domingo, 4 de diciembre de 2011

En el Señor Jesús he resucitado.


Romanos 6:2-14; Gálatas 2:16-21; 3:27; 6:15; Colosenses 2:11-15; 3:1, 5; Juan 15:5
 
¡De ninguna manera!  Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús,  hemos sido bautizados en su muerte?, porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo,  a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre,  así también nosotros andemos en vida nueva. Si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte,  así también lo seremos en la de su resurrección;  sabiendo esto,  que nuestro viejo hombre  fue crucificado juntamente con él,  para que el cuerpo del pecado sea destruido,  a fin de que no sirvamos más al pecado,  porque,  el que ha muerto ha sido justificado del pecado.  Y si morimos con Cristo,  creemos que también viviremos con él,  y sabemos que Cristo,  habiendo resucitado de los muertos,  ya no muere;  la muerte no se enseñorea más de él.  En cuanto murió,  al pecado murió una vez por todas;  pero en cuanto vive,  para Dios vive.  Así también vosotros consideraos  muertos al pecado,  pero vivos para Dios en Cristo Jesús,  Señor nuestro.  No reine,  pues,  el pecado en vuestro cuerpo mortal,  de modo que lo obedezcáis en sus apetitos;   ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad,  sino presentaos vosotros mismos a Dios  como vivos de entre los muertos,  y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.  El pecado no se enseñoreará de vosotros,  pues no estáis bajo la Ley,  sino bajo la gracia. 

Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la Ley,  sino por la fe de Jesucristo,  nosotros también hemos creído en Jesucristo,  para ser justificados por la fe de Cristo  y no por las obras de la Ley,  por cuanto por las obras de la Ley nadie será justificado.  Ahora bien,  si buscando ser justificados en Cristo,  también nosotros resultamos ser pecadores,  ¿es por eso Cristo ministro de pecado?  ¡De ninguna manera!  Porque si las cosas que destruí,  las mismas vuelvo a edificar,  transgresor me hago.  Yo por la Ley morí para la Ley,  a fin de vivir para Dios.  Con Cristo estoy juntamente crucificado,  y ya no vivo yo,  mas vive Cristo en mí;  y lo que ahora vivo en la carne,  lo vivo en la fe del Hijo de Dios,  el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.  No desecho la gracia de Dios,  pues si por la Ley viniera la justicia,  entonces en  vano murió Cristo. 

Pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo,  de Cristo estáis revestidos.

Porque,  en Cristo Jesús,  ni la circuncisión vale nada ni la incircuncisión,  sino la nueva criatura.

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha por mano de hombre,  sino por la circuncisión de Cristo,  en la cual sois despojados de vuestra naturaleza pecaminosa.  Con él fuisteis sepultados en el bautismo,  y en él fuisteis también resucitados  por la fe en el poder de Dios que lo levantó de los muertos. Y a vosotros,  estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne,  os dio vida juntamente con él,  perdonándoos todos los pecados.  Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros,  que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz.   Y despojó a los principados y a las autoridades  y los exhibió públicamente,  triunfando sobre ellos en la cruz.

Si,  pues,  habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba,  donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

Haced morir,  pues,  lo terrenal en vosotros:  fornicación,  impureza,  pasiones desordenadas,  malos deseos y avaricia,  que es idolatría.

Yo soy la vid,  vosotros los pámpanos;  el que permanece en mí y yo en él,  este lleva mucho fruto,  porque separados de mí nada podéis hacer

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

He muerto al pecado, por lo tanto, ya no vivo más en él.  Cuando fui bautizado en Jesús, también fui bautizado en Su muerte.  Fui enterrado con El en el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Jesús resucitó de entre los muertos, yo también pueda ser levantado a una nueva vida por medio de Él.  Por esto estoy perfectamente identificado con Su muerte, sepultura y resurrección.  Fue Jesús quien me sustituyó, sufrió el castigo por mis pecados, y al ver todo lo que Jesús hizo por mí no puedo más que estar perfectamente unido con Él en Su muerte, y  también  en Su resurrección.  Mi viejo “yo”  espiritual ha muerto y ha sido crucificado con Jesús a fin de librarme de la esclavitud del poder del pecado.   Como nacido de nuevo de Dios, mi vieja naturaleza ya no tiene el poder de controlar mis acciones.  He muerto con Jesús y hoy soy totalmente libre!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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sábado, 3 de diciembre de 2011

La Palabra del Señor Jesús es vida y medicina a todo mi ser.

Proverbios 4:18, 20-22; Salmo 107:20; 119-105; Deuteronomio 6:6-9 
 
Más la senda de los justos es como la luz de la aurora,  que va en aumento hasta que el día es perfecto.  Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones.  No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo.

Envió su palabra, y los sanó,  Y los libró de su ruina.

Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;  y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;  y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.
El camino que el Señor Jesús ha establecido delante de mí es como una luz resplandeciente que brilla más y más hasta un día perfecto. Estoy muy atento a la Palabra de Dios e inclino mi corazón y mis oídos a Su Palabra.  No se apartan de mis ojos sino que la mantengo en medio de mi corazón.  Porque Su Palabra es vida para mí y me da salud a todo mi ser.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 2 de diciembre de 2011

Cunado busco al Señor Jesús, lo demás se añade.


Proverbios 11:23-28; Malaquías 3:10; 2 Corintios 9:7-8; Salmo 1:1-3; Mateo 6:33  
 
Lo que quieren los justos trae bienestar; el capricho de los perversos produce enojo.   Hay quienes dan con generosidad y reciben más de lo que dan; pero hay quienes son tacaños y terminan en la pobreza.  El generoso prosperará; el que ayuda será ayudado.  Al que acapara alimentos, la gente lo maldice; al que los vende, la gente lo bendice.  El que hace el bien se gana el respeto de los demás, pero el que hace el mal sólo gana problemas.  El que confía en las riquezas se marchitará, pero el que practica la justicia reverdecerá como el follaje.


