domingo, 17 de julio de 2011

El Señor Jesús se ha manifestado trayendo Salvación.


El Señor Jesús se ha manifestado trayendo Salvación.

Tito 2:11-15; Mateo 13:11,15; Efesios 1:17-23; Romanos 12:1-2
En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.   Esto es lo que debes enseñar. Exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie.

·        A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no.

·        Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han tapado los oídos, y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría.

·        Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos,  y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz  que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo,  y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.

·        Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.  No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

El favor de Dios que trae salvación me ha sido revelado en toda su plenitud.  Me enseña a decir "no" a toda impiedad y a los deseos mundanos y a vivir una vida con dominio propio, con justicia y piedad mientras con entusiasmo y expectativa  espero la bendita esperanza y la manifestación gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, quien se entregó por mí a fin de hacerme Su propio hermano, y para redimirme de toda iniquidad y purificarme hasta el punto que estoy  dispuesto a hacer sólo lo que es justo y piadoso.  Estas cosas son las que hago y enseño con toda autoridad, para reprender el mal, pero sobre todo alentando a otros y promoviendo  lo que es bueno en ellos, porque Jesús ahora mora dentro de nuestros corazones.


Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

sábado, 16 de julio de 2011

Soy Hijo de Dios por el sacrificio del Señor Jesús.



Hechos 17:16-29; Génesis 1:26-28; Deuteronomio 32:8; Salmo 90:17; Romanos 8:14-17

De un solo hombre hizo todas las naciones  para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren. En verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros,  “puesto que en él vivimos, nos movemos y existimos.” Como algunos de sus propios poetas griegos han dicho: 'De él somos descendientes.'  "Por tanto, siendo descendientes de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea como el oro, la plata o la piedra: escultura hecha como resultado del ingenio y de la destreza del ser humano.

·        Y dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes,  y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo." Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó,  y los bendijo con estas palabras: "Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo."

·        Cuando el Altísimo dio su herencia a las naciones, cuando dividió a toda la humanidad, les puso límites a los pueblos según el número de los hijos de Israel.

·        Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos; sí, confirma la obra de nuestras manos.

·        Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.  Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!"  El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.  Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Soy de una sola sangre con cada persona y raza sobre la faz de la tierra.  Por lo tanto, no hay absolutamente ningún lugar para el prejuicio o el racismo de cualquier tipo en mi corazón.  Dios ha establecido un lugar seguro para que viva, donde puedo buscarlo y vivir para El.  En El vivo, me muevo y existo.  Soy un espíritu recreado, nacido de nuevo, hijo del Dios Vivo y partícipe de Su naturaleza divina.  Soy hijo y también heredero del reino de Dios.  No soy tan tonto como para pensar que se puede inventar a Dios de acuerdo a lo que yo creo que debería ser.  Él Es quien Es, y se ha revelado a mí vida a través de Su Palabra.


Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

viernes, 15 de julio de 2011

Tengo la autoridad delegada por el Señor Jesús.



Mateo 18:18-20; Mateo 6:10;  2Corintios 5:20; Juan14:13-14; Hebreos 10:25; Hechos 20:7 

De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo;  y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo.  Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan,  les será hecho por mi Padre que está en los cielos,  porque donde están dos o tres congregados en mi nombre,  allí estoy yo en medio de ellos.


·        Venga tu reino.  Hágase tu voluntad,  como en el cielo,  así también en la tierra.

·        Así que,  somos embajadores en nombre de Cristo,  como si Dios rogara por medio de nosotros;  os rogamos en nombre de Cristo:  Reconciliaos con Dios.

·        Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre,  lo haré,  para que el Padre sea glorificado en el Hijo.  Si algo pedís en mi nombre,  yo lo haré.

·        No dejando de congregarnos,  como algunos tienen por costumbre,  sino exhortándonos;  y tanto más,  cuanto veis que aquel día  se acerca.

·        El primer día de la semana,  reunidos los discípulos para partir el pan,  Pablo que tenía que salir al día siguiente,  les enseñaba,  y alargó el discurso hasta la medianoche.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Tengo la misma autoridad del cielo conmigo aquí en mi caminar por esta tierra.  Es mi responsabilidad establecer en la tierra lo que ya ha sido establecido para mí en el cielo.  Por lo tanto, voy a caminar por la autoridad delegada por el Señor Jesus,  atando en la tierra aquello que ya ha sido atado por mí en el cielo y desatando en la tierra todo lo que ha sido desatado en el cielo para mí.
Soy parte del cuerpo de Jesús, y en mi caminar cristiano cuando me junto con mis hermanos y hermanas en Cristo y estamos de acuerdo en perfecta armonía esperando la respuesta específica a nuestra oración, nuestro Padre Celestial se encarga de que sea hecho lo que pedimos. 
Porque donde quiera que nos unimos en perfecta comunión con otros creyentes en oración,  y tomemos nuestro lugar en la autoridad del nombre de Jesús, Él mismo, el gran Yo Soy, está ahí en medio de nosotros, dándonos el  poder necesario para recibir respuesta a nuestra oración.


Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.