miércoles, 6 de febrero de 2013

El Señor Jesús esta de mi de mi lado no hay nada que temer.


Números 14:8-9; Salmo 18:19; 23; 1 Samuel 17:1-51; Josué 15:13-15; Romanos 8:31; Marcos 9:23

Si el Señor se agrada de nosotros, nos [llevara y nos] hará entrar en ella. ¡Nos va a dar [nos la entregará,] una tierra donde abundan la leche y la miel!  Así que no se rebelen contra el Señor ni tengan miedo de la gente que habita en esa tierra. ¡Ya son pan comido [ya  los entrego derrotados el Señor]! No tienen quién los proteja, porque el Señor está de parte nuestra. Así que, ¡no les tengan miedo!

Me sacó a un amplio espacio; me libró porque se agradó de mí.

El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce;  me infunde nuevas fuerzas. Por amor a su nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.  Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar.  La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre.

Los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra, concentrando sus  fuerzas en Soco, pueblo de Judá. Acamparon en Efesdamín, situado entre Soco y Azeca.
1Sa 17:2  Por su parte, Saúl y los israelitas se reunieron también y, acampando en el valle de Elá, ordenaron sus filas para la batalla contra los filisteos.  Con el valle de por medio, los filisteos y los israelitas tomaron posiciones en montes opuestos.  Un famoso guerrero, oriundo de Gat, salió del campamento filisteo. Su nombre era Goliat, y tenía una estatura de casi tres metros.  Llevaba en la cabeza un casco de bronce, y su coraza, que pesaba cincuenta y cinco kilos, también era de bronce,  como lo eran las polainas que le protegían las piernas y la jabalina que llevaba al hombro.  El asta de su lanza se parecía al rodillo de un telar, y tenía una punta de hierro que pesaba casi siete kilos. Delante de él marchaba un escudero.  Goliat se detuvo ante los soldados israelitas, y los desafió: "¿Para qué están ordenando sus filas para la batalla? ¿No soy yo un filisteo? ¿Y no están ustedes al servicio de Saúl? ¿Por qué no escogen a alguien que se me enfrente?   Si es capaz de hacerme frente y matarme, nosotros les serviremos a ustedes; pero si yo lo venzo y lo mato, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán."  Dijo además el filisteo: "¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Elijan a un hombre que pelee conmigo!"  Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y todos los israelitas se consternaron y tuvieron mucho miedo.  David era hijo de Isaí, un efrateo que vivía en Belén de Judá. En tiempos de Saúl, Isaí era ya de edad muy avanzada, y tenía ocho hijos.  Sus tres hijos mayores habían marchado a la guerra con Saúl. El primogénito se llamaba Eliab; el segundo, Abinadab; el tercero, Sama.  Estos tres habían seguido a Saúl por ser los mayores. David, que era el menor,   solía ir adonde estaba Saúl, pero regresaba a Belén para cuidar las ovejas de su padre.  El filisteo salía mañana y tarde a desafiar a los israelitas, y así lo estuvo haciendo durante cuarenta días.   Un día, Isaí le dijo a su hijo David: "Toma esta bolsa  de trigo tostado y estos diez panes, y vete pronto al campamento para dárselos a tus hermanos.  Lleva también estos tres quesos para el jefe del batallón. Averigua cómo les va a tus hermanos, y tráeme una prueba de que ellos están bien.  Los encontrarás en el valle de Elá, con Saúl y todos los soldados israelitas, peleando contra los filisteos."  David cumplió con las instrucciones de Isaí. Se levantó muy de mañana y, después de encargarle el rebaño a un pastor, tomó las provisiones y se puso en camino. Llegó al campamento en el momento en que los soldados, lanzando gritos de guerra, salían a tomar sus posiciones.  Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente.  David, por su parte, dejó su carga al cuidado del encargado de las provisiones, y corrió a las filas para saludar a sus hermanos.  