombre y serás bendición.  Bendeciré  a los que te bendigan,  y a los que te maldigan maldeciré;  y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Animales del campo,  no temáis,  porque los pastos del desierto reverdecerán  y los árboles llevarán su fruto;  la higuera y la vid darán sus frutos.

Mas tú,  Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria,  y el que levanta mi cabeza.

La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios,  el Dios nuestro.

Por eso los cielos os han negado la lluvia,  y la tierra retuvo sus frutos.

Y si hijos,  también herederos;  herederos de Dios  y coherederos con Cristo,  si es que padecemos juntamente con él,  para que juntamente con él seamos glorificados.

No lo digo porque tenga escasez,  pues he aprendido a contentarme,  cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia;  en todo y por todo estoy enseñado,  así para estar saciado como para tener hambre,  así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.  Sin embargo,  bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros,  filipenses,  que al principio de la predicación del evangelio,  cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir,  sino vosotros únicamente,   pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades.  No es que busque donativos,  sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido y tengo abundancia;  estoy lleno,  habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis,  olor fragante,  sacrificio acepto,  agradable a Dios. Mi Dios,  pues,  suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Por lo demás,  hermanos míos,  fortaleceos en el Señor y en su fuerza poderosa.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Mi semilla crece y mi vid da su fruto, mi tierra produce cosechas abundantes, y de los cielos cae su rocío sobre mí para asegurar mi cosecha.  Esta es mi herencia como hijo de Dios y compañero de Su pacto. Todo esto se ha convertido en una realidad para mi vida.  Ya no tengo que agachar la cabeza frente a la burla.  Me mantengo firme en mi pacto y camino en las riquezas de mi herencia.  Soy conocido como una bendición.  No tengo miedo de lo que piensa el mundo.
Soy fuerte en el Señor Jesús y en el poder de Su fuerza.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

Nota: Este blog esta todos los días en la misma dirección, búscalo y compártelo con tus amigos y familiares

lunes, 16 de abril de 2012

El Señor Jesús es mi Dios quien realiza maravillas.


Salmo 77:3-14; 22:1-5; Deuteronomio 7:17-18; Josué 1:8; 2 Timoteo 2:8-10

Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo. Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco.  Selah.  No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo. Me pongo a pensar en los tiempos de antaño; de los años ya idos me acuerdo. Mi corazón reflexiona por las noches; mi espíritu medita e inquiere: ¿Nos rechazará el Señor para siempre? ¿No volverá a mostrarnos su buena voluntad? ¿Se habrá agotado su gran amor eterno, y sus promesas por todas las generaciones?  ¿Se habrá olvidado Dios de sus bondades, y en su enojo ya no quiere tenernos compasión? Selah. Y me pongo a pensar: Esto es lo que me duele: que haya cambiado la diestra del Altísimo. Prefiero recordar las hazañas del Señor, traer a la memoria sus milagros de antaño. Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas. Santos, oh Dios, son tus caminos; ¿qué dios hay tan excelso como nuestro Dios? Tú eres el Dios que realiza maravillas; el que despliega su poder entre los pueblos.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lejos estás para salvarme, lejos de mis palabras de lamento. Dios mío, clamo de día y no me respondes; clamo de noche y no hallo reposo. Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel! En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste; a ti clamaron, y tú los salvaste; se apoyaron en ti, y no los defraudaste.

Tal vez te preguntes: ¿Cómo podré expulsar a estas naciones, si son más numerosas que yo? Pero no les temas; recuerda bien lo que el Señor tu Dios hizo contra el faraón y contra todo Egipto.

Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.

No dejes de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos. Este es mi evangelio, por el que sufro al extremo de llevar cadenas como un criminal. Pero la palabra de Dios no está encadenada.  Así que todo lo soporto por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tenemos en Cristo Jesús.



DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuando la esperanza parece perdida y comienzo a sentir que Dios es indiferente a mis necesidades, entonces me acordaré de todo lo que el Señor Jesús ha hecho en mi vida.  A veces estoy tan preocupado que ni siquiera encuentro las palabras para hablar con Dios.  Entonces recordare sus intervenciones pasadas. Meditare en Sus grandes obras. Me acordaré de la gran salvación que Él hizo por mí.  Mi Padre Celestial, el Señor,  el Altísimo, Todopoderoso, no hay otro mayor que El y no se olvida de mí ni me deja sin consuelo. Él Señor Jesús no me dejara ni me abandonara.  El esta conmigo, me defiende, me libra del mal, y pelea mis batallas.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

Nota: Este blog esta todos los días en la misma dirección, búscalo y compártelo con tus amigos y familiares.