viernes, 6 de julio de 2012

Vivo confiado en la Palabra del Señor Jesús no por vista.


2 Corintios 5:1-7;  Juan 14:1-3; 16:23-24; 2 Corintios 4:13; 5:17; 2 Pedro 1:4; 1 Corintios 15:50-57; Efesios 1:13-14; Hebreos  11:1; Romanos 8:11

De hecho, sabemos que si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. Mientras tanto suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, porque cuando seamos revestidos, no se nos hallará  desnudos.  Realmente, vivimos en esta tienda de campaña, suspirando y agobiados, pues no deseamos ser desvestidos sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.  Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas.  Por eso mantenemos siempre la confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del Señor.  Vivimos por fe, no por vista.

 "No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí.  En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.  Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.

En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Escrito está: "Creí, y por eso hablé."* Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos, y por eso hablamos.

Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

 Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.*

 Les declaro, hermanos, que el cuerpo mortal no puede heredar el reino de Dios, ni lo corruptible puede heredar lo incorruptible.  Fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados,  en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados.  Porque lo corruptible tiene que vestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad.  Cuando lo corruptible se vista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: "La muerte ha sido devorada por la victoria."  "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?"  El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley.  ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!

 Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios,* para alabanza de su gloria. Por eso yo, por mi parte, desde que me enteré de la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los santos

 Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.
Si mi hogar en esta tierra fueran destruidos, tengo la tranquilidad de saber que tengo una casa que me espera en el cielo - una casa no construida con manos de hombre, ni de origen humano, o diseñada por la mente humana.  Mi casa en el cielo  se adapta perfectamente a mis necesidades y a mi personalidad, porque ha sido diseñada por el Maestro y Arquitecto del universo que sabe todo acerca de mí.  De la misma manera, añoro ser vestido con mi cuerpo celestial.  Sé que lo que me espera en el cielo supera con creces lo que tengo aquí en la tierra, porque estoy destinado a ser vestido con un cuerpo perfecto e imperecedero. No fui diseñado para vivir en una vivienda mortal, por lo tanto, anhelo estar vestido con mi cuerpo inmortal, para que todos los aspectos de la muerte sean absorbidos por la Vida que es Cristo Jesus.   Dios me ha hecho para este fin y me ha dado el Espíritu Santo como garantía de lo que está por venir. En este sentido, me alegro y tengo la confianza que aunque  vivo en este cuerpo mortal, puedo experimentar la presencia del Señor Jesus, por el poder del Espíritu Santo dentro de mí, por lo que puedo caminar por fe y experimentar la bienaventuranza celestial de Su presencia y Su poder.  No me muevo por lo que veo, siento, o experimento en mi cuerpo mortal, sino por mi fe en El Señor Jesús, quien es mi vida y bendición en esta tierra.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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miércoles, 4 de julio de 2012

El Señor Jesús me ha dado la primicia de Su Espíritu.


Romanos 8:23-30; Hebreos 11:1; 1 Corintios 14:2, 4-5 ,13, 17-18; 2 Pedro 1:4; 2 Corintios 5:2-5, 17; Efesios 1:4-14; 2:6-10; 4:30; 6:18; 2 Timoteo 2:19; 1 Pedro 2:9

Y no solo ella,  sino que también nosotros mismos,  que tenemos las primicias  del Espíritu,  nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,  esperando la adopción,  la redención de nuestro cuerpo,  porque en esperanza fuimos salvos;  pero la esperanza que se ve,  no es esperanza;  ya que lo que alguno ve,  ¿para qué esperarlo?  Pero si esperamos lo que no vemos,  con paciencia lo aguardamos.  De igual manera,  el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad,  pues qué hemos de pedir como conviene,  no lo sabemos,  pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.  Pero el que escudriña los corazones  sabe cuál es la intención del Espíritu,  porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.  Sabemos,  además,  que a los que aman a Dios,  todas las cosas los ayudan a bien, esto es,  a los que conforme a su propósito son llamados.  A los que antes conoció,  también los predestinó  para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo,  para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.  Y a los que predestinó,  a estos también llamó;  y a los que llamó,  a estos también justificó;  y a los que justificó,  a estos también glorificó.

Es,  pues,  la fe la certeza de lo que se espera,  la convicción de lo que no se ve.

El que habla en lenguas no habla a los hombres,  sino a Dios,  pues nadie lo entiende,  aunque por el Espíritu  habla misterios.

El que habla en lengua extraña,  así mismo se edifica;  pero el que profetiza,  edifica a la iglesia.  Yo desearía que todos vosotros hablarais en lenguas,  pero más aún que profetizarais,  porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas,  a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.

Por lo tanto,  el que habla en lengua extraña,  pida en oración poder interpretarla.

Tú,  a la verdad,  bien das gracias;  pero el otro no es edificado.  Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros.

Por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas,  para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina,  habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones.

