jueves, 14 de febrero de 2013

El Verdadero Amor de Jesús para conmigo.


Juan 14:15-21; Juan 15:10-12; 16:7-14, 27; 20:26; Hechos 1:5, 8; 1 Corintios 3:16; 15:57; Gálatas 2:20-21; 1 Juan 4:4


Si me aman, obedecerán mis mandamientos. Le pediré al Padre y les dará otro Consejero para que esté siempre con ustedes: El Consejero es el Espíritu de la verdad. El mundo no lo puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen porque vive con ustedes y se quedará en ustedes.  No los dejaré huérfanos; volveré a ustedes.  Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes me verán. Ustedes vivirán porque yo vivo. Ese día, ustedes sabrán que yo estoy en el Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.  El que realmente me ama conoce mis mandamientos y los obedece. Mi Padre amará al que me ame, y yo también lo amaré y me mostraré a él.

Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.  Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.  Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;  y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.

Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.  No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.
Amo al Señor Jesús con todo mi corazón y obedezco Sus mandamientos. Él ha pedido al Padre Celestial que me dé Su Espíritu,  Fortalecedor y un Maestro, que permanecerá conmigo para siempre. Él es el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no sabe ni lo conoce. Yo lo conozco.  Él ha fijado su residencia dentro de mi espíritu.  Esta literalmente, dentro de mí en este momento.  Dios  el Espíritu Santo, habita en mi corazón.  El Señor Jesús no me ha dejado solo, desolado y desamparado.  Él ha venido a mí, con pasión y propósito, a ver que tenga la victoria en todo lo que hago. Porque Él vive, yo vivo también. El Señor Jesús está a la diestra del Padre, estoy en el Hijo  y Él está en mí. Le muestro mi amor por Él al aferrarme a sus mandamientos y hacer todo lo que Él me ha enseñado a hacer. Me siento muy querido y apreciado por mi Padre Celestial, y el mismo Jesús me ama y se manifiesta a mí.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 13 de febrero de 2013

He puesto mi mirada en el Señor Jesucristo.


Colosenses 3:1-4; Efesios 1:17-23; 2:1-10; Gálatas 2:20-21; Mateo 6:10-11, 19-21; Juan 4:24

Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.   Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.   Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz  que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales,    muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero.  Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.  

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados,  en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia.  En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios.  Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales,  para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.  Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.  

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en  mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.

Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.   Danos hoy nuestro pan cotidiano.

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido  destruyen, y donde los ladrones se meten a robar.  Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Desde que el Señor Jesús vino a morar en mi vida y ser Señor de ella, resucité, Hoy El gobierna mi vida, soy nueva  criatura, he nacido de nuevo  en Cristo, por lo tanto he puesto mi corazón en las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. He determinado hacer al Señor Jesús el centro de mi vida, y poner mi mirada sólo en las cosas espirituales que es Dios, y no en las cosas de la tierra, porque morí juntamente con Jesús en la cruz  (en lo que respecta a mi vieja naturaleza pecaminosa), resucite en Cristo y mi vida hoy está escondida en Cristo, en Dios. Mi Padre es Espíritu, por lo tanto, voy a adorar al Señor Jesucristo, recibo al Señor Jesús, y tengo comunión con El, en el espíritu. Cuando Cristo,  mi vida aparezca,  también yo seré manifestado con Él en Su gloria.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 12 de febrero de 2013

En el Señor Jesús vivo en la perfecta ley


Santiago 1:19-25; Proverbios 10:19; 14:17; 16:32; 17:27; Hebreos 12:1-2; Isaías 55:11; Colosenses 3:8-10; Mateo 7:24-27; Juan 13:12-17; 15:5-8; Lucas 6:43-49; Santiago 2:12-13

Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere. Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida. No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.

El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.

El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar.

Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo  que conquistar ciudades.

El que es entendido refrena sus palabras; el que es prudente controla sus impulsos.

Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.  Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.

Pero ahora abandonen también todo esto: enojo, ira, malicia, calumnia y lenguaje obsceno.  Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios,  y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador.

Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es  como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.   Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.  Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena.  Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.

Cuando terminó de lavarles los pies, se puso el manto y volvió a su  lugar. Entonces les dijo: ¿Entienden lo que he hecho con ustedes?   Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros.  Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.  Ciertamente les aseguro que ningún siervo es más que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió. ¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica.

Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.  Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, lo que quieran pedir se les concederá.  Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.

Ningún árbol bueno da fruto malo; tampoco da buen fruto el árbol  malo.  A cada árbol se le reconoce por su propio fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.  El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.  ¿Por qué me llaman ustedes Señor, Señor, y no hacen lo que les digo? Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida.  Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó, y el desastre fue terrible.

Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley que  nos da libertad,  porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio!

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Soy  pronto para oír, tardo para hablar, tardo para enojarme.  La ira me quita la vida justa que he recibido en el Señor Jesús.  Por lo tanto, me libero de toda inmoralidad, y echo fuera de mi vida la maldad que tan frecuente se encuentra en la sociedad de hoy.  Con sencillez de corazón recibo La Palabra de Dios.  No soy sólo un oyente de La Palabra de Dios, sino también un hacedor.  Escucho con atención, para procurar entender, y así poder hacer exactamente lo que la Palabra me guía que haga. No soy como el hombre que oyendo la Palabra no actúa o que viendo la cara en un espejo luego se olvida quién es. Por el contrario, escucho La Palabra, lo cual hace una imagen dentro de mí de quién soy y qué tengo en Jesucristo, no sólo para saber, sino también para vivir. Miro atentamente en la perfecta ley de libertad (en Señor Jesús) y soy fiel a lo que he aprendido.  La Palabra se ha convertido en mi vida, vivo de acuerdo a ella obedeciendo y haciendo, y no me olvido quién soy y lo que tengo en Jesucristo, soy  bendecido en todo lo que hago, porque todo lo que hago es de acuerdo a Su Voluntad.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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lunes, 11 de febrero de 2013

El Señor Jesús ha llenado mi corazón con Su Presencia.


Isaías 33:5-6; Proverbios 3:5-10; 1 Corintios 1:30; 2:6-16; Romanos 5:17; 8:16-21, 32; Gálatas 4:5

Exaltado es el Señor porque mora en las alturas, y llena a Sión de justicia y rectitud. Él será la seguridad de tus tiempos, te dará en abundancia salvación, sabiduría y conocimiento; el temor del Señor será tu tesoro.

Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.  Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.  No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal.  Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser. Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas.  Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.

Pero gracias a él [al Padre del Señor Jesucristo] ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría es decir, nuestra justificación, santificación y redención.

 En cambio, hablamos con sabiduría entre los que han alcanzado madurez, pero no con la sabiduría de este mundo ni con la de sus gobernantes, los cuales terminarán en nada.  Más bien, exponemos el misterio de la sabiduría de Dios, una sabiduría que ha estado escondida y que Dios había destinado para nuestra gloria desde la eternidad.  Ninguno de los gobernantes de este mundo la entendió, porque de haberla entendido no habrían crucificado al Señor de la gloria.  Sin embargo, como está escrito: Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.  Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios.  En efecto, ¿quién conoce los pensamientos del ser humano sino su propio espíritu que está en él? Así mismo, nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios.  Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.  Esto es precisamente de lo que hablamos, no con las palabras que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu, de modo que expresamos verdades espirituales en términos espirituales.  El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente. En cambio, el que es espiritual lo juzga todo, aunque él mismo no está sujeto al juicio de nadie, porque ¿quién ha conocido la mente del Señor para que pueda instruirlo?

Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo.   El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.  Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.  De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros.  La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos  nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?

Para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Confío en el Señor Jesús con todo mi corazón y Él me llena de Su justicia (Su aprobación) y rectitud. Jesús es mi Señor y el cimiento de mi vida y mi estabilidad en cualquier situación. De Su abundancia, me suministra completamente de  sabiduría, de conocimiento y salvación para cada circunstancia que enfrente. Como su hijo, tengo acceso gratuito a todos Sus tesoros.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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domingo, 10 de febrero de 2013

La Luz del Señor Jesús brilla en mi.


