viernes, 7 de diciembre de 2012

Creo en el Señor Jesús.


Juan 11:40-42; Filipenses 2:10-13; Marcos 16:15-20; Juan 14:13-14; 15:7; 16:23-24; 1 Juan 5:14-15

--¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? --le contestó Jesús. Entonces quitaron la piedra. Jesús, alzando la vista, dijo: --Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste.

Para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.  Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre --no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia-- lleven a cabo su salvación con temor y temblor,  pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.

Les dijo: "Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura.  El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.  Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud."  Después de hablar con ellos, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.   Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban.

Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo.  Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, lo que quieran  pedir se les concederá.

En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.  Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Creo y confío en el nombre de Jesús, por lo tanto veo la gloria de Dios manifestada en mi vida. Mi Padre Celestial siempre escucha mis oraciones.  Él está más que dispuesto a honrar Su Palabra, y en el nombre de Jesús sé que concede cualquier petición que le hecho de acuerdo a Su voluntad. Le doy gracias por lo que he recibido espiritualmente y confío que Su Palabra tendrá pronta manifestación y con mis labios y corazón le doy gracias. 
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Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Me mantengo firme y fiel al Señor Jesús


Me mantengo firme y fiel al Señor Jesús
Hosanna en las Alturas, Jesús es el Señor

Hebreos 3:12-13, 19; 4:6, 11; 10:24-25; 2 Corintios 6:14; Romanos 6:16; Hechos 2:42

Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo.  Más bien, mientras dure ese "hoy", anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado.

Como podemos ver, no pudieron entrar por causa de su incredulidad.

Sin embargo, todavía falta que algunos entren en ese reposo, y los primeros a  quienes se les anunció la buena noticia no entraron por causa de su desobediencia.

Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir  aquel ejemplo de desobediencia.

Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras.  No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca.

No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?

¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo,  son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia.

Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuido mi mente con la Palabra de Señor Jesús mi Dios para desarrollar mi alma libre del pecado y tener un corazón fiel a Dios. Dejando pecado, la infidelidad, o incrédulo que me aleja del Dios vivo. Por lo tanto, no voy a escuchar, ni asociarme con los que no creen en el Señor Jesús y Su Palabra o que no confíen en Sus promesas. Elijo a mis amigos con sabiduría y me asocio con los de la misma fe.  Soy bueno con mis amigos, fomento diariamente en ellos la Palabra de Dios y lo seguiré haciendo todos los días.  De esta manera, construyo un escudo de seguridad contra las trampas del diablo y mis amigos y NO somos endurecidos en nuestros corazones por el engaño del pecado o la incredulidad.
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Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 4 de diciembre de 2012

El Padre del Señor Jesús mi Dios me muestra Su Amor.


Sofonías 3:17-20; Josué 1:5-9; Salmo 18:1-18; 23; 46:1; 103:13; Mateo 11:28-29; Colosenses 2:15; Juan 6:44; Proverbios 6:30-31

El Señor tu Dios está en medio de ti. Él es un guerrero que da la victoria; con regocijo demostrará su alegría por ti. Tendrá un nuevo amor por ti. Festejará por ti con un grito de alegría,  como se celebra en un día de fiesta. Ya no habrá más insultos para ti; ya nadie más se burlará de ti. Ese día, haré que dejen de hacerte daño. Rescataré a los heridos y reuniré a los que han sido expulsados de su tierra. Serán famosos y respetados en todos los lugares en los que ahora sienten vergüenza. Ese día los traeré de regreso. Los reuniré a todos y serán famosos y respetados entre todos los pueblos de la tierra. Eso sucederá cuando traiga de vuelta ante sus ojos a los prisioneros». Es lo que dice el Señor.

Yo estaré contigo así como estuve con Moisés. Nadie podrá derrotarte mientras vivas porque yo nunca te abandonaré ni te dejaré.  Sé fuerte y valiente porque tú guiarás a este pueblo para que pueda tomar la tierra que yo prometí a sus antepasados. Pero tienes que ser fuerte y valiente, obedeciendo los mandamientos que te dio mi siervo Moisés. Si te mantienes fiel a ellos triunfarás donde quiera que vayas.  Repite siempre las palabras del libro de la ley de Moisés. Estúdialo día y noche, de manera que puedas actuar de acuerdo a lo escrito en él, para que te vaya bien y tengas éxito.  Te repito: sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas.