Y por esto también gemimos,  deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial,  pues así seremos hallados vestidos y no desnudos.  Asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia,  pues no quisiéramos ser desnudados,  sino revestidos,  para que lo mortal sea absorbido por la vida.  Pero el que nos hizo para esto mismo es Dios,  quien nos ha dado el Espíritu como garantía.

De modo que si alguno está en Cristo,  nueva criatura  es: las cosas viejas pasaron;  todas son hechas nuevas.

Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha  delante de él. Por su amor,  nos predestinó para ser adoptados  hijos suyos  por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,  para alabanza de la gloria de su gracia,  con la cual nos hizo aceptos en el Amado. En él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,   que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia.  Él nos dio a conocer el misterio  de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en el cumplimiento de los tiempos establecidos,  así las que están en los cielos como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados  conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros  los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación,  y habiendo creído en él,  fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,  que es las arras  de nuestra herencia hasta la redención de la  posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Juntamente con él nos resucitó,  y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios.  No por obras,  para que nadie se gloríe, pues somos hechura suya,  creados en Cristo Jesús para buenas obras,  las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados  para el día de la redención.

Orad en todo tiempo  con toda oración y súplica en el Espíritu,  y velad en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Pero el fundamento  de Dios está firme,  teniendo este sello: "Conoce el Señor a los que son suyos"  y  "Apártese de maldad todo aquel que invoca el nombre de Cristo".

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio,  nación santa,  pueblo adquirido por Dios,  para que anunciéis las virtudes  de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Soy hijo de Dios y partícipe de los frutos del Espíritu Santo.  De mi interior brotan   gemidos que no entiendo mientras espero con paciencia la redención de mi cuerpo.   Esta es la demostración de mi fe, de la misma manera, el Espíritu Santo me ayuda en mis debilidades, porque no siempre se exactamente qué pedir, pero el Espíritu me ayuda en mi ruego, con gemidos insondables. Mi Padre Celestial, busca en mi corazón y conoce las intenciones del Espíritu Santo que mora dentro de mí, porque Él intercede por mí de acuerdo a la voluntad perfecta de Dios.  Por lo tanto, con Dios guiando mi oración, sé que todo lo que estoy orando en el espíritu [de conformidad con la guía del Espíritu Santo] obrarán para mi bien.  Amo a mi Padre Celestial con todo mi corazón.  Él me ha dado un propósito específico en Su gran plan y lo cumpliré con alegría.  Mi Padre Celestial me conocía antes del principio de los tiempos y ha destinado para ser transformado según la imagen del Señor Jesús.  El Señor Jesús se ha convertido en mi hermano mayor. Él es el primogénito de la familia de Dios.  Ahora soy un hijo de Dios, estoy predestinado para tener la misma naturaleza de mi Señor Jesús, y al ser predestinado, también he sido llamado y  justificado, y siendo justificado también he sido glorificado.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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martes, 3 de julio de 2012

Confió, cuando hablo en el Nombre del Señor Jesús.


Lucas 17:5-10; Marcos 9:23; Mateo 17:20; Marcos 11:22-25; Juan 15:7; 2 Corintios 4:13; Hebreos 11:1

Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: ¡Aumenta nuestra fe!
Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza les respondió el Señor, podrían decirle a este árbol: Desarráigate y plántate en el mar, y les obedecería. Supongamos que uno de ustedes tiene un siervo que ha estado arando el campo o cuidando las ovejas. Cuando el siervo regresa del campo, ¿acaso se le dice: Ven en seguida a sentarte a la mesa?  ¿No se le diría más bien: Prepárame la comida y cámbiate de ropa para atenderme mientras yo ceno; después tú podrás cenar?  ¿Acaso se le darían las gracias al siervo por haber hecho lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, deben decir: Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber.

¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible.

Porque ustedes tienen tan poca fe  les respondió. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: Trasládate de aquí para allá, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.

Tengan fe en Dios respondió Jesús. Les aseguro que si alguno le dice a este monte: Quítate de ahí y tírate al mar, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá. Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán. Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, lo que quieran pedir se les concederá.

Escrito está: "Creí, y por eso hablé."* Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos, y por eso hablamos.

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Puedo usar mi fe como si se tratara de una semilla. Cuando declaro Escritura de Dios estoy sembrando semillas de vida; le hablo a un problema y creo que esas cosas que digo de acuerdo a la Palabra de Dios, eso va a suceder.  Voy a tener las cosas que digo, aunque no pueda verlas, sé que algo está sucediendo, porque mi semilla de fe ha entrado en la situación y está haciendo su trabajo.  Al alinear mis palabras con la Palabra de Dios, todo lo que diga tiene que obedecer a la Palabra de mi Señor Jesus.  Mi fe es como un siervo y mi deber es ponerlo a trabajar para hacer la voluntad de mi Padre Celestial, para traer Su reino a la tierra.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

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