viernes, 2 de marzo de 2012

El Señor Jesús recibe gloria cuando hago Su voluntad.


Juan 5:41-44; 1 Tesalonicenses 2:6; Romanos 5:5; 1 Juan 3:1-2; Colosenses 1:29; Efesios 1:17-23; Marcos 9:37; Lucas 9:48
 
La gloria humana no la acepto, pero a ustedes los conozco, y sé que no aman realmente a Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me aceptan; pero si otro viniera por su propia cuenta, a ése sí lo aceptarían. ¿Cómo va a ser posible que ustedes crean, si unos a otros se rinden gloria pero no buscan la gloria que viene del Dios único?
Tampoco hemos buscado honores de nadie; ni de ustedes ni de otros.

Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es.

Con este fin trabajo y lucho fortalecido por el poder de Cristo que obra en mí.

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.

El que recibe en mi nombre a uno de estos niños, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí sino al que me envió.

El que recibe en mi nombre a este niño les dijo, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que es más insignificante entre todos ustedes, ése es el más importante.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

No tengo  necesidad de la gloria y el honor que vienen de los hombres.  El amor de Dios ha sido derramado en mi corazón y vivo en Su Palabra y busco las cosas que le traen gloria a Su Nombre.  Es mi deseo el recibir la alabanza, el honor y la gloria, que provienen solo del Señor Jesús  mi Dios.  Soy miembro de la familia de Dios,  soy Su hijo, Él me  llama por Su nombre  (El Señor Jesús me ha dado su Nombre).  Su poder fluye a través  y dentro de mí.  Cuando la gente me recibe, recibe al Señor Jesús mi Dios.  Cuando la gente me rechaza, rechaza a mi Señor Jesús.   

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com

jueves, 1 de marzo de 2012

En Señor Jesús recibo Su promesas


Hebreos 6:13-20; 2 Corintios 1:20; Juan 14:13-14; 15:7; 16:23-24; 1 Corintios 2:6-16; Génesis 12:1-4; 21:5; 22:16-17; Efesios 1:3  
 
Cuando Dios hizo su promesa a Abraham, como no tenía a nadie superior por quien jurar, juró por sí mismo, y dijo: "Te aseguro que te bendeciré y te daré muchos descendientes." Y así, después de esperar con paciencia, Abraham recibió lo que se le había prometido. Los seres humanos juran por alguien superior a ellos mismos, y el juramento, al confirmar lo que se ha dicho, pone punto final a toda discusión. Por eso Dios, queriendo demostrar claramente a los herederos de la promesa que su propósito es inmutable, la confirmó con un juramento. Lo hizo así para que, mediante la promesa y el juramento, que son dos realidades inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un estímulo poderoso los que, buscando refugio, nos aferramos a la esperanza que está delante de nosotros. Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario, hasta donde Jesús, el precursor, entró por nosotros, llegando a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
Todas las promesas que ha hecho Dios son "sí" en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos " amén" para la gloria de Dios.

Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, lo que quieran pedir se les concederá.

En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.  Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

En cambio, hablamos con sabiduría entre los que han alcanzado madurez, pero no con la sabiduría de este mundo ni con la de sus gobernantes, los cuales terminarán en nada.  Más bien, exponemos el misterio de la sabiduría de Dios, una sabiduría que ha estado escondida y que Dios había destinado para nuestra gloria desde la eternidad.  Ninguno de los gobernantes de este mundo la entendió, porque de haberla entendido no habrían crucificado al Señor de la gloria. Sin embargo, como está escrito: "Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman."  Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ¿quién conoce los pensamientos del ser humano sino su propio espíritu que está en él? Así mismo, nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios.  Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido. Esto es precisamente de lo que hablamos, no con las palabras que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu, de modo que expresamos verdades espirituales en términos espirituales.  El que no tiene el Espíritu  no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente. En cambio, el que es espiritual lo juzga todo, aunque él mismo no está sujeto al juicio de nadie, porque  "¿quién ha conocido la mente del Señor para que pueda instruirlo?"