Señor [Jesús], te amo. ¡Tú eres mi fortaleza! El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. Dios es mi refugio, él me protege; mi escudo, me salva con su poder. Él es mi escondite más alto. Mis enemigos se burlaban de mí, pero le pedí ayuda al Señor y él me rescató de ellos. La muerte me enredó en sus cuerdas y me sentí perdido ante la temible corriente. El lugar de los muertos  me enredó en sus cuerdas, tendía ante mí trampas mortales. En medio de la dificultad, clamé al Señor y pedí su ayuda. Desde su templo, Dios escuchó mis lamentos y mis gritos de auxilio. Entonces la tierra tembló y se tambaleó; las bases de las montañas se estremecieron. La tierra tembló y retumbó porque Dios estaba furioso. Con humo saliendo de su nariz, llamas de su boca y lanzando carbones encendidos, el Señor abrió el cielo y bajó sobre una nube negra. Bajó cabalgando sobre los querubines del cielo; se deslizaba con el viento. El Señor estaba oculto en nubes densas y oscuras que lo cubrían totalmente. Entonces la gloria resplandeciente de Dios brilló en las nubes arrojando granizo y emitiendo fuertes rayos. La voz del Señor retumbó en el cielo, el Altísimo se hizo oír y hubo rayos y granizo.  Dios lanzó sus flechas y dispersó al enemigo. Lanzó muchos rayos y todos salieron espantados.  Enviaste, Señor, tu reprensión con un soplo de tu nariz, un viento fuerte que dejó el fondo del mar a la vista. Las bases de la tierra quedaron al descubierto.   Luego extendió la mano y me rescató. Me sacó de las aguas turbulentas.  El Señor me salvó de mis poderosos enemigos y de los que me odiaban pues eran más fuertes que yo. Cuando yo estaba en dificultades y mis enemigos me atacaban, el Señor me dio su apoyo y protección.  

El Señor es mi pastor, nada me falta.  
Me lleva a descansar a prados verdes, y me conduce a manantiales de agua fresca.
Él renueva mi alma. Me lleva por buenos caminos para mostrarme lo bondadoso que es.
Aunque pase por caminos oscuros y tenebrosos, no tendré miedo. Porque tú, Señor, estás a mi lado; Tu vara y tu bastón me reconfortan.
Me preparaste un banquete delante de mis enemigos; ungiste mi cabeza con aceite, has llenado mi copa hasta rebosar.  Tu bondad y tu fiel amor estarán conmigo toda la vida. Y entraré a la casa del Señor para quedarme allí para siempre.

Dios es nuestro refugio y fortaleza. Él siempre está dispuesto a ayudarnos en los momentos difíciles.

El Señor es tan bueno con los que lo respetan como un padre con sus hijos.

Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar.   Acepten la misión que les doy y aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso.

Dios venció a todos los poderes y fuerzas espirituales a través de la cruz, desarmándolos y obligándolos a desfilar derrotados ante el mundo.

El Padre que me envió es quien trae a la gente hacia mí. Yo resucitaré a esa gente en el día final. Si a alguien no lo trae el Padre, entonces ese no puede acercarse a mí.

No se desprecia a un ladrón que roba para calmar el hambre, pero si lo atrapan, lo harán pagar siete veces lo que se robó, aunque tenga que dar todo lo que tiene.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Padre del Señor Jesús, mi Dios está de mi lado, por lo tanto no voy a tener miedo. Él ha prometido que nunca me dejará ni me desamparará, me libra de la catástrofe y la destrucción, y se encarga de que siga en Su Camino en la Vida. Él es mi propio Padre y está tremendamente alegre conmigo. Me tranquiliza con Su gran amor y compasión. Levanta cada carga de mis hombros. Él ha actuado en contra de mis opresores. El diablo ha sido completamente despojado de todo poder y autoridad que tenía sobre mi vida, éste ya no me tiene en la esclavitud. ¡Yo soy libre en el Señor Jesús!  Mi Padre me ha rescatado y ahora mora en mi corazón a través de Su Espíritu. Me ha dado renombre y fama entre todos los habitantes de la tierra. Él restaura mi vida ante mis propios ojos. Mi Padre Celestial me ha traído a casa.
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Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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lunes, 3 de diciembre de 2012

Mantengo mi atención en el Señor Jesús


Colosenses 3:1-4; Efesios 1:17-23; 2:1-10; Gálatas 2:20-21; Mateo 6:10-11, 19-21; Juan 4:24

Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.

