miércoles, 21 de marzo de 2012

Dichos el que tiene tu fortaleza Señor Jesús.


Salmo 84:4-7; Gálatas 6:10; Efesios 1:3; 2:19; Romanos 11:29; Colosenses 1:29; Proverbios 4:18; 2 Corintios 3:18; Hechos 4:16


Dichoso el que habita en tu templo, pues siempre te está alabando.  Selah. Dichoso el que tiene en ti su fortaleza, que sólo piensa en recorrer tus sendas. Cuando pasa por el valle de las Lágrimas lo convierte en región de manantiales; también las lluvias tempranas cubren de bendiciones el valle. Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas, y en Sión se presentan ante el Dios de dioses.

Siempre que podamos, hagamos el bien a todos, especialmente a nuestros hermanos en la fe.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha dado toda clase de bendiciones espirituales en los cielos a través de Cristo.

Por lo tanto, ustedes los que no son judíos ya no son extranjeros, sino ciudadanos junto con el pueblo santo y forman parte de la familia de Dios.

Y  Dios no quita lo que regala, ni retira su invitación a los que él elige.

Trabajo con mucho empeño por el poder de Cristo que actúa en mí y me fortalece.

El camino de los justos es como la luz del amanecer, que cada vez brilla más hasta que se hace de día.

Con la cara descubierta, todos nos quedamos mirando fijamente la gloria del Señor, y así somos transformados en su imagen cada vez con más gloria. Este cambio viene del Señor, es decir, del Espíritu.

Dijeron: ¿Qué hacemos con estos hombres? Todos en Jerusalén saben que hicieron un gran milagro. No podemos decir nada en su contra."

DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús ha hecho morada en mi espíritu y soy bendecido con Su presencia  en todo tiempo.  Le doy mi alabanza continuamente porque estoy en Su presencia. A través de El, obtengo fuerzas para hacer lo que Él me ha enviado hacer. Mi corazón está dispuesto a obedecer humildemente Su voluntad. Al pasar por el valle de seco con lágrimas, este se ha convertido en un lugar de alegría porque el lugar seco hoy hay manantial de agua dulce y hay bendición con la tormenta de verano. El Señor Jesús mi Dios me esfuerza y me aumenta de fuerza en fuerza. Soy hijo del Dios Altísimo y permanezco en Su presencia.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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martes, 20 de marzo de 2012

El Señor Jesús es mi refugio.


Salmo 32:7-11; 1 Corintios 1:30; 2:6-16; 1 Juan 1:3; Juan 16:13; Proverbios 16:20;26:3

Tú eres un refugio para la aflicción que me rodea, mi alegría, para liberarme de aquellos que me han rodeado. [Selah] Yo te instruiré y te enseñaré el camino que debes de andar; Yo te daré consejo; mis ojos estarán observándote.  No seas como un caballo o un mulo que no tiene entendimiento, que tiene que ser sujetado con bocado y freno, de otra forma, no viene a ti.   Muchos son los tormentos del pecador, pero la misericordia rodea a los que confían en YAHWEH.  ¡Conténtate en YAHWEH; regocíjate, justo! ¡Gloríense, todos ustedes, rectos de corazón!

Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús,  el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,  justificación,  santificación y redención.

Sin embargo,  hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez en la fe;  no la sabiduría de este mundo ni de los poderosos de este mundo, que perecen. Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio,  la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,  la cual ninguno de los poderosos de este mundo conoció,  porque si la hubieran conocido,  nunca habrían crucificado al Señor de la gloria.  Antes bien,  como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman.  Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu,  porque el Espíritu todo lo escudriña,  aun lo profundo de Dios,  porque  ¿quién de entre los hombres conoce las cosas del hombre,  sino el espíritu del hombre que está en él?  Del mismo modo,  nadie conoció las cosas de Dios,  sino el Espíritu de Dios.  Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,  sino el Espíritu que proviene de Dios,  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.  De estas cosas hablamos,  no con palabras enseñadas por la sabiduría humana,  sino con las que enseña el Espíritu,  acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural  no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,  porque para él son locura;  y no las puede entender,  porque se han de discernir espiritualmente.  En cambio,  el espiritual  juzga todas las cosas,  sin que él sea juzgado por nadie.   ¿Quién conoció la mente del Señor?  ¿Quién lo instruirá?  Pues bien,  nosotros tenemos la mente de Cristo.

Lo que hemos visto y oído,  eso os anunciamos,  para que también vosotros tengáis comunión con nosotros;  y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad,  él os guiará a toda la verdad,  porque no hablará por su propia cuenta,  sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir.

El entendido en la palabra hallará el bien;  el que confía en Jehová es bienaventurado.