El Señor le dijo a Abram: Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré.  Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu *nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra! " Abram partió, tal como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán.

Abraham tenía ya cien años cuando nació su hijo Isaac.

Y le dijo: Como has hecho esto, y no me has negado a tu único hijo, juro por mí mismo afirma el Señor que te bendeciré en gran manera, y que multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos.

Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo.

Apoyándonos en: Romanos 8:17, 32; 2 Pedro 2:3-4; Santiago 1:2-8; Números 23:19; Colosenses 1:3-14; Levíticos 16:2-16, 20-28 Hebreos 4:14-16; 10:19-23

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Dios ha jurado por sí mismo de que todas Sus promesas escritas en Su Palabra se manifiestan en mi vida tanto las terrenales como las espirituales. Con esto el Señor Jesús mi Dios pone fin a todo argumento contrario que se levanta en contra de mi confianza en Su Palabra. Así que busco con mucha atención que tiene el Señor Jesus mi Dios en Su Palabra para mi y afirmo esa Palabra en mi corazón,  confiadamente   la confieso en Su Nombre y con esperanza en Él sé que con certeza que veré la manifiesta su promesa; Él lo confirmo sus promesas son Su voluntad para mí con un juramento diciendo: "Por mí mismo he jurado" Esto lo hizo para que mi gozo fuera completado  en El, así pudiera estar muy animado esperando en Su Palabra y perseverando la promesa hasta su ​​manifestación, porque sé muy bien que es imposible que Dios mienta. Esta esperanza (la promesa y el juramento, que son dos realidades inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta) es un ancla para mi espíritu, mi alma y para mi cuerpo  no vacile sino que se afirme en el Señor Jesús y Su Palabra.  Amen. Aleluya!!!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com

miércoles, 29 de febrero de 2012

El Señor Jesús dijo Amad sin condición.


Lucas 6:35-38; Romanos 13:10; Hebreos 13:16; Mateo 5:46-48; 7:1-5; 18:21-22; Marcos 11:25; Proverbios 19:17; 28:27; Génesis 12:1-3; Santiago 2:13
 
Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?  Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

No juzguéis, para que no seáis juzgados.  Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?  Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. A Jehová presta el que da al pobre,   Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.

El que da al pobre no tendrá pobreza;  Mas el que aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones.

 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Toda mi forma de actuar con respecto a mis semejantes esta fundamentado en el mandamiento del amor. Incluyendo  a las personas que están en mi contra, soy amable y bueno con ellos y no pongo ninguna condición para poder ayudarles cuando lo necesitan. No soy movido por la forma en que ellos me responden, ni detengo mis bendiciones cuando me dañan. Incluso si soy rechazado no se los tomo en cuenta.  Sé que mi Padre Celestial esta atento a mis actitudes que deben ser como Él dice en Su Palabra; de acuerdo a Su mandamiento del amor  hay bendición abundante. Esto es lo que el Señor Jesús me mando a vivir en este mundo; ser diferente al mundo y a dar testimonio de que El que vive en mi y es verdadero y así poder hablar de Él con libertad y autoridad de lo que el Señor Jesús ha hecho en mi y como Él es de bueno, misericordioso, y como Él me ha redimido (comprado con Su Sangre para ser libre) y como ha quitado la carga del pecado en la cruz. Y lo que yo  he recibido por gracia, lo doy también a mis amigos como los enemigos.  Así ellos pueden disfrutar de los benéficos que Dios tiene para cada uno en Jesucristo Su Hijo. Por lo tanto, voy a caminar siendo guiado por el Espíritu Santo  en misericordia y compasión como Él lo hizo conmigo. No busco el juicio ni la condenación de los que están en el mundo,  y cuando alguien se levanta en mi contra le bendigo en el nombre del Señor  Jesús y pongo la situación ante mi Padre Celestial para que El obre con justicia.  El Señor Jesús me enseña en Su Palabra que soy bendecido cuando doy a los que me rodean  porque yo recibo de El una medida abundante y rebosante.  Esa es la bendición de ser un dador en el Reino de Dios.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com