La Luz del Señor Jesús brilla en mi.
JESÚS ES EL SEÑOR,  HOSANNA EN LAS ALTURAS.
Mateo 5:13-16; Lucas 14:34; Juan 8:12; 15:8; 1Juan 1:5-7; 1 Pedro 2:12

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee.  Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa.   Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.


La sal es buena, pero si se vuelve insípida, ¿cómo recuperará el sabor?

Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: --Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

 Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.

Este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad.  Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad.   Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.

Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de  ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús dice que soy la sal de la tierra. Y no dejaré que me quiten la salinidad (mi fuerza y cualidades particulares de un hijo de Dios), ni voy a permitir que mi testimonio sea pisoteado por la persecución de este mundo. En el  Señor Jesús soy luz del mundo. No voy a ocultar mi luz, porque Él me colocó a donde todos me pueden ver. Vivo mi vida en la excelencia moral y las buenas obras, dignas de elogio, y notable. Hago que los hombres reconozcan lo que Dios está haciendo en mi vida para que puedan dar a Su Nombre el honor que el Señor Jesús se merece.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 8 de febrero de 2013

Pertenezco al pueblo de Dios y el Señor Jesús es mi Dios


Ezequiel 37:24-27; Romanos 10:8-10; Deuteronomio 28:1; Salmo 91; 103:17; Hebreos 8:6; Isaías 55:3; Romanos 5:1-2; 1 Juan 4:4; 2 Corintios 9:5-11

 Mi siervo David será su rey, y todos tendrán un solo pastor. Caminarán según mis leyes, y cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, donde vivieron sus antepasados. Ellos, sus hijos y sus nietos vivirán allí para siempre, y mi siervo David será su príncipe eterno.  Y haré con ellos un pacto de paz. Será un pacto eterno. Haré que se multipliquen, y para siempre colocaré mi santuario en medio de ellos.  Habitaré entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

¿Qué afirma entonces? "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón." Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.

Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra.

 El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.  Yo le digo al Señor: "Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío."   Sólo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas,  pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!  No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día,  ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía.   Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará.  No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido.  Ya que has puesto al Señor por tu  refugio, al Altísimo por tu protección,  ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar.  Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos.  Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna.  Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes!  "Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre.  Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores.  Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación."

Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen;  su justicia está con los hijos de sus hijos.

Pero el servicio sacerdotal que Jesús ha recibido es superior al de ellos, así como el pacto del cual es mediador es superior al antiguo,  puesto que se basa en mejores promesas.

Presten atención y vengan a mí, escúchenme y vivirán. Haré con ustedes un pacto eterno, conforme a mi constante amor por David.

En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.  También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.

Ustedes, queridos hijos, son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo.

Así que me pareció necesario rogar a estos hermanos que se adelantaran a visitarlos y completaran los preparativos para esa generosa colecta que ustedes habían prometido. Entonces estará lista como una ofrenda generosa, y no como una tacañería.  Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará.  Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.  Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.  Como está escrito: "Esparció y dio a los pobres; su justicia permanece para siempre."  El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia.  Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios.

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Jesús es el Señor de mi vida.  Camino de acuerdo al ejemplo que el Señor Jesús como está escrito en la Palabra de Dios y vivo mi vida conforme a Su Palabra.  Él me mantiene seguro en todos mis caminos y proclamo Su señorío sobre mis hijos, mis nietos y hasta mil generaciones.  En el Señor Jesús tengo un nuevo pacto de paz con mi Padre celestial.  Él me establece en una relación firme e inconmovible la cual hace que las leyes del incremento y desbordamiento fluyan a través y alrededor de mí.  El Espíritu Santo ha fijado Su residencia dentro de mí y hace que obtenga la victoria en cada situación.  No hay mejor definición de seguridad que vivir en Jesucristo. Amén. !Aleluya!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

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