lunes, 14 de mayo de 2012

En el Señor Jesús tengo vida en abundancia.


Romanos 8:1-2; Juan 5:24; 17:20-26; 1 Juan 2:1-2; 1 Corintios 15:45, 56-57; Romanos 7:24-25; 8:31-39

Así pues, ahora Dios no condena a los que están unidos a Cristo Jesús  porque por medio de Cristo Jesús, la ley del Espíritu que da vida te liberó de la ley que trae pecado y muerte.

Les digo la verdad: si alguien oye mis palabras y cree en el Padre que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, porque ya ha pasado de la muerte a la vida.

Estoy orando por estos hombres, pero te pido también por los que creerán en mí por medio de la enseñanza de ellos. Padre, te pido que todos los que crean en mí sean uno, así como tú estás en mí y yo estoy en ti. Te pido que ellos sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado a ellos la misma gloria que tú me has dado para que sean uno, así como tú y yo somos uno.  Yo estaré en ellos y tú estarás en mí para que estén perfectamente unidos. Así el mundo sabrá que tú me enviaste y que tú los amas a ellos como me amas a mí. Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo esté para que ellos vean la gloria que tú me diste, pues tú me amaste antes de la creación del mundo. Padre justo, la gente del mundo no te conoció, pero yo y estos también saben que tú me enviaste. Les mostré cómo eres y lo seguiré haciendo para que el amor con que tú me amas esté en ellos y yo viva en ellos.

Hijitos míos, les escribo esto para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un defensor ante Dios: Jesucristo, el Justo.  Él sacrificó su vida para quitar nuestros pecados y no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo.

Así dice la Escritura: El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo. El último Adán, es decir Cristo, se convirtió en Espíritu que da vida.

El poder que tiene la muerte para matar es el pecado. El poder del pecado es la ley. Pero demos gracias a Dios que nos ha dado la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo.

¡Eso es terrible! ¿Quién me salvará de este cuerpo que me causa muerte?  ¡Dios me salvará! Le doy gracias a él por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que en mi mente soy esclavo de la ley de Dios, pero en mi naturaleza humana soy esclavo del pecado.

¿Qué podemos decir sobre todo esto? Si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar contra nosotros. Dios llegó incluso a permitir que su propio Hijo muriera por nosotros. Con toda seguridad nos dará junto con su Hijo todo lo que tiene. ¿Quién podrá acusar al pueblo que Dios ha escogido? Dios es el que nos aprueba. ¿Quién va a condenarnos? Cristo fue quien murió por nosotros y además resucitó. Ahora Cristo está sentado a la derecha de Dios y está rogando por nosotros. ¿Podrá algo separarnos del amor de Cristo? Ni las dificultades, ni los problemas, ni las persecuciones, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro ni tampoco la muerte. Así dicen las Escrituras: Por ti estamos siempre en peligro de muerte, nos tratan como si fuéramos ovejas que van al matadero.  Más bien, en todo esto salimos más que victoriosos por medio de Dios quien nos amó.  Pues estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes diabólicos, ni lo que existe, ni lo que vendrá en el futuro, ni poderes espirituales, ni tampoco lo alto o lo profundo, ni ninguna criatura que existe. Nada podrá separarnos del amor de Dios que se encuentra en nuestro Señor Jesucristo.  Pues estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes diabólicos, ni lo que existe, ni lo que vendrá en el futuro, ni poderes espirituales, ni tampoco lo alto o lo profundo, ni ninguna criatura que existe. Nada podrá separarnos del amor de Dios que se encuentra en nuestro Señor Jesucristo.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Ahora, pues, ninguna condenación hay para mi (no hay quien me acuse de culpabilidad), ya que hoy estoy en la Unción de Jesús mi Dios. Me he convertido en uno con el Señor Jesús. La ley del Espíritu de la Vida en el Señor Jesús me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Hoy vivo en Cristo Jesús. ¡Aleluya!  ¡Aleluya!  Amen.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

Nota: Este blog esta todos los días en la misma dirección, búscalo y compártelo con tus amigos y familiares.  

domingo, 13 de mayo de 2012

El Espíritu del Señor Jesús da testimonio de mi Justificación.


Gálatas 5:5-6; 2 Corintios 4:13, 5:7; Romanos 8:14; Santiago 1:2-8, 22-25; 2:14-26; Hebreos 10:35-11:1

Pues es por el poder del Espíritu Santo, que obra en nosotros, por lo que confiamos y estamos llenos de fe; y confiadamente  aguardamos que nuestra esperanza de obtener justificación sea cumplida. Cuando estamos unidos con el Ungido Jesús, ni ser circunciso, ni estar incircunciso importa; lo que importa es la confianza con llenura de fe expresada por medio del amor.

Escrito está: "Creí, y por eso hablé." Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos, y por eso hablamos.

 Vivimos por fe, no por vista.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento.  Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor; es indeciso e inconstante en todo lo que hace.