No he dejado de dar gracias por ustedes al recordarlos en mis oraciones.  Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos,  y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero.  Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.  Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.

Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano.

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Desde que nací de nuevo, es decir desde que el Señor Jesús gobierna mi vida, soy una nueva  criatura, por lo tanto mi corazón esta puesto en las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Estoy determinado en centrar toda mi atención sólo en las cosas espirituales que proceden de Dios, y no en las cosas de la tierra.  He muerto juntamente con el Señor Jesús en la cruz (en lo que respecta a mi vieja naturaleza pecaminosa).  Mi vida está escondida en Cristo.  Mi Padre Celestial es Espíritu, por lo tanto, mi espíritu adora al Señor  Jesucristo, recibo Su Palabra, y tengo comunión con el Señor Jesús.
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Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 30 de noviembre de 2012

Confío en el Señor Jesús


Jeremías 17:7-8; Salmo 1:1-3; Proverbios 3:3-10; Josué 1:5-9; Juan 15:1-8

"Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto."

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!

Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente. Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser. Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas.  Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.

Durante todos los días de tu vida, nadie será capaz de enfrentarse a ti. Así como estuve con Moisés, también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré.  Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados.  Sólo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas.  Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.   Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.  Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.  Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, lo que quieran pedir se les concederá. Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Confío en el Señor Jesús con todo mi corazón y mantengo toda mi confianza con sagacidad en Su  Palabra porque es la verdad para mi vida. Soy como un árbol plantado junto a agua pura  que extiende sus raíces hasta los bordes de las corrientes. No temo al calor que pueda venir, porque mis hojas siempre permanecen verdes.  No me verán estresado, ni con ansiedad – aunque sea tiempo de sequía-- porque el Señor Jesús es mi fuente y nunca dejaré de dar  frutos.
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Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Señor Jesús, sigue sanando a los enfermos.


Lucas 7:21-23; Efesios 1:17-23; Marcos 16:15-20; Isaías 61:1-3; Lucas 10:19; Juan 17:20-26; 2 Timoteo 3:5

En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades,  plagas y espíritus malos,  y a muchos ciegos les dio la vista.
Respondiendo Jesús,  les dijo: 
 --Id,  haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven,  los cojos andan,  los leprosos son limpiados,  los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

Al Elohim de nuestro Señor Jesús, el Padre glorioso, que les dé el Espíritu de sabiduría y revelación, para que así puedan tener pleno conocimiento de El.   Yo oro que Él les dé luz a los ojos de sus corazones, para que entiendan la esperanza a la cuál los ha llamado; cuales son Sus riquezas en Gloria que hay en la herencia que Él ha prometido a Su pueblo; y qué supereminente grandioso es Su poder obrando en nosotros, los que confiamos en Él. Actúa con la misma fuerza poderosa que Él usó cuando levantó a Jesús de los muertos y lo sentó a Su mano derecha en el cielo, por encima de todo gobernador, autoridad, poder, dominio o cualquier otro nombre que se pueda mencionar en este mundo o en el mundo venidero. También Él ha puesto todas las cosas bajo sus pies y se hizo la cabeza sobre todas las cosas para la Asamblea de creyentes (la iglesia), que es Su cuerpo, la expresión máxima de Él, quién llena toda la creación.

Entonces, les dijo: "Cuando vayan por todo el mundo, proclamen las Buenas Noticias a toda creación. El que confíe y sea bautizado, será salvo; el que no confíe, será condenado.  Y estas señales acompañarán a aquellos que sí confían: En Mi Nombre expulsarán demonios, hablarán en nuevas lenguas,   no se harán daño si manipulan serpientes o beben veneno, y sanarán a los enfermos por imponer sus manos sobre ellos."  Así que, después que les hubo hablado, el Señor Jesús fue llevado a lo alto dentro del cielo y se sentó a la mano derecha de YAHWEH.  Y ellos salieron y proclamaron en todas partes, mientras el Señor, trabajando con ellos, confirmaba el mensaje con las señales que acompañaban.