Mientras conversaban, Goliat, el gran guerrero filisteo de Gat, salió de entre las filas para repetir su desafío, y David lo oyó.  Cuando los israelitas vieron a Goliat, huyeron despavoridos.  Algunos decían: "¿Ven a ese hombre que sale a desafiar a Israel? A quien lo venza y lo mate, el rey lo colmará de riquezas. Además, le dará su hija como esposa, y su familia quedará exenta de impuestos aquí en Israel."  David preguntó a los que estaban con él: ¿Qué dicen que le darán a quien mate a ese filisteo y salve así el honor de Israel? ¿Quién se cree este filisteo pagano, que se atreve a desafiar al ejército del Dios viviente?   Al que lo mate repitieron se le dará la recompensa anunciada.   Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con los hombres y se puso furioso con él. Le reclamó: ¿Qué has venido a hacer aquí? ¿Con quién has dejado esas pocas ovejas en el desierto? Yo te conozco. Eres un atrevido y mal intencionado. ¡Seguro que has venido para ver la batalla!   ¿Y ahora qué hice? protestó David. ¡Si apenas he abierto la boca!  Apartándose de su hermano, les preguntó a otros, quienes le dijeron lo mismo.   Algunos que oyeron lo que había dicho David, se lo contaron a Saúl, y éste mandó a llamarlo.  Entonces David le dijo a Saúl: ¡Nadie tiene por qué desanimarse a causa de este filisteo! Yo mismo iré a pelear contra él.   ¡Cómo vas a pelear tú solo contra este filisteo! replicó Saúl. No eres más que un muchacho, mientras que él ha sido un guerrero toda la vida.  David le respondió: A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño,  yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y si el animal me ataca, lo sigo golpeando hasta matarlo.   Si este siervo de Su Majestad ha matado leones y osos, lo mismo puede hacer con ese filisteo pagano, porque está desafiando al ejército del Dios viviente.   El Señor, que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo. Anda, pues dijo Saúl, y que el Señor te acompañe.  Luego Saúl vistió a David con su uniforme de campaña. Le entregó también un casco de bronce y le puso una coraza.  David se ciñó la espada sobre la armadura e intentó caminar, pero no pudo porque no estaba acostumbrado. No puedo andar con todo esto le dijo a Saúl; no estoy entrenado para ello. De modo que se quitó todo aquello,  tomó su bastón, fue al río a escoger cinco piedras lisas, y las metió en su bolsa de pastor. Luego, honda en mano, se acercó al filisteo.  Éste, por su parte, también avanzaba hacia David detrás de su escudero.  Le echó una mirada a David y, al darse cuenta de que era apenas un muchacho, trigueño y buen mozo, con desprecio    le dijo: ¿Soy acaso un perro para que vengas a atacarme con palos? Y maldiciendo a David en nombre de sus dioses, añadió: ¡Ven acá, que les voy a echar tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo!    David le contestó: Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado.  Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras del campo, y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel.  
Todos los que están aquí reconocerán que el Señor salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del Señor, y él los entregará a ustedes en nuestras manos.  En cuanto el filisteo avanzó para acercarse a David y enfrentarse con él, también éste corrió rápidamente hacia la línea de batalla para hacerle frente.   Metiendo la mano en su bolsa sacó una piedra, y con la honda se la lanzó al filisteo, hiriéndolo en la frente. Con la piedra incrustada entre ceja y ceja, el filisteo cayó de bruces al suelo. Así fue como David triunfó sobre el filisteo: lo hirió de muerte con una honda y una piedra, y sin empuñar la espada.  Luego corrió a donde estaba el filisteo, le quitó la espada y, desenvainándola, lo remató con ella y le cortó la cabeza. Cuando los filisteos vieron que su héroe había muerto, salieron corriendo.