No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.


Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado. Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.  Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Por la confianza en la Palabra de Dios (la fe), y con la guía del Espíritu Santo dentro de mí, he comprendido ahora que he sido justificado por la Sangre derramada por el Señor Jesús en aquella cruz, esa es la Esperanza de Gloria en la que estoy establecido.  No importa que sea judío, griego, o de otra nacionalidad, lo único que importa es mi fe en Jesús (en Su Palabra) y mientras viva haciendo y obrando en la ley del amor, mi fe actuará y producirá mucho fruto de acuerdo a la voluntad del Señor Jesús mi Dios.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

Nota: Este blog esta todos los días en la misma dirección, búscalo y compártelo con tus amigos y familiares

sábado, 12 de mayo de 2012

Bendito el justificado por el Señor Jesús


Salmo 112:1-9; 1:1-3; 102:28; Proverbios 1:33; 3:16, 24; 8:18; 10:7 ; Génesis 12:1-3; 13:2; Mateo 5:14-16; 2 Timoteo 1:7; Números 14:8; Hebreos 13:9; Isaías 12:2

¡Halleluyah!   Bendecido es el hombre que teme a YAHWEH,  grandemente se deleita en sus mandamientos  Su zera será poderosa en la tierra, una generación bendita de gente recta.   Gloria y riquezas habrá en su casa,  y su justicia permanece para siempre.  Para los rectos El resplandece como una luz en la oscuridad, misericordioso, compasivo y justo.  El buen hombre es aquél que es misericordioso y presta,   el que conduce sus asuntos con equidad;  porque él nunca será movido.  Los justos serán recordados para siempre.  No será movido para siempre; נ  su corazón está firme, confiando en YAHWEH.  Su corazón está firme, no tendrá temor,  hasta que vea su deseo sobre sus enemigos.  El distribuye libremente, da al pobre;  su justicia permanece para siempre, su cuerno será exaltado con honor. Los pecadores estarán indignados cuando vean esto;  crujirán los dientes y se consumirán,  los deseos del pecador perecerán.

Bienaventurado  el varón  que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la ley de Jehová está su delicia  y en su Ley  medita de día y de noche.  Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo  y su hoja no cae,  y todo lo que hace prosperará.

Los hijos de tus siervos habitarán seguros  y su descendencia será establecida delante de ti.

Pero el que me escuche vivirá confiadamente,  estará tranquilo,  sin temor del mal.

Larga vida hay en su mano derecha,  y en su izquierda,  riquezas y honra.

Cuando te acuestes,  no tendrás temor, sino que te acostarás y tu sueño será grato.

Las riquezas y el honor me acompañan;  los bienes permanentes y la justicia.

La memoria del justo es bendecida, mas el nombre de los malvados se pudrirá.

Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra,  de tu parentela y de la casa de tu padre,  a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande,  te bendeciré,  engrandeceré tu nombre y serás bendición.  Bendeciré  a los que te bendigan,  y a los que te maldigan maldeciré;  y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Abram era riquísimo en ganado,  y en plata y oro.

Vosotros sois la luz del mundo;  una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz  y se pone debajo de una vasija,  sino sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,  para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía,  sino de poder,  de amor y de dominio propio.

Si Jehová se agrada de nosotros,  él nos llevará a esta tierra y nos la entregará;  es una tierra que fluye leche y miel.

No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas.  Es mejor afirmar el corazón con la gracia,  no con alimentos que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellos.

He aquí,  Dios es mi salvación;  me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es Jah, Jehová,  quien ha sido salvación para mí.

 Leer también:
Deuteronomio 28:1-14; Mateo 16:19-33; Malaquías 3:6-12; 2 Corintios 9:5-11


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Le doy la gloria y honra con toda la debida reverencia al Señor Jesús y encuentro gran deleite en Su Palabra. Soy bendecido en todo lo que hago. La abundancia de las riquezas están en mi casa y Su justicia no tiene fin. Él me ha enseñado a ser misericordioso y compasivo, al igual que Él.  En Él, la oscuridad se convierte en luz en mi presencia. No tengo ninguna tiniebla. Las cosas buenas me alcanzan siempre, pues he aprendido la bendición de dar libremente para la proclamación del reino de Dios. Yo soy conocido como un hombre justo y recto. Puedo distribuir los regalos con regularidad a las personas necesitadas y la aprobación de Dios (Su Justicia) permanece para siempre. Cuando las malas noticias vienen, no me muevo. Cuando el espíritu de temor viene contra mí, yo le hago frente con valentía. Yo sé en quien he fijado mi confianza y mi victoria me es dada absolutamente por Jesús.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor, te invito a  hacer  la siguiente oración creyendo en tu corazón y Jesucristo será tu Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.

Nota: Este blog esta todos los días en la misma dirección, búscalo y compártelo con tus amigos y familiares.