"El Espíritu de YAHWEH está sobre mí; por lo tanto, me ha ungido para  anunciar las Buenas Noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, y vista renovada a los ciegos a proclamar el año del favor de YAHWEH." Y el día de venganza de nuestro Elohim; para consolar a todos los que lloran, sí, para proveer para aquellos en Sion que están de luto, dándoles gloria en lugar de cenizas, el aceite de gozo en lugar a los enlutados, manto de alabanza en lugar de espíritu abatido, para que sean llamados generaciones de justicia  plantados por YAHWEH para gloria.

Recuerden, les he dado autoridad para que puedan hollar serpientes y escorpiones, en realidad sobre todas las fuerzas del enemigo; y permanezcan completamente sin que los dañe.

"Oro, no sólo por éstos, sino también por aquellos que confiarán en mí por la palabra de ellos, para que todos puedan ser uno, así como Tú, Padre, estás unido a mí y Yo contigo, oro que ellos puedan estar unidos con nosotros, para que el mundo pueda creer que Tú me enviaste. La gloria que Tú me has dado, Yo he dado a ellos; para que ellos sean uno, como nosotros somos uno. Yo, unido con ellos y Tú conmigo, para que ellos sean completamente uno, y el mundo de esta manera se de cuenta que Tú me enviaste, y que Tú los has amado tanto como me has amado a mí. "Padre, Yo quiero que los que Tú me has dado, estén conmigo donde Yo esté; para que ellos puedan ver mi gloria, que Tú me has dado, porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo todavía no te ha conocido, y esta gente ha conocido que Tú me enviaste. Yo les he dado a conocer Tu Nombre, y continuaré dándolo a conocer; para que el amor con el que me has amado pueda estar en ellos, y Yo mismo pueda estar unido con ellos."

Según retienen la apariencia externa de religión, pero niegan su poder. ¡Mantente alejado de personas como éstas!


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


He experimentado el poder maravilloso de Dios a través del Señor Jesús.  Su poder Sanador va conmigo dondequiera que yo voy.  Los ciegos ven, los sordos oyen, el cojo se levanta y camina, los muertos resucitan a la vida y los pobres encuentran el camino a la vida abundante de riquezas.  A través de Jesús todo demonio se sujeta a mi autoridad.  Por el Espíritu de Dios que Él ha puesto en mi, estoy seguro que el sigue sanando. Y no me voy ofenderme o resentirme a causa de las manifestaciones estas bendiciones, sino que las considero como resultados fundamentales de haberme convertido en uno en el Señor Jesús. ¡Nunca rechazaré las manifestaciones del poder de Dios en mi vida!
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Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 27 de noviembre de 2012

El Señor Jesús me ha purificado con Su Sangre.


Hechos 10:15; Hebreos 10:14-17, 29;  2 Corintios 5:17, 21; Efesios 2:4-10; Tito 1:15; 3:5

Por segunda vez le insistió la voz: --Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro.

Porque con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando. También el Espíritu Santo nos da testimonio de ello. Primero dice: "Éste es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente." Después añade: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades."

¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia?

Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

Para los puros todo es puro, pero para los corruptos e incrédulos no hay nada puro. Al contrario, tienen corrompidas la mente y la conciencia.

Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Lo que el Señor Jesús mi Dios ha limpiado con Su sangre no lo llamaré común y ni profano.   Dios me ha limpiado y me ha declarado limpio. Por lo tanto, me veo limpio y no voy a contradecir al Señor Jesús y restar importancia a Su obra viéndome como un gusano profano lleno de pecado. (De hecho no soy un pobre pecador salvo por gracia, sino que fui un pecador salvado por la gracia inmerecida del Señor Jesus).  Sino que me veo en pie delante de Dios Padre a través del Señor Jesús, no por mis propias obras sino por la justificación que el Señor Jesús me ha dado.
Leer fonéticamente

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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