miércoles, 8 de febrero de 2012

El Señor Jesús dijo que tocad, buscad y que llamara.


Mateo 7:7-8,13-14; Marcos 11:22-24; Proverbios 8:17; Deuteronomio 4:29; Jeremías 29:12-13; 1 Juan 5:14-15; Juan 10:10 Deuteronomio 28:1-2; Lucas 13:24; Efesios 1:3

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

Yo amo a los que me aman,  Y me hallan los que temprano me buscan.

Más si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.

Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.  Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuando pido de acuerdo a la Palabra de Dios, pido de acuerdo a Su voluntad y sé que voy  a recibir.  Voy a buscar y seguiré buscando en Su Palabra y el Señor Jesús ha prometido que lo voy a encontrar cuando le busco de todo corazón.  Cuando toco la puerta (Jesús es la Puerta)  sé que me abrirá.  Confiadamente y con seguridad pido y recibiré, busco y encuentro, toco y se me abre la puerta para recibir de mi Señor Jesús, así esta escrito en Su Palabra.  Entro en la bendición de Dios que Él ha preparado para mi desde antes de la fundación del mundo, mi bendición es el Señor Jesús que mora dentro de mi.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
Hosanna.enriqueibarra@gmail.com

martes, 7 de febrero de 2012

Guardo en mi corazón la Palabra de mi Señor Jesús.


Deuteronomio 11:18-28; 2:25; 6:4-13; Josué 1:8; 24:15; Efesios 6:1-3; Éxodo 14:14; Romanos 8:31; Santiago 4:7

Por lo tanto, ustedes almacenarán estas palabras mías en su corazón y en todo su ser; átenlas en su mano como señal, pónganlas al frente, delante de sus ojos; enséñenlas cuidadosamente a sus hijos, hablando de ellas cuando se sienten en su casa, cuando viajen por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten; y escríbanlas en los marcos de las puertas de su casa y en sus postes  para que ustedes y sus hijos vivan larga vida en La Tierra que YAHWEH juró a sus padres que les daría a ellos por el tiempo que haya cielo sobre la tierra.  Porque si ustedes tienen cuidado de obedecer todos estos mandamientos que yo les estoy dando para hacerlos, amar a YAHWEH su Elohim, seguir todos su caminos y agarrarse a El; entonces YAHWEH echará a todas estas naciones delante de ustedes; y ustedes desposeerán naciones más grandes y fuertes que ustedes. Donde quiera que se plante la planta de su pie será de ustedes; su territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano y desde el Río, el Río Éufrates, al Mar Mediterráneo. Nadie los podrá hacer soportar;  YAHWEH su Elohim pondrá el temor y terror de ustedes en toda la tierra que ustedes pisen, como Él les dijo. Miren, yo estoy poniendo delante de ustedes hoy una bendición y una maldición la bendición, si escuchan a los mandamientos de YAHWEH su Elohim que yo les estoy dando hoy;  y la maldición, si no escuchan a los mandamientos de YAHWEH su Elohim, sino que se vuelven a un lado del camino que yo les ordeno hoy y siguen otros dioses que ustedes no han conocido.

Hoy comenzaré a poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos que están debajo de todo el cielo; los cuales oirán tu fama, y temblarán, y angustiarse han delante de tí.

Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu poder.  Y estas palabras, que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón.  Y repetirlas has a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y acostándote en la cama, y levantándote: Y atarlas has por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos. Y escribirlas has en los postes de tu casa, y en tus portadas. Y será, que cuando Jehová tu Dios te hubiere metido en la tierra, que juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, para dártela a ti, ciudades grandes y buenas, que tú no edificaste; Y casas llenas de todo bien, que tú no henchiste, y cisternas cavadas, que tú no cavaste, viñas y olivares que tú no plantaste: y comieres, y te hartares; Guárdate que no te olvides de Jehová, que te sacó de tierra de Egipto de casa de siervos. A Jehová tu Dios temerás, y a él servirás y por su nombre jurarás:

El libro de esta ley nunca se apartará de tu boca; antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y entonces todo lo entenderás.

Si mal os parece servir a Jehová,  escogeos hoy a quién sirváis;  si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres cuando estuvieron al otro lado del río,  o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis;  pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre que es el primer mandamiento con promesa,  para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra.

Jehová peleará por vosotros,  y vosotros estaréis tranquilos.

¿Qué,  pues,  diremos a esto?  Si Dios es por nosotros,  ¿quién contra nosotros?