De acuerdo con lo ordenado por el Señor, Josué le dio a Caleb hijo de Jefone una porción del territorio asignado a Judá. Esa porción es Quiriat Arbá, es decir, Hebrón (Arbá fue un ancestro de los *anaquitas).  Caleb expulsó de Hebrón a tres descendientes de Anac: Sesay, Ajimán y Talmay. De allí subió para atacar a los habitantes de Debir, ciudad que antes se llamaba Quiriat Séfer.

¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?

¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible.

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Mi Padre Celestial se agrada de mí.  Él me ha introducido a una tierra fértil y espaciosa y me ha permitido que la tome como si fuera mía. No me rebelaré contra Sus deseos, ni temeré a los que ahora son sus habitantes. Son como pan para mí.  Estos habitantes no tienen ninguna defensa que puede estar en contra del Señor Jesús. Él ha eliminado toda la protección de ellos y me ha dado el derecho de tomar la tierra. Por lo tanto, la tomaré.  El Señor está conmigo y soy muy capaz. ¡No tengo miedo a los gigantes en la tierra!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 5 de febrero de 2013

El mismo Espíritu del Señor Jesús hoy está en mi.


1 Samuel 16:13; 1 Juan 2:20, 27; Efesios 1:17-23; Filipenses 2:12-13; Colosenses 1:27; 2Corintios 1:21-22

Samuel tomó el cuerno de aceite y ungió al joven en presencia de sus hermanos. Entonces el Espíritu del Señor vino poderosamente sobre David, y desde aquel día en adelante estuvo con él. Luego Samuel regresó a Ramá.

Todos ustedes, en cambio, han recibido unción del Santo, de manera que conocen la verdad.

En cuanto a ustedes, la unción [del Espíritu Santo] que de él [Dios y Padre del Señor Jesús] recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esa unción es auténtica --no es falsa-- y les enseña todas las cosas. Permanezcan en él, tal y como él les enseñó.

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.   Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales,  muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero.  Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.

Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre --no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia-- lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.

A estos [a nosotros] Dios se propuso dar a conocer cuál [ Su Espíritu] es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Unción del Espíritu de Dios [Cristo] en ustedes, la esperanza de gloria.

Y Dios es el que nos confirma con vosotros en Cristo y el que nos ungió; es también quien nos ha sellado y ha puesto como garantía al Espíritu en nuestros corazones.

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús me ha ungido y  hoy tengo al Espíritu Santo morando dentro de mí. Dios me ha empoderado para ser victorioso en cada circunstancia adversa que pueda enfrentar. Con Su Espíritu tengo el poder que quita cargas, elimina yugos, y destruye todo poder del maligno. A partir del día que decidí creer y seguir al Señor Jesús,  desde ese día en adelante, independientemente de lo que veo, siento o pienso, reconozco que este poder está dentro de mí y voy a ser guiado para hacer en conformidad de la voluntad de Dios.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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lunes, 4 de febrero de 2013

Alabo con todo mí ser al Señor Jesús mi Dios.


Salmo 9:1-5; Malaquías 4:1-3; Santiago 4:7; Salmo 8:2; 22:3; Éxodo 23:27-30

Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.  Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu Nombre, oh Altísimo.  Mis enemigos retroceden; tropiezan y perecen ante ti.  Porque tú me has hecho justicia, me has vindicado; tú, juez justo, ocupas tu trono.  Reprendiste a los paganos, destruiste a los malvados; ¡para siempre borraste su memoria!                                                        
                                           
¡Miren, ya viene el día, ardiente como un horno! Todos los soberbios y todos los malvados serán como paja, y aquel día les prenderá fuego hasta dejarlos sin raíz ni rama dice el Señor Todopoderoso.  Pero para ustedes que temen mi Nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros recién alimentados.  El día que yo actúe ustedes pisotearán a los malvados, y bajo sus pies quedarán hechos polvo dice el Señor Todopoderoso.

Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.

