domingo, 3 de junio de 2012

La Gracia y la Verdad la he recibido por medio del Señor Jesús.


Juan 1:16-18;  Efesios 1:2-22; Colosenses 1:9-14; Santiago 1:5; 2 Pedro 1:2-9; 1 Corintios 2:6-16; Juan 14:9; 17:6-11

De su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia, porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás;  el unigénito Hijo,  que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,  nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.  En él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobre abundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia. Él nos dio a conocer el misterio de su voluntad,  según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en el cumplimiento de los tiempos establecidos, así las que están en los cielos como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.  En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras  de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. Por esta causa también yo,  habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros,  haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo,  el Padre de gloria,  os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento,  para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,  cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos,  según la acción de su fuerza poderosa. Esta fuerza operó en Cristo, resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad,  poder y señorío,  y sobre todo nombre que se nombra,  no solo en este siglo,  sino también en el venidero. Y sometió todas las cosas debajo de sus pies,  y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia.

Por lo cual también nosotros,  desde el día que lo oímos,  no cesamos de orar por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así podréis andar como es digno del Señor, agradándolo en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria,  obtendréis fortaleza y paciencia, y,  con gozo,  daréis gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.   Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría,  pídala a Dios,  el cual da a todos abundantemente y sin reproche,  y le será dada.

Gracia y paz os sean multiplicadas,  en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder,  mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas,  para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina,  habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones. Por esto mismo,  poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud;  a la virtud,  conocimiento; al conocimiento,  dominio propio;  al dominio propio,  paciencia;  a la paciencia,  piedad; a la piedad,  afecto fraternal;  y al afecto fraternal,  amor. Si tenéis estas cosas y abundan en vosotros,  no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas es muy corto de vista;  está ciego,  habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

Sin embargo,  hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez en la fe;  no la sabiduría de este mundo ni de los poderosos de este mundo, que perecen. Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio,  la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,   la cual ninguno de los poderosos de este mundo conoció,  porque si la hubieran conocido,  nunca habrían crucificado al Señor de la gloria.  Antes bien,  como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman".    Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu,  porque el Espíritu todo lo escudriña,  aun lo profundo de Dios, porque  ¿quién de entre los hombres conoce las cosas del hombre,  sino el espíritu del hombre que está en él?  Del mismo modo,  nadie conoció las cosas de Dios,  sino el Espíritu de Dios. 
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,  sino el Espíritu que proviene de Dios,  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. De estas cosas hablamos,  no con palabras enseñadas por la sabiduría humana,  sino con las que enseña el Espíritu,  acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,  porque para él son locura;  y no las puede entender,  porque se han de discernir espiritualmente. En cambio,  el espiritual  juzga todas las cosas,  sin que él sea juzgado por nadie. ¿Quién conoció la mente del Señor?  ¿Quién lo instruirá?   Pues bien,  nosotros tenemos la mente de Cristo.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo,  pues,  dices tú:  "Muéstranos el Padre"?

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste;  tuyos eran,  y me los diste,  y han guardado tu palabra.  Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado proceden de ti, porque las palabras que me diste les he dado;  y ellos las recibieron y han conocido verdaderamente que salí de ti,  y han creído que tú me enviaste. "Yo ruego por ellos;  no ruego por el mundo, sino por los que me diste,  porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío;  y he sido glorificado en ellos.  "Ya no estoy en el mundo;  pero estos están en el mundo,  y yo voy a ti.  Padre santo,  a los que me has dado,  guárdalos en tu nombre,  para que sean uno,  así como nosotros.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

De la abundancia de mi Señor Jesús he recibido gracia sobre gracia, misericordia sobre misericordia, favor sobre favor, bendición tras bendición, y regalo sobre regalo.  Todo lo que se refiere a esta nueva vida que Él me ha dado es una lluvia de abundancia.  Ahora soy partícipe de Su gracia y de Su Verdad.  Dios me ha concedido Su favor de forma permanente y sin condiciones. Este favor me permite hacer todo lo que he sido llamado a hacer y recibir todo lo que he sido llamado a recibir. Jesús me ha introducido a nuestro Padre Celestial y ahora puedo conocerlo de una manera tan íntima que, en todo lo que hago puedo discernir y entender Su voluntad,  Su amor, Su poder, Su sabiduría y Su bondad para conmigo.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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martes, 29 de mayo de 2012

El Señor Jesús es mi refugio, y allí habito.


Salmo 91; 9:10; 17:8; 27:5; 34:7;  37:34; 90:1; 112:7; 124:7; 142:5; Isaías 25:4; 32:2; 43:1-2;  46:4

El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.  Yo le digo al Señor: "Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío."  Sólo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía. Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará. No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido. Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección,  ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar. Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna. Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes! "Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre. Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores. Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación."

Cuídame como a la niña de tus ojos; escóndeme, bajo la sombra de tus alas.

Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.

El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos.

Pero tú, espera en el Señor, y vive según su voluntad, que él te exaltará para que heredes la tierra. Cuando los malvados sean destruidos, tú lo verás con tus propios ojos.

Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación.

Ciertamente nunca fracasará.  No temerá recibir malas noticias.

A ti, Señor, te pido ayuda; a ti te digo: "Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes."

Porque tú has sido, en su angustia, un baluarte para el desvalido, un refugio para el necesitado, un resguardo contra la tormenta, una sombra contra el calor. En cambio, el aliento de los crueles es como una tormenta contra un muro.

Cada uno será como un refugio contra el viento, como un resguardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto.

Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: "No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas.

Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré.

Leer Proverbios 6:5; 12:21; Job 5:19, 2 Timoteo 1:7; Juan 5:18; Malaquías 1:5; Mateo 4:6; 26:53; Hebreos 1:14; Éxodo 23:20-23; 2 Reyes 6:15-17; Lucas 4:10-11; 10:19


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


Vivo en el lugar secreto del Altísimo y descanso, manteniéndome firme y seguro, bajo la sombra del Omnipotente.  El Señor Jesús es mi refugio y mi fortaleza, mi Dios y Padre, y confío en Él con todo mi corazón.  El Señor Jesus me ha liberado delas trampas de Satanás y de toda peste destructora.  Me ha cubierto con Sus plumas y bajo Sus alas he hallado refugio.  Su fidelidad es mi escudo y mi baluarte. No temo  el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en la oscuridad, ni la plaga que devasta a mediodía. Un millar pueden caer a mi lado y diez mil a mi diestra, pero a mi no se acercará.  Veré con mis propios ojos el castigo de los impíos. El Dios Altísimo, mi Padre Celestial, es mi fortaleza y mi morada. Soy Su hijo y parte de la familia real. Por lo tanto, ningún mal se acercara a mi y ninguna plaga, enfermedad o catástrofe se acercara a mi morada. Dios ha ordenado a Sus ángeles para que acampen alrededor de mí como centinelas de mi vida.  Ellos me guardan en todos mis caminos y me guardan de todo mal.  Me llevarán en sus manos para que mis pies no tropiecen contra una piedra. Aplasto al león y la cobra. El leoncillo y la serpiente están bajo mis pies.  El poder del diablo sobre mí ha sido completamente despojado. Dios ha dado un decreto (una ley fija) con respecto a mí diciendo: "Yo le librará de toda calamidad, y lo protegeré, porque reconoce mi Nombre. Él clamará a mí y yo le responderé.  Yo estaré con él en tiempo de angustia. Lo libraré y le pondré en un  lugar de mayor honor.  Le daré una larga vida útil que le satisfaga y le mostraré mi salvación.” 

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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domingo, 27 de mayo de 2012

No me avergüenzo del Evangelio del Señor Jesús.


Romanos 1:16-17; 2 Corintios 5:21; Salmo 40:9; 1 Corintios 1:18; Romanos 3:21; Habacuc 2:4

A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.  De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: "El justo vivirá por la fe."

Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.

En medio de la gran asamblea he dado a conocer tu justicia. Tú bien sabes, Señor, que no he sellado mis labios.

Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.

Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas.

El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


No me avergüenzo del Evangelio del Señor  Jesucristo, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.  Porque en el Evangelio, la justicia de Dios se revela  - una justicia que es por la fe, por lo tanto soy justo y vivo por la fe en el Señor Jesus.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 23 de mayo de 2012

El Señor Jesús viene la sabiduría, conocimiento y entendimiento.

Proverbios 2:3-8; 1 Corintios 1:30; 2:6-16; 15:57; Proverbios 3:14; Santiago 1:5-6; 1 Reyes 3:9-12

Sí, si clamas para sabiduría, y levantas tu voz para discernimiento,  si lo buscas como a la plata y lo rebuscas como a tesoros escondidos –  entonces entenderás el temor a YAHWEH y encontrarás conocimiento de Elohim.  Porque YAHWEH da sabiduría; de Su Boca vienen el conocimiento y el entendimiento.
El atesora salvación para los que caminan en rectitud, El protegerá su camino;  para guardar el curso de la justicia y preservar el camino de aquellos que le temen a El.


Pero gracias a él ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría --es decir, nuestra justificación, santificación y redención—

En cambio, hablamos con sabiduría entre los que han alcanzado madurez, pero no con la sabiduría de este mundo ni con la de sus gobernantes, los cuales terminarán en nada. Más bien, exponemos el misterio de la sabiduría de Dios, una sabiduría que ha estado escondida y que Dios había destinado para nuestra gloria desde la eternidad. Ninguno de los gobernantes de este mundo la entendió, porque de haberla entendido no habrían crucificado al Señor de la gloria.  Sin embargo, como está escrito: "Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman."  Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ¿quién conoce los pensamientos del ser humano sino su propio espíritu que está en él? Así mismo, nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios. Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.  Esto es precisamente de lo que hablamos, no con las palabras que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu, de modo que expresamos verdades espirituales en términos espirituales. El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente. En cambio, el que es espiritual lo juzga todo, aunque él mismo no está sujeto al juicio de nadie, porque "¿quién ha conocido la mente del Señor para que pueda instruirlo?"
 ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!

Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro.

Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento.

Yo te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo? Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición, de modo que le dijo: Como has pedido esto, y no larga vida ni riquezas para ti, ni has pedido la muerte de tus enemigos sino discernimiento para administrar justicia,  voy a concederte lo que has pedido. Te daré un corazón sabio y prudente, como nadie antes de ti lo ha tenido ni lo tendrá después.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

La búsqueda de la sabiduría es de gran importancia en mi vida. Para mí, es como buscar un gran tesoro escondido, porque yo sé que cuando lo encuentre entenderé el temor del Señor y tendré el conocimiento personal e íntimo de Dios. Es la buena voluntad de Dios que me concede la sabiduría, por lo tanto sé que cuando lo busco, Él se asegurará de que lo encuentre. A través de la Palabra de Dios, gano tremendo conocimiento y entendimiento. El tiene la victoria en reserva para mí y está en guardia conmigo en todas las circunstancias y proyectos que ejecute.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 22 de mayo de 2012

El Señor Jesús es mi Salvador y mi gozo.


Isaías 12:1-3; Gálatas 4:5; Romanos 8:1; Isaías 43:1-13; 2 Timoteo 1:7

 

En aquel día dirás: Yo te bendeciré, O YAHWEH, porque, aunque estabas enfurecido conmigo, tu ira está ahora disipada; y me has compadecido.  "¡Miren! ¡Mi Elohim es mi Salvador. Yo confiaré en El y no temeré; porque YAHWEH es mi gloria y mi alabanza, y Él ha venido a ser mi salvación!"  Entonces sacarán con alegría agua  de las fuentes de salvación.

Para que redimiese a los que estaban bajo la ley,  a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

Así, pues, ya no hay ninguna condenación para los que están en unión con el Ungido de Dios, Jesús.

Pero ahora esto es lo que YAHWEH dice, El, quien te creó, Jacobo, El, quien te formó, Israel: "No tengas temor, pues te he redimido;  te estoy llamando por tu nombre; tú eres mío.  Cuando pases por medio de agua, Yo estaré contigo; cuando pases por medio de los ríos, ellos no te inundarán; cuando camines por medio del fuego, no te abrasarás –la llama no te quemará.  Porque Yo soy YAHWEH, tu Elohim, el Santo de Israel, tu Salvador –Yo he dado a Egipto por tu rescate, Cus y Seba por ti.  Porque te considero valioso y honorable,  y porque te amo, Por ti daré hombres, naciones a cambio de tu vida.  No tengas temor, porque Yo estoy contigo. Yo traeré tu zera del este, y Yo los reuniré del oeste;  diré al norte: '¡Entrégalos!'  y al sur: '¡No los retengas!' Trae a mis hijos de lo lejos, y a mis hijas de los confines de la tierra, todos los que llevan Mi Nombre, los cuales he preparado para mi Gloria; Yo le formé, sí, Yo le hice.  Traigan al pueblo que está ciego pero tiene ojos, también los sordos que tienen oídos.   Todas las naciones están juntas reunidas, y príncipes serán reunidos de ellas. ¿Quién entre ellos puede proclamar esto  y revelar lo que sucedió en el pasado? Que traigan sus testigos para que se justifiquen a sí, para que otros, al oír, puedan decir: "Eso es verdad."   "Ustedes son mis testigos, y Yo también soy testigo," dice YAHWEH, "y mi siervo quien he escogido. Para que puedas conocer y creer, y entiendas que Yo soy El –ningún Elohim se ha producido antes de mí, ni tampoco habrá ninguno después de mí.   Yo, aun Yo, soy YAHWEH; fuera de mí no hay salvador.   Yo he declarado, salvado y proclamado –no un dios extraño entre ustedes. Por lo tanto, ustedes son mis testigos," dice YAHWEH: "Yo soy Elohim.   Desde que comenzaron los días, Yo he sido El. Nadie puede librar de mi mano. Cuando Yo obro, ¿quién lo puede revocar?"

YAHWEH no nos ha dado un Espíritu que produce timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

Dios ha alejado Su ira lejos de mí y me ha consolado.  El Señor Jesús es mi salvación.  Confío totalmente en Él y no tengo miedo. El Señor Jesús es mi fortaleza y mi canción. Él me ha salvado y me ha hecho parte de Su familia con todos los derechos como su propio hijo.  Tomo mi lugar con alegría y saco mi provisión de las fuentes  de Su salvación.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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