Someteos,  pues,  a Dios;  resistid al diablo,  y huirá de vosotros.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Someto mi corazón, alma y mente a la Palabra de Dios. Medito en ella en su totalidad y ato todos Sus estatutos, como si se tratara de una señal en la mano y un adorno delante de mis ojos.  Escribo Su Palabra en los postes de la puerta de mi casa y en los portones.  Por la Palabra de mi Padre Celestial los días de mis hijos se multiplican. Yo lo amo y ando en todos Sus caminos.  Estoy decidido a unirme a Jesús en amor. Él siempre está conmigo. El expulsa a mis enemigos de delante de mí y los despoja.  Cada lugar que la suela de mis zapatos pisa es mía, por lo tanto la reclamo para el reino de Dios.  No hay un alma en toda la creación que tenga la capacidad de triunfar sobre mí.  El Señor Jesús pone ante mí la elección de vivir bajo Su bendición, o bajo la maldición.  La elección es mía.  Puedo ser bendecido si elijo creer y obedecer a Su Palabra y Sus estatutos, o puedo ser maldecido si decido rechazarlas.  ¡Escojo la bendición!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
Hosanna.enriqueibarra@gmail.com

lunes, 6 de febrero de 2012

Sigo el Camino del Señor Jesús y Su Palabra.


Salmo 119:34-38; 1 Corintios 2:6-16; 2Corintios 1:20; 1 Juan 5:20; Isaías 33:15; 46:4; 55:11; Gálatas 3:14

Dame entendimiento para obedecer tu ley, y de todo corazón yo la cumpliré. Guíame por el camino de tus mandatos, porque en él me encuentro a gusto. Haz que mi mente se concentre en cómo seguir tus enseñanzas y no en cómo tener ganancias mal habidas. Aleja de mi mente los pensamientos inútiles, dame vida para vivir en tus caminos. Cumple la promesa que le hiciste a tu siervo, la que haces a los que te respetan.

Ahora bien, es cierto que enseñamos sabiduría entre los que son maduros. Pero la sabiduría que compartimos no viene de este mundo ni de los que lo gobiernan, quienes están perdiendo todo su poder.  Lo que enseñamos es la sabiduría secreta de Dios que ha estado oculta desde el comienzo del mundo. El propósito de Dios es usar esta sabiduría para nuestra gloria. Y ninguno de los gobernantes de este mundo la entiende. Si la hubieran conocido, no habrían crucificado al glorioso Señor.  Pero, así dice la Escritura: Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, y nadie ha imaginado lo que Dios tiene preparado para aquellos que lo aman.  Pero Dios nos ha mostrado eso por medio del Espíritu porque lo sabe todo, incluso los secretos más profundos de Dios.  Nadie puede saber los pensamientos de los demás. El único que sabe los pensamientos de alguien es el espíritu que está dentro de él. Igualmente, nadie sabe los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios.  Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para poder entender lo que Dios nos ha dado. Cuando hablamos de eso, no usamos las palabras que nos enseñan los humanos, sino las que nos enseña el Espíritu. Usamos palabras espirituales para explicar lo espiritual.  El que no es espiritual no acepta lo que viene del Espíritu de Dios porque le parece una tontería. No puede entenderlo porque eso tiene que juzgarse espiritualmente.  En cambio, el que es espiritual puede juzgarlo todo, pero a él nadie lo puede juzgar. Pues así dice la Escritura: ¿Quién conoce la mente del Señor? ¿Quién puede darle consejo?  Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.

 No importa cuántas promesas haya hecho Dios, Cristo siempre ha sido el sí de todas ellas. Por eso, por medio de Jesucristo, cuando alabamos a Dios decimos: Así sea (Amen).

También sabemos que el Hijo de Dios vino y nos dio el entendimiento para conocer a Dios, al único Dios verdadero. Nosotros lo conocemos, pues estamos en su Hijo Jesucristo. El Padre es el verdadero Dios y la vida eterna.

Los que vivan justamente y hablen de manera honesta; los que rechacen el dinero obtenido explotando al pueblo; los que no acepten sobornos; los que se nieguen a participar en asesinatos y aparten sus ojos del mal.

 Los seguiré cargando cuando envejezcan y les salgan canas. Yo te hice y yo te cuidaré, te cargaré y te salvaré.

 Así también pasa con mi mensaje, no volverá a mí vacío, sino que hará lo que yo quiero y cumplirá bien el propósito para el que lo envío.

Cristo hizo eso para que las bendiciones que recibió Abraham llegaran a las demás naciones. Las bendiciones vienen a través de Jesucristo para que por medio de la fe pudiéramos recibir el Espíritu que Dios prometió.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

 Mi Padre Celestial me revela los significados más profundos de Su Palabra a través de Su Espíritu  y me guía a obedecerla con todo mi corazón. El Señor Jesús es la Palabra de Dios y Él es el Camino claro para mí en medio de esta selva espinosa del mundo. Se trata de la única fuente segura (no hay otro camino al Padre Celestial).  Mi corazón se fija en Su Palabra y no en la avaricia.  Aparto mis ojos de las formas inútiles del mundo y quito de mi vida todo aquello que no honra a Dios.  Mi vida está establecida y preservada a través de la Palabra de mi Señor Jesús y a través de Él he recibido la  promesa hecha a Abraham: la bendición del Espíritu Santo por medio de la fe.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
Hosanna.enriqueibarra@gmail.com