martes, 17 de abril de 2012

El Señor Jesús da de Su bendición.


Zacarías 8:12-13; 2 Corintios 9:5-11; Génesis 8:22; 12:1-3; Joel 2:22; Salmo 3:3; 67:67; Hageo 1:10; Romanos 8:17; Filipenses 4:11-19; Efesios 6:10

Porque habrá simiente de paz: la vid dará su fruto,  la tierra, su producto,  y los cielos,  su rocío;  y haré que el resto de este pueblo posea todo esto.  Y así como fuisteis maldición entre las naciones, casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. ¡No temáis!  ¡Cobrad ánimo!

Por tanto,  consideré necesario exhortar a los hermanos que fueran primero a vosotros y prepararan primero vuestra generosidad antes prometida,  para que esté lista como muestra de generosidad y no como de exigencia nuestra. Pero esto digo: El que siembra escasamente,  también segará escasamente;  y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación,  porque Dios ama al dador alegre.  Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia,  a fin de que,  teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario,  abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió,  dio a los pobres,  su justicia permanece para siempre.  Y el que da semilla al que siembra y pan al que come,  proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia,  para que seáis ricos en todo para toda generosidad,  la cual produce,  por medio de nosotros,  acción de gracias a Dios.

Mientras la tierra permanezca no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.

Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra,  de tu parentela y de la casa de tu padre,  a la tierra que te mostraré.  Haré de ti una nación grande,  te bendeciré,  engrandeceré tu nombre y serás bendición.  Bendeciré  a los que te bendigan,  y a los que te maldigan maldeciré;  y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Animales del campo,  no temáis,  porque los pastos del desierto reverdecerán  y los árboles llevarán su fruto;  la higuera y la vid darán sus frutos.

Mas tú,  Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria,  y el que levanta mi cabeza.

La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios,  el Dios nuestro.

Por eso los cielos os han negado la lluvia,  y la tierra retuvo sus frutos.

Y si hijos,  también herederos;  herederos de Dios  y coherederos con Cristo,  si es que padecemos juntamente con él,  para que juntamente con él seamos glorificados.

No lo digo porque tenga escasez,  pues he aprendido a contentarme,  cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia;  en todo y por todo estoy enseñado,  así para estar saciado como para tener hambre,  así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.  Sin embargo,  bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros,  filipenses,  que al principio de la predicación del evangelio,  cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir,  sino vosotros únicamente,   pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades.  No es que busque donativos,  sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido y tengo abundancia;  estoy lleno,  habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis,  olor fragante,  sacrificio acepto,  agradable a Dios. Mi Dios,  pues,  suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Por lo demás,  hermanos míos,  fortaleceos en el Señor y en su fuerza poderosa.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Mi semilla crece y mi vid da su fruto, mi tierra produce cosechas abundantes, y de los cielos cae su rocío sobre mí para asegurar mi cosecha.  Esta es mi herencia como hijo de Dios y compañero de Su pacto. Todo esto se ha convertido en una realidad para mi vida.  Ya no tengo que agachar la cabeza frente a la burla.  Me mantengo firme en mi pacto y camino en las riquezas de mi herencia.  Soy conocido como una bendición.  No tengo miedo de lo que piensa el mundo.
Soy fuerte en el Señor Jesús y en el poder de Su fuerza.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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lunes, 16 de abril de 2012

El Señor Jesús es mi Dios quien realiza maravillas.


Salmo 77:3-14; 22:1-5; Deuteronomio 7:17-18; Josué 1:8; 2 Timoteo 2:8-10

Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo. Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco.  Selah.  No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo. Me pongo a pensar en los tiempos de antaño; de los años ya idos me acuerdo. Mi corazón reflexiona por las noches; mi espíritu medita e inquiere: ¿Nos rechazará el Señor para siempre? ¿No volverá a mostrarnos su buena voluntad? ¿Se habrá agotado su gran amor eterno, y sus promesas por todas las generaciones?  ¿Se habrá olvidado Dios de sus bondades, y en su enojo ya no quiere tenernos compasión? Selah. Y me pongo a pensar: Esto es lo que me duele: que haya cambiado la diestra del Altísimo. Prefiero recordar las hazañas del Señor, traer a la memoria sus milagros de antaño. Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas. Santos, oh Dios, son tus caminos; ¿qué dios hay tan excelso como nuestro Dios? Tú eres el Dios que realiza maravillas; el que despliega su poder entre los pueblos.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lejos estás para salvarme, lejos de mis palabras de lamento. Dios mío, clamo de día y no me respondes; clamo de noche y no hallo reposo. Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel! En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste; a ti clamaron, y tú los salvaste; se apoyaron en ti, y no los defraudaste.

Tal vez te preguntes: ¿Cómo podré expulsar a estas naciones, si son más numerosas que yo? Pero no les temas; recuerda bien lo que el Señor tu Dios hizo contra el faraón y contra todo Egipto.

Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.