El Señor Todopoderoso dice: «Traigan todos los diezmos al granero del templo y así habrá alimentos en mi casa. Pónganme a prueba en esto y vean si no abro las ventanas del cielo para derramar sobre ustedes una lluvia de bendiciones hasta que les sobre de todo.

Cada uno debe dar lo que en su corazón ha decidido dar y no lo haga con tristeza ni por obligación. Dios ama a los que dan con alegría. Dios tiene el poder de darles más bendiciones de las que necesitan para que siempre tengan lo suficiente para ustedes y también para que puedan ayudar generosamente a toda buena causa.

Afortunado el que no sigue el consejo de los perversos, ni el ejemplo de los pecadores, ni se une con los que andan burlándose de todo.  Al contrario, le gusta la enseñanza del Señor y la estudia día y noche.  Será tan fuerte como un árbol plantado junto a corrientes de agua fresca, que da su fruto en el momento adecuado y al que nunca se le caen las hojas. Le irá bien en todo lo que haga.

Así que, primero busquen el reino de Dios y el bien que Dios quiere que hagan, y se les dará todo lo que necesitan.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

La Palabra de Dios siempre me muestra la Verdad en el Señor Jesús que es bueno y lo demás se me es añadido. Y  doy  libremente, sin restricciones, y sin embargo El me da  aún más.  Mi generosidad causa que se derramen en mi vida enorme abundancia de bendiciones espirituales como también materiales. Cuando doy a otros yo también recibo.  Cuando mi mano se dispone  a dar y hacer el bien, mi cabeza se corona con la bendición de Dios. Por mis acciones demuestro que mi confianza no está en las riquezas, sino en la prosperidad  espiritual, en mi alma y en mi cuerpo que solo Dios puede dar.  Por  Él tengo abundancia y prospero como una rama verde.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

El Señor Jesús sustenta todo con el poder de Su Palabra.


El Señor Jesús sustenta todo con el poder de Su Palabra.

Hosanna en las Alturas, Jesús es el Señor  

 

Hebreos 1:1-4; Números 12:6; Juan 1:1-5, 14; 14:7-11; 16:13-14; Colosenses 1:17; Romanos 4:24; 5:2; Galatas2:20
Dios,  habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres  por los profetas,  en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo,  a quien constituyó heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo.  Él,  que es el resplandor  de su gloria,  la imagen misma de su sustancia y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder,  habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados  por medio de sí mismo,  se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,  hecho tanto superior a los ángeles cuanto que heredó más excelente nombre que ellos
Y Jehová les dijo: Oíd ahora mis palabras.  Cuando haya entre vosotros un profeta de Jehová,  me apareceré a él en visión,  en sueños le hablaré.

En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios  y el Verbo era Dios.   Este estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por medio de él fueron hechas,  y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.  En él estaba la vida,  y la vida era la luz de los hombres.  La luz resplandece en las tinieblas,  y las tinieblas no la dominaron.

 Y el Verbo se hizo carne  y habitó  entre nosotros lleno de gracia y de verdad;  y vimos su gloria,  gloria como del unigénito del Padre.

No se turbe vuestro corazón;  creéis en Dios,  creed también en mí.  En la casa de mi Padre muchas moradas hay;  si así no fuera,  yo os lo hubiera dicho;  voy,  pues,  a preparar lugar para vosotros.   Y si me voy y os preparo lugar,  vendré otra vez  y os tomaré a mí mismo,  para que donde yo esté,  vosotros también estéis.  Y sabéis a dónde voy,  y sabéis el camino.  Le dijo Tomás: Señor,  no sabemos a dónde vas;  ¿cómo,  pues,  podemos saber el camino?  Jesús le dijo: Yo soy el camino,  la verdad y la vida;  nadie viene al Padre sino por mí.  Si me conocierais,  también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.  Felipe le dijo: Señor,  muéstranos el Padre y nos basta.  Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo,  pues,  dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que Yo Soy en el Padre y el Padre en mí?  Las palabras que yo os hablo,  no las hablo por mi propia cuenta,  sino que el Padre,  que vive en mí,  él hace las obras.  Creedme que yo soy en el Padre,  y el Padre en mí;  de otra manera,  creedme por las mismas obras.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad,  él os guiará a toda la verdad,  porque no hablará por su propia cuenta,  sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir.  Él me glorificará,  porque tomará de lo mío y os lo hará saber.

 Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.

Sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada,  es decir,  a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús,  Señor nuestro.

Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes,  y nos gloriamos  en la esperanza de la gloria de Dios.

Con Cristo estoy juntamente crucificado,  y ya no vivo yo,  mas vive Cristo en mí;  y lo que ahora vivo en la carne,  lo vivo en la fe del Hijo de Dios,  el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.
En el pasado, Dios habló a mis antepasados por medio de los profetas en muchas ocasiones y de muchas maneras, pero hoy Dios me habla directamente, a través del Señor Jesús que es la Palabra a quien constituyó heredero de todas las cosas, y por el cual Él creó el universo. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de Su ser, sostiene todas las cosas por el poder de la Palabra. Después de que Jesús me justificó, se sentó a la diestra de la Majestad de Dios Padre en los cielos.  Ahora, después de haber sido bautizado en el Espíritu Santo, me identifico con todo lo que Él es y todo lo que hizo.  ¡Hoy vivo para la gloria de Su Nombre porque Jesus me amo y se entregó a si mismo por mí!  Aleluya. Amen.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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