martes, 28 de agosto de 2012

El Padre Celestial me ha dado vida en el Señor Jesús.


Lucas 15:22-24, 10; Efesios 2:1-14; Gálatas 4:5-6; 2 Corintios 5:17-21; 8:9 Colosenses 2:13

Pero su padre dijo a sus siervos: "Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies.  Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos, porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron a regocijarse.

Os digo que del mismo modo hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
En cuanto a vosotros, estabais muertos en vuestros delitos y pecados,   en los cuales anduvisteis en otro tiempo, conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia. En otro tiempo todos nosotros vivimos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y por naturaleza éramos hijos de ira, como los demás.  Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó,  aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia sois salvos!  Y juntamente con Cristo Jesús, nos resucitó y nos hizo sentar en los lugares celestiales, para mostrar en las edades venideras las superabundantes riquezas de su gracia, por su bondad hacia nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en la carne, erais llamados incircuncisión por los de la llamada circuncisión que es hecha con mano en la carne. Y acordaos de que en aquel tiempo estabais sin Cristo, apartados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, estando sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos habéis sido acercados por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, quien de ambos nos hizo uno. El derribó en su carne la barrera de división, es decir, la hostilidad.

Para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.  Y por cuanto sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: "Abba, Padre."

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación: que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación.  Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios os exhorta por medio nuestro, rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconciliaos con Dios! Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él.

Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por amor de vosotros se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

Mientras vosotros estabais muertos en los delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, Dios os dio vida juntamente con él, perdonándonos todos los delitos.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuando me acerco a mi Padre Celestial con arrepentimiento sincero en mi corazón,  de inmediato manda a vestirme con el traje de honor (con el manto de Su justicia).  No solamente me viste sino que me adorna con las mejores prendas de vestir.  Seguidamente me coloca un anillo en mi dedo y me restituye a mi posición de autoridad como Su hijo.  Él me calza con zapatos para mis pies para que yo este bien preparado para expandir las fronteras de Su reino.  Él mata el becerro gordo (que es la nueva alianza, donde hay sobreabundancia para compartir) y me invita a tomar mi porción con gran gozo y alegría.  Todos los ángeles de Dios se reúnen para regocijarse conmigo, porque el poder de la muerte se ha roto y he vuelto a nacer en la familia Real de Dios Todopoderoso!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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lunes, 27 de agosto de 2012

La Palabra de Dios es sembrada en mi corazón para que de fruto.


Zacarías 8:12-13; 2 Corintios 9:5-11; Génesis 8:22; 12:1-3; Joel 2:22; Salmo 3:3; 67:6; Hageo 1:10; Romanos 8:17; Filipenses 4:11-19; Efesios 6:10

Habrá paz cuando se siembre, y las vides darán su fruto; la tierra producirá sus cosechas y el cielo enviará su rocío. Al remanente de este pueblo. Judá e Israel, ¡no teman, sino cobren ánimo! objeto de maldición, pero yo los salvaré, y serán una bendición.

Así que me pareció necesario rogar a estos hermanos que se adelantaran a visitarlos y completaran los preparativos para esa generosa colecta que ustedes habían prometido. Entonces estará lista como una ofrenda generosa, y no como una tacañería.
Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes. Como está escrito: "Esparció y dio a los pobres; su justicia permanece para siempre."  El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia. Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios.

Mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches.

El Señor le dijo a Abram: "Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!". 

No teman, animales del campo, porque los pastizales de la estepa reverdecerán; los árboles producirán su fruto, y la higuera y la vid darán su riqueza.

Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo; tú eres mi gloria; ¡tú mantienes en alto mi cabeza!

La tierra dará entonces su fruto, y Dios, nuestro Dios, nos bendecirá.

Por eso, por culpa de ustedes, los cielos retuvieron el rocío y la tierra se negó a dar sus productos.

Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.