Por causa de tus adversarios has hecho que brote la alabanza  de labios de los pequeñitos y de los niños de pecho, para silenciar al enemigo y al rebelde.

Pero tú eres santo, tú eres Rey, ¡tú eres la alabanza de Israel!

En toda nación donde pongas el pie haré que tus enemigos te tengan miedo, se turben y huyan de ti.  Delante de ti enviaré avispas, para que ahuyenten a los heveos, cananeos e hititas.  Sin embargo, no los desalojaré en un solo año, no sea que, al quedarse desolada la tierra, aumente el número de animales salvajes y te ataquen.  Los desalojaré poco a poco, hasta que seas lo bastante fuerte para tomar posesión de la tierra.

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús es el que habita en medio de mis alabanzas. Cuando le alabo con todo mi corazón y me alegro en Su presencia, porque Él es un escudo que impide que el enemigo siga en mi camino. Dios es quien se levanta en mi defensa. Mis enemigos caen y perecen ante Su presencia. El Señor Jesús, mi Dios,  se ha mantenido a favor de mi causa. Todos mis enemigos retroceden y huyen de delante de mí con terror.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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domingo, 3 de febrero de 2013

La Gloria del Señor Jesús ha llenado mi corazón.


2 Crónicas 5:13-14; Salmo 22:3; 136; 1 Corintios 3:13; 6:19; Gálatas 4:6; Romanos 5:5; 8:9, 29

Y cuando los trompeteros y los cantores se unieron al unísono, haciendo un sonido que se escucha en alabar y dar gracias al Jehová [Señor], y cuando alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de canto y alabando al Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia y la bondad amorosa es para siempre, entonces la casa del Señor se llenó de una nube de la Gloria de Jehová,
y los sacerdotes no pudieron permanecer en pie para ministrar por causa de la nube de la Gloria de Jehová, que había llenado la casa de Dios.
                                           
Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel!

Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. Den gracias al Dios de dioses; su gran amor perdura para siempre.  Den gracias al Señor omnipotente; su gran amor perdura para siempre.  Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para siempre.  Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre.  Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre.  Al que hizo las grandes luminarias; su gran amor perdura para siempre.  El sol, para iluminar  el día; su gran amor perdura para siempre.   La luna y las estrellas, para iluminar la noche; su gran amor perdura para siempre.  Al que hirió a los primogénitos de Egipto; su gran amor perdura para siempre.  Al que sacó de Egipto a Israel; su gran amor perdura para siempre.  Con mano poderosa y con brazo extendido; su gran amor perdura para siempre.  Al que partió en dos el Mar Rojo; su gran amor perdura para siempre.  Y por en medio hizo cruzar a Israel; su gran amor perdura para siempre.  Pero hundió en el Mar Rojo al faraón y a su ejército; su gran amor perdura para siempre.  Al que guio a su pueblo por el desierto; su gran amor perdura para siempre.   Al que hirió de muerte a grandes reyes; su gran amor perdura para siempre.  Al que a reyes poderosos les quitó la vida; su gran amor perdura para siempre.   A Sijón, el rey amorreo; su gran amor perdura para siempre.   A Og, el rey de Basán; su gran amor perdura para siempre.  Cuyas tierras entregó como herencia; su gran amor perdura para siempre.  Como herencia para su siervo Israel; su gran amor perdura para siempre.  Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados; su gran amor perdura para siempre.  Al que nos libra de nuestros adversarios; su gran amor perdura para siempre.  Al que alimenta a todo ser viviente; su gran amor perdura para siempre.   ¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños.

Ustedes ya son hijos. Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: "¡Abba! ¡Padre!"

Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino  según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.

Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Bendigo a mi Señor Jesús mi Dios, porque El habita en medio de mi alabaza, alabazas de júbilo y de gracias por Sus misericordia y Su abundante amor. Su abundante misericordia permanece para siempre  con mi vida y con cada uno de los míos.  Él es bueno conmigo no solo parte del tiempo – Él es bueno conmigo todo el tiempo!   Hoy soy el templo y morada de Su Espíritu, mi interior se ha llenado de Su gloria.  ¡Su amor habita dentro de mí!  ¡Su gloria llena esta casa!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 1 de febrero de 2013

Porque Señor Jesús me ha salvado.


Jeremías 31: 11-14; Gálatas 3:13; Colosenses 2:15; Lucas10:19; Salmo 1:1-3; 112; 149:3; Juan 16:22

Porque el Señor rescató [redimido] a Jacob; lo redimió de una mano más [demasiado fuerte para el] poderosa.  Vendrán y cantarán [con voz fuerte]  jubilosos en las alturas de Sión; disfrutarán de las bondades del Señor: el trigo, el jugo de  [la uva] vino nuevo y el aceite, las crías de las ovejas y las vacas. Serán [su espirito] como un jardín bien regado, y no volverán a desmayar [no volverán a sufrir dolor].   Entonces las jóvenes danzarán con alegría, y los jóvenes junto con los ancianos. Convertiré su duelo en gozo, y los consolaré; transformaré su dolor en alegría.   Colmaré de abundancia a los sacerdotes, y saciaré con mis bienes a mi pueblo [y estarán satisfechos]", afirma el Señor.

Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: "Maldito todo el que es colgado de un madero."

Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.

Sí, les he dado autoridad a ustedes para pisotear serpientes y escorpiones y vencer todo el poder del enemigo; nada les podrá hacer daño.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos,  sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.  Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Dichoso el que teme al Señor, el que halla gran deleite en sus mandamientos.  Sus hijos dominarán el país;  la descendencia de los justos será bendecida.  En su casa habrá abundantes riquezas,  y para siempre permanecerá su justicia.  Para los justos la luz brilla en las tinieblas.  ¡Dios es clemente, compasivo y justo!  Bien le va al que presta con generosidad,  y maneja sus negocios con justicia.  El justo será siempre recordado;  ciertamente nunca fracasará.  No temerá recibir malas noticias;  su corazón estará firme, confiado en el Señor.  Su corazón estará seguro, no tendrá temor,  y al final verá derrotados a sus adversarios.  Reparte sus bienes entre los pobres;  su justicia permanece para siempre;  su poder  será gloriosamente exaltado.  El malvado verá esto, y se irritará; rechinando los dientes se irá desvaneciendo.  ¡La ambición de los impíos será destruida!

Que alaben Su Nombre con danzas; que le canten salmos al son de la lira y el pandero.

Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría.

 

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


El Señor Jesús me ha redimido del poder del enemigo. El Señor lo ha despojado de su autoridad sobre mí y le ha dejado sin poder por debajo mis pies. Por esto entro en Su Templo con gritos de alabanza y alegría debido a Su abundante bondad, de librarme de la condenación eterna [salvación que recibí en el Señor Jesús]  de mi vida. Soy como un pozo, como un jardín regado y floreciente de belleza con finas frutas. El dolor que causaba el pecado, ha sido quitado de en medio de mí y bailo y canto con voz fuerte con gran regocijo en la presencia de mi Padre Celestial. Prefiero la abundancia y la alegría en lugar del dolor y la escases.  Mi corazón está lleno de la riqueza del mismo Dios a través  del Espíritu Santo.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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jueves, 31 de enero de 2013

El mismo poder del Señor Jesús esta hoy en mí.


