sábado, 22 de octubre de 2011

Porque el Señor Jesús esta de nuestra parte.


Números 14:8-9; Salmo 18:19, 23;1 Samuel 17:10-12, 23-25, 33-37, 40-50; Josué 15:13-15; Romanos 8:31; Marcos 9:23
Si el Señor se agrada de nosotros, nos hará entrar en ella. ¡Nos va a dar una tierra donde abundan la leche y la miel!   Así que no se rebelen contra el Señor ni tengan miedo de la gente que habita en esa tierra. ¡Ya son pan comido! No tienen quién los proteja, porque el Señor está de parte nuestra. Así que, ¡no les tengan miedo!

Dijo además el filisteo: ¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Elijan a un hombre que pelee conmigo!  Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y todos los israelitas se consternaron y tuvieron mucho miedo. David era hijo de Isaí, un efrateo que vivía en Belén de Judá. En tiempos de Saúl, Isaí era ya de edad muy avanzada, y tenía ocho hijos.

Mientras conversaban, Goliat, el gran guerrero filisteo de Gat, salió de entre las filas para repetir su desafío, y David lo oyó. Cuando los israelitas vieron a Goliat, huyeron despavoridos.  Algunos decían: ¿Ven a ese hombre que sale a desafiar a Israel? A quien lo venza y lo mate, el rey lo colmará de riquezas. Además, le dará su hija como esposa, y su familia quedará exenta de impuestos aquí en Israel. 

¡Cómo vas a pelear tú solo contra este filisteo! replicó Saúl. No eres más que un muchacho, mientras que él ha sido un guerrero toda la vida. David le respondió: A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño,  yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y si el animal me ataca, lo sigo golpeando hasta matarlo.  Si este siervo de Su Majestad ha matado leones y osos, lo mismo puede hacer con ese filisteo pagano, porque está desafiando al ejército del Dios viviente. El Señor, que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo. Anda, pues dijo Saúl, y que el Señor te acompañe.

Tomó su bastón, fue al río a escoger cinco piedras lisas, y las metió en su bolsa de pastor. Luego, honda en mano, se acercó al filisteo.  Éste, por su parte, también avanzaba hacia David detrás de su escudero.  Le echó una mirada a David y, al darse cuenta de que era apenas un muchacho, trigueño y buen mozo, con desprecio  le dijo: ¿Soy acaso un perro para que vengas a atacarme con palos? Y maldiciendo a David en nombre de sus dioses, añadió: ¡Ven acá, que les voy a echar tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo!  David le contestó: Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado.  Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras del campo, y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel.  Todos los que están aquí reconocerán que el Señor salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del Señor, y él los entregará a ustedes en nuestras manos.  En cuanto el filisteo avanzó para acercarse a David y enfrentarse con él, también éste corrió rápidamente hacia la línea de batalla para hacerle frente.   Metiendo la mano en su bolsa sacó una piedra, y con la honda se la lanzó al filisteo, hiriéndolo en la frente. Con la piedra incrustada entre ceja y ceja, el filisteo cayó de bruces al suelo.  Así fue como David triunfó sobre el filisteo: lo hirió de muerte con una honda y una piedra, y sin empuñar la espada.

Me sacó a un amplio espacio; me libró porque se agradó de mí.

El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce;  me infunde nuevas fuerzas. Por amor a su nombre.   Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.  Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar.  La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre.

De acuerdo con lo ordenado por el Señor, Josué le dio a Caleb hijo de Jefone una porción del territorio asignado a Judá. Esa porción es Quiriat  Arbá, es decir, Hebrón (Arbá fue un ancestro de los anaquitas).  Caleb expulsó de Hebrón a tres descendientes de Anac: Sesay, Ajimán y Talmay.   De allí subió para atacar a los habitantes de Debir, ciudad que antes se llamaba Quiriat Séfer.

¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?

¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Mi Padre Celestial me ama y yo le amo a Él porque amo al Señor Jesús.  Él me ha dado la victoria sobre el pecado y sobre todo aquello que el enemigo quiera traer sobre mi vida y que vaya en contra de la voluntad de mi Padre Celestial.   No me rebelo en contra de los deseos de mi Padre Celestial, ni temo a mis enemigos, porque ellos son pan comido para mí.  No existe ninguna fuerza  que pueda estar en contra del Señor Jesus.  Dios ha eliminado toda protección sobre los que están en contra de Su voluntad y me manda que tome autoridad sobre ellos.  Por lo tanto, lo haré.  El Señor Jesús está conmigo por eso soy muy capaz.  No tengo miedo de los gigantes en la tierra!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

viernes, 21 de octubre de 2011

El Señor Jesús es mi Paz.


Levíticos 26: 5-6; 2 Corintios 9:6-11; Filipenses 4:19; Génesis 13:2; Josué 1:5-9; 2 Timoteo 1:7; Lucas 10:19
Vuestra trilla alcanzará hasta la vendimia y la vendimia alcanzará hasta la siembra;  comeréis vuestro pan hasta saciaros y habitaréis seguros en vuestra tierra.  Yo daré paz en la tierra y dormiréis sin que haya quien os espante;  haré desaparecer de vuestra tierra las malas bestias y la espada no pasará por vuestro país.

