miércoles, 5 de septiembre de 2012

Hoy el Espíritu del Señor Jesús sana a los enfermos.


Lucas 5:12-13; Isaías 53:5; Gálatas 3:13; Lucas 10:9; Marcos 11:22-24; 16:18; Santiago 5:15

Y aconteció que estando Jesús en una de las ciudades, he aquí, había allí un hombre lleno de lepra; y cuando vio a Jesús, cayó sobre su rostro y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.  Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra lo dejó.

Más Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados.

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO).

Sanad a los enfermos que haya en ella, y decidles: "Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.

Y Jesús respondió, diciéndoles: Tened fe en Dios.
En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: "Quítate y arrójate al mar", y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido. Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas.

Tomarán serpientes en las manos, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y se pondrán bien.

Y la oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le serán perdonados.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús es mi Dios, mi Señor, mi Salvador y Redentor, y Su poder sanador  a través del Espíritu Santo obra en mí por Su gracia y amor.  Pongo mis manos sobre los enfermos para que sean sanados creyendo en mi corazón totalmente en Su Palabra y la sanidad se manifiesta en sus cuerpos.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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martes, 4 de septiembre de 2012

El Señor Jesús me ama y me da el mejor consejo.


MARCOS 10:21; Filipenses 4:15-19; Salmo 24:1-2; Deuteronomio 10:14; Mateo 6:19-20

Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

 Y vosotros mismos también sabéis, filipenses, que al comienzo de la predicación del evangelio, después que partí de Macedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino vosotros solos; porque aun a Tesalónica enviasteis dádivas más de una vez para mis necesidades. No es que busque la dádiva en sí, sino que busco fruto que aumente en vuestra cuenta. Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito lo que habéis enviado: fragante aroma, sacrificio aceptable, agradable a Dios. Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.    
Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan. Porque El la fundó sobre los mares, y la asentó sobre los ríos.

He aquí, al SEÑOR tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay.

No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre  destruyen, y donde ladrones penetran y roban;  sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Todo lo que tengo es de Dios,  por lo tanto, no voy a dudar en dar los diezmos y ofrendas tal y como Dios me manda en Su Palabra.  Tengo la seguridad que todas las ofrenda que traigo al Señor Jesús son un depósito en mi tesoro celestial. 

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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lunes, 3 de septiembre de 2012

Viviendo una nueva Vida en el Señor Jesús.


Mateo 10:37-39; Lucas 14:26; Marcos 8:34; Juan 12:25; Efesios 5:1-18; Gálatas 2:20; Romanos 6:3-11; 2 Pedro 1:4

Cualquiera que ame a su padre o madre más de lo que me ama a mí, no es digno de mí; cualquiera que ame a su hijo o hija más de lo que me ama a mí, no es digno de mí.  Y cualquiera que no tome su cruz de ejecución y me siga, no es digno de mí.  Cualquiera que encuentre su propia vida, la perderá; pero la persona que pierda su vida por mi causa, la encontrará.

Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas; sí, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.   
Entonces Jesús llamó a la multitud y a sus discípulo hacia El, y les  dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, coja su cruz de ejecución y permanezca siguiéndome.

Yo les he dicho estas cosas mientras todavía estoy con ustedes.

Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios. Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios. Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acción de gracias. Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.  Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia.  Así que no se hagan cómplices de ellos.  Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz  (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad) y comprueben lo que agrada al Señor.  No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas,   porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.  Pero todo lo que la luz pone al descubierto se hace visible,  porque la luz es lo que hace que todo sea visible. Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo. Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor.  No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.

 ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte?  Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva.  En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección.  Sabemos que lo que antes éramos fue crucificado con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado. Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él.   Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él.  En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios.  De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús es el primer amor de mi vida.  Mi relación con Él es la relación más importante que tengo.  He tomado mi lugar con el Señor Jesús, y firmemente me ajusto totalmente a Su forma de vida.   Mi viejo ser (la naturaleza pecaminosa) murieron con Jesús en la cruz y me he vestido del nuevo hombre (la naturaleza divina).  He sido renovado en mi espíritu por Cristo Jesús y ahora estoy viviendo la nueva Vida que Dios me ha dado.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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viernes, 31 de agosto de 2012

El Espíritu del Señor Jesús hoy mora en mi.


Juan 14:15-21; 15:10-12;16:7-14,27; 17:20-26; Hechos 1:5, 8; 1 Corintios 3:16; 15:57; Gálatas 2:20-21; 1 Juan 4:4

Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.
Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes.  No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes.  Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán.  En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí, y yo en ustedes.  ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.

Joh 15:10  Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.  Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.  
Joh 16:7  Pero les digo la verdad: Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes. Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí;  en cuanto a la justicia, porque voy al Padre y ustedes ya no podrán verme;  y en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir.  Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes.

Joh 16:27  Ya que el Padre mismo los ama porque me han amado y han creído que yo he venido de parte de Dios.

Joh 17:20  No ruego sólo por éstos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos,  para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.  Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.  Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y éstos reconocen que tú me enviaste.  Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos.

Act 1:5  Juan bautizó con* agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.

Act 1:8  Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.

1Co 3:16  ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?

 1Co 15:57  ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!

Gal 2:20  He sido crucificado con Cristo Jesús, y ya no vivo yo sino que Cristo (Espíritu Santo) vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.   No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano."

1Pe 4:4  A ellos les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Amo al Señor Jesús con todo mi corazón y obedezco Sus mandamientos.  Él ha pedido al Padre que me de un Consolador, que me fortalece y me ayuda, y permanecerá conmigo para siempre.   Él es el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo conoce.  Yo lo conozco.  Él ha hecho Su morada dentro de mi espíritu.  Esta dentro de mi, literalmente, y lo hecho desde el momento que creí y confesé que Jesús es el Señor de mi vida.  Dios Espíritu Santo mora en mi corazón.
Jesús no me ha dejado solo, desolado o impotente.  Porque Él vive, yo vivo también.  Soy amado y apreciado por mi Padre Celestial, y Jesús me ama y se manifiesta a mi vida.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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