No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, han hecho bien en participar conmigo en mi angustia. Y ustedes mismos, filipenses, saben que en el principio de la obra del evangelio, cuando salí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en mis ingresos y gastos, excepto ustedes.  Incluso a Tesalónica me enviaron ayuda una y otra vez para suplir mis necesidades. No digo esto porque esté tratando de conseguir más ofrendas, sino que trato de aumentar el crédito a su cuenta. Ya he recibido todo lo que necesito y aún más; tengo hasta de sobra ahora que he recibido de Epafrodito lo que me enviaron. Es una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado. Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.

Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

La Palabra de Dios en mi vida crece y da Su fruto, produce cosechas en abundancia.  Esta es mi herencia como hijo de Dios y compañero del pacto.  Ya no tengo que agachar la cabeza frente a la burla sino que me mantengo firme en mi pacto.  Soy conocido por ser bendición.  No tengo miedo de lo que el mundo piensa.
Soy fuerte en el Señor Jesus y en el poder de Su fuerza.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 22 de agosto de 2012

El Señor Jesús va conmigo a la batalla y me da la victoria.


Deuteronomio 20:3-4; Éxodo 14:13-15; Lucas 10:19; Marcos 3:27; 2 Timoteo 1:12; Josué 1:5-9; 1 Corintios 15:57

Él le dirá: ¡Escucha, Israel! Hoy ustedes irán a la batalla contra sus enemigos. No pierdan el valor, ni se asusten, ni entren en pánico ni se aterroricen por ellos, porque el Señor su Dios va con ustedes para pelear por ustedes contra su enemigo y darles la victoria.

Moisés le dijo al pueblo: —No se atemoricen. Sólo deténganse a ver cómo el Señor los va a salvar hoy. ¡Nunca más volverán a ver a estos egipcios! El Señor peleará a favor de ustedes; así que manténganse en silencio.  El Señor le preguntó a Moisés:—¿Por qué me pides ayuda? Diles a los israelitas que continúen su marcha.

Tengan la seguridad de que les he dado autoridad de aplastar escorpiones y serpientes, y autoridad sobre todo el poder del enemigo. Nada les hará daño.

 Nadie puede entrar a la casa de un hombre fuerte y sacar sus pertenencias así nada más. Primero hay que atar al hombre fuerte y luego sí robar su casa.

Por eso ahora estoy sufriendo a causa de esas buenas noticias, pero no me avergüenzo. Sé muy bien en quién he confiado y estoy seguro de que él puede guardar todo lo que ha puesto en mis manos hasta ese día.

Yo estaré contigo así como estuve con Moisés. Nadie podrá derrotarte mientras vivas porque yo nunca te abandonaré ni te dejaré.  Sé fuerte y valiente porque tú guiarás a este pueblo para que pueda tomar la tierra que yo prometí a sus antepasados. Pero tienes que ser fuerte y valiente, obedeciendo los mandamientos que te dio mi siervo Moisés. Si te mantienes fiel a ellos triunfarás donde quiera que vayas. Repite siempre las palabras del libro de la ley de Moisés. Estúdialo día y noche, de manera que puedas actuar de acuerdo a lo escrito en él, para que te vaya bien y tengas éxito.  Te repito: sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas.

Pero demos gracias a Dios que nos ha dado la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


En la batalla en contra de mis enemigos, no permito que invadan las promesas que Dios prometió a mis padres me había de dar.  Valientemente tomo la ofensiva, porque sé en quien he creído y estoy totalmente consciente de Su poder dentro de mí.  Es el Señor Jesús quien va delante de mí.  Él es el primero en enfrentarse al enemigo y por eso no tengo nada que temer.  Me niego a ceder ante el terror o pánico porque el Señor Jesús pelea por mí y me da Su victoria y Sus promesas manifestadas en mi!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 21 de agosto de 2012

El Señor Jesús es mi Luz que trae Salvación


Isaías 60:17-21;  Efesios 2:4-10; Salmo 91; Romanos 8:28-29; 2 Corintios 5:21; Isaías 64:8