 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.  Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.  Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;  como está escrito: Repartió, dio a los pobres;  Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come,  proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia,   para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.  

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.

Nadie te podrá hacer frente  en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente;  porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.  Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.   Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.  Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.  Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


El Señor Jesús hace abundar mi cosecha, trillo el fruto de mi cosecha  porque siembro con gozo y alegría.  Vivo una vida bendecida con abundancia de Dios.  En el Señor Jesús tengo todo lo que necesito,  Él es mi todo y vivo seguro en El.  La paz de Dios ha llenado mi vida. No temo nada, nada en absoluto, porque tengo Su Santo Espíritu, tengo Su amor y tengo dominio propio.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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jueves, 20 de octubre de 2011

Alaben la misericordia del Señor Jesús y Sus Maravillas.


Salmo 107:20-21; Mateo 8:8; 2Reyes 20:5; Isaías 53:4-5; Salmo 30:2; Proverbios 3:3-5
Envió su palabra  y los sanó;  los libró de su ruina.  ¡Alaben la misericordia de Jehová  y sus maravillas para con los hijos de los hombres!

Respondió el centurión y dijo: Señor,  no soy digno de que entres bajo mi techo;  solamente di la palabra y mi criado sanará

Vuelve,  y dile a Ezequías,  príncipe de mi pueblo:  Así dice Jehová,  el Dios de David,  tu padre:  He oído tu oración,  he visto tus lágrimas y voy a sanarte:  dentro de tres días subirás a la casa de Jehová.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades  y sufrió nuestros dolores,  ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado,  como herido y afligido por Dios!  Más él fue herido por nuestras rebeliones,  molido por nuestros pecados.  Por darnos la paz,  cayó sobre él el castigo,  y por sus llagas fuimos nosotros curados.

 Jehová,  Dios mío,  a ti clamé y me sanaste.

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad;  átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón y hallarás gracia y buena opinión  ante los ojos de Dios y de los hombres. Confía en Jehová  con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

Dios me ha dado Su Palabra para darme vida, sanarme, y librarme de la muerte.  Su amor nunca falla.  Su Palabra realiza grandes obras y yo lo creo con todo mi corazón y no me apoyo en mi propia lógica ni sentimientos, sino que mi fe está totalmente cimentada en la Palabra del Señor Jesús mi Dios.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 19 de octubre de 2011

El trono del Señor Jesús se Afirma en Justicia.


Proverbios 25:5-7; 1 Pedro 5:5-7; 2 Corintios 6:14; Efesios 2:6-10, 5:1-18
Aparta al malvado de la presencia del rey,  y su trono se afirmará en justicia.  No  te alabes delante del rey  ni te pongas en el lugar de los grandes,  porque mejor es que se te diga: "Sube acá",  y no que seas humillado delante del príncipe   a quien tus ojos han visto.

Igualmente,  jóvenes,  estad sujetos a los ancianos;  y todos,  sumisos unos a otros,  revestíos de humildad,  porque  Dios resiste a los soberbios,  y da gracia a los humildes.  Humillaos,  pues,  bajo la poderosa mano de Dios,  para que él os exalte a su debido tiempo.  Echad toda vuestra ansiedad sobre él,  porque él tiene cuidado de vosotros.

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos,  porque  ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?  ¿Y qué comunión,  la luz con las tinieblas?

Juntamente con él nos resucitó,  y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,  para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús,  porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios. No por obras,  para que nadie se gloríe,  pues somos hechura suya,  creados en Cristo Jesús para buenas obras,  las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

Sed,  pues,  imitadores de Dios  como hijos amados.  Y andad en amor,  como también Cristo nos amó  y se entregó a sí mismo por nosotros,  ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.    Pero fornicación y toda impureza o avaricia,  ni aun se nombre entre vosotros,  como conviene a santos. Tampoco digáis palabras deshonestas,  ni necedades,  ni groserías que no convienen,  sino antes bien acciones de gracias.  Sabéis esto,  que ningún fornicario o inmundo o avaro,  que es idólatra,  tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas,  porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.  No seáis,  pues,  partícipes con ellos,  porque en otro tiempo erais tinieblas,  pero ahora sois luz en el Señor;  andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu  es en toda bondad,  justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor.  Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas,  sino más bien reprendedlas,  porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.  Mas todas las cosas,  cuando son puestas en evidencia por la luz,  son hechas manifiestas,  porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice:   Despiértate,  tú que duermes,   y levántate de los muertos,   y te alumbrará Cristo.  Mirad,  pues,  con diligencia cómo andéis,  no como necios sino como sabios,  aprovechando bien el tiempo,  porque los días son malos.  Por tanto,  no seáis insensatos,  sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.  No os embriaguéis con vino,  en lo cual hay disolución;  antes bien sed llenos del Espíritu.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

No me asocio con los no creyentes ni con aquellos cuyos caminos no están fijos en el Señor Jesús, tampoco me alabo y tomo posiciones  elevadas en medio de la gente importante.  Mi exaltación viene de Dios.  Soy lo que Dios dice que soy, soy luz en medio de las tinieblas y hare mi parte en esta vida, trabajando duro para avanzar Su reino, y humildemente aceptar cualquier posición que el Señor Jesus decida darme.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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