Lucas 5:17-25; Marcos 2:8; 11:23-24; Lucas 8:43-48; 20:23; Santiago 5:14-16; Juan 20:22-23; 1Corintios 2:6-16; 2Corintios 5:20; Gálatas 4:5-6

Un día, mientras enseñaba, estaban sentados allí algunos fariseos y maestros de la ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y también de Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para sanar a los enfermos.  Entonces llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Procuraron entrar para ponerlo delante de Jesús,   pero no pudieron a causa de la multitud. Así que subieron a la azotea y, separando las tejas, lo bajaron en la camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús. Al ver la fe de ellos, Jesús dijo: --Amigo, tus pecados quedan perdonados.   Los fariseos y los maestros de la ley comenzaron a pensar: ¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Pero Jesús supo lo que estaban pensando y les dijo: --¿Por qué razonan así?  ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados quedan perdonados, o Levántate y anda?  Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados --se dirigió entonces al paralítico--: A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Al instante se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que había estado acostado, y se fue a su casa alabando a Dios.
                                                
Pero inmediatamente Jesús, percibiendo en su Espíritu  que ellos decían, les dijo: "¿Por qué están pensando estas cosas?  
                                                        
¡Sí! Les digo que aquel que no dude en su corazón, sino que confíe que lo que dice sucederá, puede decir a esta montaña: '¡Vete y échate a ti misma en el mar!' Y le será hecho.  Por lo tanto les digo: Lo que sea que pidan en oración, confíen que lo están recibiendo, y será de ustedes.

Una mujer que sufría de flujo de sangre desde hacía doce años, y no podía ser sanada por nadie, se le acercó por detrás y tocó los nudos de su manto; y al instante se detuvo su hemorragia.  Jesús preguntó: "¿Quién me tocó?" Cuando todos negaron haberlo hecho, Pedro le dijo: "¡Rabí! ¡Las multitudes te están apretujando y dando empellones!"  Pero Jesús dijo: "Alguien sí me tocó, porque Yo sentí poder saliendo de Mí."   Viendo la mujer que no podía escapar inadvertida, temblando de miedo, se postró delante de Él y confesó en presencia de todo el pueblo por qué causa le había tocado y cómo había sido sanada al instante.  Le dijo a ella: "Mi hija, tu fe [confianza en mi Palabra] te ha sanado; vete en paz.

Pero El, dándose cuenta de la astucia de ellos, les dijo:

¿Hay alguno entre ustedes enfermo? Debe llamar a los ancianos de la Iglesia. Ellos orarán por él y frotarán aceite de oliva sobre él en El Nombre del Señor. La oración ofrecida con fe sanará al que está enfermo. El Señor restaurará su salud, y si ha cometido pecados, serán perdonados.  Por lo tanto, abiertamente reconozcan sus pecados el uno al otro, y oren el uno por el otro, para que sean sanados. La oración de una persona justificada es poderosa y efectiva. 

Habiendo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: "¡Reciban el Espíritu Santo de Dios!"   Si ustedes remiten los pecados de alguien, sus pecados serán remitidos; si los retienen, serán retenidos."

 Aún hay una sabiduría de la cual estamos hablando para que los que son suficientemente maduros, pero no es sabiduría de este mundo o de los gobernantes de este mundo, que están en el proceso de pasar a la otra vida.  Por el contrario, estamos comunicando una sabiduría secreta de YAHWEH, que ha estado oculta hasta ahora, pero que antes que la historia comenzara YAHWEH había decretado que nos traería gloria.  Ni uno de los gobernantes de este mundo lo ha entendido, porque si lo hubieran comprendido, no hubieran ejecutado al Señor de quien fluye esta gloria.  Pero como dice la Escritura: "Ningún ojo ha visto, ni oídos han escuchado y el corazón de nadie se ha imaginado todas las cosas que YAHWEH ha preparado para aquellos que le aman."  Es a nosotros, sin embargo, que YAHWEH ha revelado estas cosas. ¿Cómo? Por medio del Espíritu Santo. Porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las mayores profundidades de YAHWEH.  Porque, ¿quién sabe los asuntos internos de una persona, excepto el espíritu de la propia persona que mora dentro de ella? Asimismo nadie sabe los asuntos internos de YAHWEH excepto el Espíritu Santo de YAHWEH.   Ahora bien, no hemos recibido el espíritu  del mundo, sino el Espíritu Santo de YAHWEH, para que podamos entender las cosas que YAHWEH nos ha dado libremente.  Estas son las cosas de las cuales estamos hablando, cuando rechazamos la forma de hablar que dicta la sabiduría humana y, en cambio, usamos la forma de hablar que nos dicta el Espíritu Santo, por la cual explicamos cosas del Espíritu a las personas que tienen el Espíritu Santo.  Pero el hombre natural no recibe las cosas del Espíritu Santo de YAHWEH, ¡para él son absurdas! Además, él no tiene capacidad para entenderlas, porque son evaluadas por medio del Espíritu Santo.   Pero la persona que tiene el Espíritu Santo puede evaluarlo todo, mientras nadie está en la posición para evaluarlo a él.  Porque, ¿quién ha conocido la mente de YAHWEH? ¿Quién le aconsejará? ¡Pero tenemos la mente del Cristo el Mesías!