Te traeré oro en vez de bronce, plata en vez de hierro, bronce en vez de madera y hierro en vez de piedras. Nombraré como tu supervisor a la paz y como gobernante a la justicia salvadora.  Ya no se oirá más de violencia en tu tierra, ni de ruina y destrucción en tus fronteras. Llamarás a tus murallas “Salvación”, y a tus puertas, “Alabanza”.  El sol no te alumbrará más de día ni el brillo de la luna de noche. Porque el Señor será luz eterna para ti y tu Dios será tu gloria.  Tu sol no se ocultará más y la luna no disminuirá su brillantez. Porque el Señor será tu luz eterna y tus días de luto terminarán.  Todo tu pueblo será honesto y poseerán para siempre la tierra. Ellos son la planta que yo planté, el trabajo de mis manos que muestra mi grandeza.

Pero la compasión de Dios es muy grande, y él nos amó con un inmenso amor. Estábamos muertos espiritualmente a causa de nuestras ofensas contra Dios, pero él nos dio vida al unirnos con Jesucristo. Fíjense, ustedes fueron salvos sólo gracias a la generosidad de Dios.  Él nos levantó de la muerte junto con Cristo y nos sentó junto a él en el cielo.  Dios hizo esto para mostrar en el futuro su inmensa generosidad siendo bondadoso con nosotros a través de Jesucristo.  Ustedes fueron salvos gracias a la generosidad de Dios porque tuvieron fe. No se salvaron a sí mismos, su salvación fue un regalo de Dios.  La salvación no es algo que ustedes hayan conseguido pues nadie puede decir que se salvó a sí mismo.  Nosotros somos obra de Dios, fuimos creados por Cristo para hacer el bien tal como Dios ya lo tenía planeado.

El que habita a la sombra del Altísimo, se acoge a la protección del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza. Dios mío, confío en ti».  Dios te salvará de los peligros escondidos y de las enfermedades peligrosas; pues te protegerá con sus alas y bajo ellas hallarás refugio. Su fidelidad será tu escudo y tu muralla protectora.  No te atemorizarán los peligros de la noche, ni las flechas que se lanzan en el día; tampoco las plagas que llegan en la noche, ni las epidemias que a plena luz del día causan destrucción.  Mil caerán muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti no te sucederá nada.  Sólo fíjate y verás que los perversos recibirán su merecido.  Porque tú confiaste en el Señor e hiciste que el Altísimo fuera tu protección.  Nada malo te sucederá, ni habrá enfermedades en tu casa.  Porque él dará orden a sus ángeles para que te protejan a dondequiera que vayas. Ellos te levantarán con sus manos para que no te tropieces con piedra alguna.  Pisotearás leones y serpientes venenosas, triunfarás sobre cachorros de león y dragones.   «Yo lo salvaré porque confió en mí; lo protegeré porque reconoce mi nombre.   Me llamará y yo le responderé; estaré con él cuando se encuentre en dificultades; lo rescataré y haré que le rindan honores.  Haré que disfrute de una larga vida y le mostraré mi salvación».  

 Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito.   Dios los conocía antes de que el mundo fuera creado. Él decidió que fueran como su Hijo y quería que el Hijo fuera el mayor de muchos hermanos.

Aunque Cristo no tenía ningún pecado, Dios lo hizo cargar con los nuestros para que por medio de él fuéramos declarados inocentes ante Dios.

Pero así y todo, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos la arcilla y tú el alfarero. Todos nosotros somos obra de tus manos.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús hace que la paz sea mi supervisor y la justicia mi gobernador.  El Señor Jesús quita la violencia de mi vida y no permite que la ruina y la destrucción entren a mi vida y a mi alrededor.   Mis paredes son la salvación y mi alabanza puertas.  El Señor Jesús es  mi Luz eterna y mi gloria.  La luz de mi vida nunca se desvanecerá y mis días de dolor han terminado.  Soy la justicia de Dios en Cristo Jesús, y poseeré la tierra para siempre.  Soy una vasija en las manos del Alfarero,  hechura de Dios creado para mostrar Su esplendor al mundo entero.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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