El látigo para el caballo, el cabestro para el asno y la vara para la espalda del necio.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús mi Dios es mi escondite donde me refugio de todos los ataque del enemigo. Él me guarda con un cerco de protección. Él me preserva de los problemas y me rodea con el canto de liberación y gozo. El Señor Jesús es el Dios de todo el universo, mi propio Padre celestial, Su hijo me aconseja y cuida de mí con una mirada implacable a través de Su Espíritu que mora en mí. Me enseña sus caminos, y en Su instrucción perfecta que me dan un conocimiento específico de lo que tengo que hacer en esta vida. No soy como un caballo o una mulo que debe ser conducido por la brida y de poco.  Tengo un profundo conocimiento de la voluntad de Dios en mi vida (Él se revela a través de Su Espíritu Santo). Su gran amor y misericordia nunca me desampara cuando lo busco con un corazón humillado, El me redime,  justifica y siempre esta conmigo y me ha dado de Su confianza en todo lo que hago.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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lunes, 19 de marzo de 2012

He recibido el Espíritu del Señor Jesús.


1 Corintios 2:12-16; 1 Juan 2:20; 5:20; Romanos 8:32; 2 Pedro 1:3; 1 Corintios 1:17, 30; 2:6-7; Daniel 2:22-23; Juan 15:5; 16:13; Mateo 16:23


Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para poder entender lo que Dios nos ha dado. Cuando hablamos de eso, no usamos las palabras que nos enseñan los humanos, sino las que nos enseña el Espíritu. Usamos palabras espirituales para explicar lo espiritual. El que no es espiritual no acepta lo que viene del Espíritu de Dios porque le parece una tontería. No puede entenderlo porque eso tiene que juzgarse espiritualmente. En cambio, el que es espiritual puede juzgarlo todo, pero a él nadie lo puede juzgar. Pues así dice la Escritura: ¿Quién conoce la mente del Señor? ¿Quién puede darle consejo? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.

Cristo, el Santo, les dio a todos ustedes el don del Espíritu. Así que todos conocen la verdad.

También sabemos que el Hijo de Dios vino y nos dio el entendimiento para conocer a Dios, al único Dios verdadero. Nosotros lo conocemos, pues estamos en su Hijo Jesucristo. El Padre es el verdadero Dios y la vida eterna.

Dios llegó incluso a permitir que su propio Hijo muriera por nosotros. Con toda seguridad nos dará junto con su Hijo todo lo que tiene.

Con su poder divino, Jesús nos da todo lo que necesitamos para dedicar nuestra vida a Dios. Todo lo tenemos porque lo conocemos a él, quien nos llamó por su gloria y su poder.

Cristo no me ha enviado a bautizar, sino a anunciar las buenas noticias, y no con palabras de sabiduría, para que la cruz de Cristo no pierda su poder.

Por medio de él, ustedes pertenecen a Jesucristo, quien se ha convertido en la sabiduría de Dios para nosotros. Por medio de Cristo, Dios nos aprueba, nos libra del pecado y nos santifica.

Ahora bien, es cierto que enseñamos sabiduría entre los que son maduros. Pero la sabiduría que compartimos no viene de este mundo ni de los que lo gobiernan, quienes están perdiendo todo su poder. Lo que enseñamos es la sabiduría secreta de Dios que ha estado oculta desde el comienzo del mundo. El propósito de Dios es usar esta sabiduría para nuestra gloria.

¡Él revela los secretos más profundos; conoce todo lo que hay en la oscuridad porque la luz vive junto a él! Dios de mis antepasados te doy gracias y te alabo porque tú me has dado sabiduría y poder; me revelaste lo que te pedía. ¡Me diste a conocer el sueño del rey!

Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que se quede en mí producirá mucho fruto, pues ustedes no pueden hacer nada sin mí.

Cuando venga el Espíritu de la verdad, los guiará a toda la verdad. El Espíritu no hablará por su propia cuenta, sino que dirá sólo lo que oiga. Les anunciará lo que va a suceder después.

Jesús se volvió y le dijo: ¡Largo de aquí, Satanás! ¡Me estás estorbando! A ti no te preocupan las cosas de Dios. Sólo te preocupan los asuntos que le interesan a la gente.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

No he recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu de Dios, para que pueda  comprender completamente lo que el Señor Jesús mi Dios me ha dado. Estas son las cosas que me enseñan y aprendo, no con instrucciones o palabrerías de conocimiento humano, pero en las palabras que vienen de Dios y  me las enseña el Espíritu Santo que mora en mí y constantemente esta recibiendo revelación del mismo Dios. Estas revelaciones vienen a mí en mi espíritu. El Espíritu Santo me enseña expresando verdades espirituales a través de lo espiritual. Entiendo perfectamente que lo que viene de Dios para recibirlo y lo que  no viene de Dios para desecharlo, es el Espíritu Santo el que me guía a discernirlo. Como hombre espiritual, puede tomar decisiones acertadas sobre todas las cosas (tanto natural como espiritual). Está escrito: Porque ¿quién conoció la mente del Señor, que le instruirá? Sin embargo, tengo la mente de Cristo Jesús!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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