Así que, somos embajadores del Ungido de YAHWEH [Cristo]; en efecto, YAHWEH está haciendo su apelación por medio de nosotros. Lo que hacemos es apelar por medio del Ungido de YAHWEH: "¡Que sean reconciliados con YAHWEH!

Para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.  Ahora, por ustedes ser hijos, YAHWEH ha puesto en nuestros corazones el Espíritu Santo de su Hijo, el Espíritu que clama: "¡Abba!" (esto es: "¡Amado Padre!")

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Puedo ver cuando la fe ha crecido en el corazón de una persona, y como portador del poder de Dios, siempre estoy listo para orar por los enfermos y en el Nombre de Jesús para que reciban la sanidad que necesitan. En Señor Jesús tengo la capacidad y autoridad para liberar a un individuo del poder del pecado y de proporcionar la sanidad de cualquier área de su vida. La Palabra de Dios que hablo con fe es la portadora de Su Poder en esta tierra y traen liberación a los cautivos de las fuerzas de la oscuridad. En el Señor Jesús, puedo discernir los pensamientos, las preguntas y las intenciones de quienes se oponen a la Verdad y tengo toda la sabiduría que necesito para manejar cualquier situación o confrontación que venga de ellos. Soy un hombre que confía en el Señor Jesús y lo que dice Su Palabra, es decir de fe.  El poder del pecado se ha roto en mi vida.  Tengo todo el derecho y acceso al poder de sanidad que Dios tanto anhela que tenga para servirle con gozo a Él  y manifestar la gloria de Jesús en esta tierra.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

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miércoles, 30 de enero de 2013

El Señor Jesús me ha dado la potestad de prohibir y de liberar.


Mateo 16:19; 6:10; 18:18; Marcos 3:27

 Te daré las llaves del reino de los cielos;  todo lo que ates en la tierra [declarar impropio e ilegal] quedará atado en el cielo,  y todo lo que desates [declarar legal] en la tierra quedará desatado en el cielo.
                                                
Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.  
                                                        
¡Sí, en verdad les digo! Cualquier cosa que prohíban en la tierra, será prohibida en el cielo, y lo que permitan en la tierra, será permitido en el cielo.

Ahora bien, nadie puede entrar en la casa de alguien fuerte y arrebatarle sus bienes a menos que primero lo ate. Sólo entonces podrá robar su casa.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


El Señor Jesús me ha dado las llaves del Reino de los Cielos.  Dios me ha dado la autoridad para atar y desatar [prohibir y de liberar].  Esta delegación de autoridad dad y el mismo Señor Jesús la establecido en Su Palabra, así que todo lo que ate en la tierra está atado en el cielo y todo lo que desate en la tierra es desatado en el cielo.  Tengo la comprensión de Su Palabra, tengo El Espíritu Santo, tengo al Señor Jesús y puedo vencer los problemas de la vida declarando Su Palabra con fe.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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