No dejes de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos. Este es mi evangelio, por el que sufro al extremo de llevar cadenas como un criminal. Pero la palabra de Dios no está encadenada.  Así que todo lo soporto por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tenemos en Cristo Jesús.



DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuando la esperanza parece perdida y comienzo a sentir que Dios es indiferente a mis necesidades, entonces me acordaré de todo lo que el Señor Jesús ha hecho en mi vida.  A veces estoy tan preocupado que ni siquiera encuentro las palabras para hablar con Dios.  Entonces recordare sus intervenciones pasadas. Meditare en Sus grandes obras. Me acordaré de la gran salvación que Él hizo por mí.  Mi Padre Celestial, el Señor,  el Altísimo, Todopoderoso, no hay otro mayor que El y no se olvida de mí ni me deja sin consuelo. Él Señor Jesús no me dejara ni me abandonara.  El esta conmigo, me defiende, me libra del mal, y pelea mis batallas.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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sábado, 14 de abril de 2012

Hoy vivo por El Espíritu de Dios.


Romanos 8:9-13; Gálatas 2:20-21, 6:8; 1 Corintios 15:17, 21; Efesios 1:17-23; 4:22

Sin embargo, vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, no obstante el espíritu vive a causa de la justicia.  Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en vosotros, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales mediante su Espíritu que mora en vosotros.  Así que, hermanos, somos deudores, pero no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si vivís conforme a la carne, habéis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las prácticas de la carne, viviréis.

Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.
No desecho la gracia de Dios; porque si la justicia fuese por medio de la ley, entonces por demás murió Cristo.

Porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.

Y si Cristo no resucitó,  vuestra fe es vana: aún estáis en vuestros pecados.

Pues por cuanto la muerte entró por un hombre,  también por un hombre la resurrección de los muertos.

Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo,  el Padre de gloria,  os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento,  para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,  cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos  y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos,  según la acción de su fuerza poderosa. Esta fuerza operó en Cristo,  resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad,  poder y señorío,  y sobre todo nombre que se nombra,  no solo en este siglo,  sino también en el venidero.  Y sometió todas las cosas debajo de sus pies,  y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,  la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

En cuanto a la pasada manera de vivir,  despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Ya no soy controlado por la carne, o los deseos  de mi vieja naturaleza pecaminosa, ahora soy dirigido en mi espíritu renacido donde mora el Espíritu de Dios.  Jesús mora en mí, la vieja naturaleza pecaminosa, que antes tenía ha muerto, pero mi espíritu ha nacido de nuevo, tengo en  vida nueva  el regalo de la justicia y lo he recibido del Padre Celestial mi Dios.  El Espíritu de Aquel que resucitó al Señor  Jesús de entre los muertos habita en mí, y a través de ese mismo poder de resurrección, Él me da la vida (salud y vitalidad) a este cuerpo mortal en el que habito.  Ya no tengo que vivir por lo que es natural (las leyes de la naturaleza establecida en mi carne), ni andar por los caminos del pecado porque son caminos de  muerte.  Mi espíritu hoy es guiado por el Espíritu Santo,  he crucificado las obras de mi carne por la gracia y el poder que Jesús me da, ahora tengo vida en mi espíritu gracias a mi Dios y Señor Jesús.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 13 de abril de 2012

El Espíritu del Señor Jesús esta en mi


Hechos 10:43-46; Hebreos 8:6; 10:14-7; Tito 3:5; 2 Pedro 1:4; Hechos 2:38-39; 1 Corintios 14

Todos los profetas dan testimonio de él, y de que todo aquel que cree en él recibirá perdón de pecados por su nombre. Mientras Pedro todavía hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían la palabra. Y los creyentes de la circuncisión que habían venido con Pedro quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo fue derramado también sobre los gentiles;  pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios.

Pero ahora Jesús ha alcanzado un ministerio sacerdotal tanto más excelente por cuanto él es mediador de un pacto superior, que ha sido establecido sobre promesas superiores.

Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.  Por lo tanto, entrando en el mundo, él dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo.  Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron;  entonces dije: "¡Heme aquí para hacer, oh Dios, tu voluntad!" como en el rollo del libro está escrito de mí.

Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiésemos hecho, sino según su misericordia; por medio del lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo.

Mediante ellas nos han sido dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas seáis hechos participantes de la naturaleza divina, después de haber huido de la corrupción que hay en el mundo debido a las bajas pasiones.

Pedro les dijo: —Arrepentíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para todos cuantos el Señor nuestro Dios llame.

También leer todo el capitulo 14 de 1 Corintios.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.



Todos los profetas dan testimonio del hecho que he recibido el perdón de mis pecados (desde el primero hasta el último) en el nombre del Señor Jesús.  Hoy soy una nueva creación y Su Palabra me ha transformado de adentro hacia afuera y he recibido el don prometido del Espíritu Santo.  Él es quien me da esta capacidad para alabar y glorificar a Dios libremente, sin restricciones, y para hablar en un idioma que nunca había aprendido y que solo El y mi espíritu entendemos.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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