martes, 28 de febrero de 2012

El Señor Jesús dio bienaventuranza a mis ojos y oídos.


Mateo 13:11-12, 15-16; Lucas 8:10; 1 Corintios 2:6-16; Daniel 1:4, 17, 20; 2:22-23; Juan 10:10; Salmo 107:20; 1 Juan 2:20; 5:20
 
Jesús respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente,  Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos,  Y con el corazón entiendan,  Y se conviertan,  Y yo los sane.  Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.

Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,  Ni han subido en corazón de hombre,  Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá?  Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

Muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.

A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.

En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.

El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz. A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos; pues nos has dado a conocer el asunto del rey.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Envió su palabra, y los sanó,  Y los libró de su ruina.

Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Señor Jesús me ha dado la facultad de conocer los secretos y misterios del Reino de los Cielos.  Me ha dado sabiduría y conocimiento y Dios está continuamente vertiendo más y más en mi vida para que pueda ser ricamente abastecido para  vivir en la plenitud de Sus leyes de la abundancia.  Los ojos de mi entendimiento han sido iluminados por la Palabra de Dios, ahora puedo ver con ojos de discernimiento y  escuchar con oídos de comprensión.   Entiendo y reconozco las cosas del espíritu.  Soy receptivo al poder sanador de Dios.  Me siento bendecido, feliz, y afortunado  porque tengo la capacidad dada por Dios para ver y escuchar las cosas como realmente son.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com

Fortalecido en la fuerza del Señor Jesús.

Efesios 6:10-18; Colosenses 1:27-29; 2 Corintios 2:11;4:13; 5:7, 21; 6:7; 10:3-6; Marcos 16:17-18; Lucas 10:19; 1 Juan 4:1-4; 5:14-15
Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación,  y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;  orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.
A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.
Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
Porque por fe andamos, no por vista.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
En palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra;
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.
Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.  Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.
Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
Apoyándonos también en: Romanos 8:37-38; Salmo 91:13: Isaías 11:5;  52:7; 59:17; 1 Tesalonicenses 5:8: Hebreos 2:5-10; 4:12; 10:35-11:1; Filipenses 1:4; Juan 14:13-14; 1 Corintios 14:15 y Josué 1:5-9
  
DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.
Soy fuerte en el Señor Jesús, y en el poder de Su fuerza.  Llevo puesta continuamente toda la armadura de Dios para vencer los malvados planes del diablo, porque sé que mi lucha no es contra carne y sangre (hombres o adversarios físicos), sino contra los principados y potestades, los gobernadores de las tinieblas de este mundo, y las fuerzas de la maldad en el reino espiritual.  Como un soldado en el ejército de Dios, soy muy capaz de defenderme (como un conquistador), contra las fuerzas de ataque. Y después de haber hecho todo lo que tengo que hacer para derrotarlos, sea cual sea la situación, yo estaré como un vencedor, con el diablo debajo de mis pies a donde pertenece.  Estoy, por lo tanto, con el cinturón de la verdad sobre mis lomos, porque la verdad es la que mantiene toda mi armadura junta. Tengo la coraza de justicia, el hecho de que soy la justicia de Dios en Jesucristo,  asegura mi corazón.  Mis pies están equipados con el apresto del Evangelio de la Paz.  Las trampas de Satanás no me toman desprevenido y siempre estoy dispuesto a pisotear su reino y creo firmemente en establecer el Reino de Dios en la tierra.  Tengo el escudo de la fe para extinguir todos los dardos de fuego del enemigo y cubrirme y avanzar.  Cuando un dardo de fuego de la enfermedad me ataca, creo en la Palabra de Dios y la declaro con fe y se apaga la enfermedad. Cuando un dardo de fuego de desastre financiero me ataca, le hablo la Palabra de Dios sobre esa situación y se apaga.  Cuando un dardo de fuego viene, yo uso mi fe, creyendo y hablando la Palabra de Dios sobre el problema hasta que el problema se elimina.  Tengo el yelmo de la salvación para proteger mi mente en contra de todos los pensamientos diseñados para hacerme renunciar a mi fe.  Sé, sin sombra de duda de que lo que el Señor Jesús hizo por mí es Verdad y que no importa lo que pasa en mi vida, voy a estar con Él por toda la eternidad.  Por lo tanto, no hay absolutamente ninguna razón para ceder, no, al contrario, me quedaré en la lucha hasta que mi victoria sea completa y Dios recibe la gloria! Como un soldado y conquistador avanzo con el Señor Jesus, empuñando el arma más poderosa en el universo, la Espada del Espíritu, que es la misma Palabra del Dios Vivo.  Con la Palabra de Dios disperso y extermino al enemigo que tontamente trata de atacarme. Por último, me mantengo en oración y súplica en el Espíritu, velando con toda perseverancia y súplica por todos los santos. He sido llamado a ser un guerrero de oración para el Señor Jesús y nunca voy a permitir que el diablo me detenga, me desaliente  o me haga renunciar a mi fe en la Palabra de Dios.
Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.
Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com

domingo, 26 de febrero de 2012

Estoy listo Señor Jesús.


Joel 3: 9-10; 1 Corintios 15:57; Efesios 6:10-18; 2 Timoteo 1:6-7; Filipenses 3:12-14
 
Proclamen esto entre las naciones: ¡Prepárense para la batalla!   ¡Movilicen a los soldados!  ¡Alístense para el combate todos los hombres de guerra!  Forjen espadas con los azadones  y hagan lanzas con las hoces.  Que diga el cobarde: "¡Soy un valiente!"
Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.  Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación,  y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

A pesar que mi victoria ha sido sellada y la lucha por mi libertad se ha acabado, todavía existe una guerra espiritual y he determinado ganarla en el Nombre que es sobre todo nombre. Me preparo para la batalla diaria, me mantengo en un estado de vigilancia permanente. Cuando el enemigo y las adversidades desfavorables para mi vida vienen en mi contra, las ataco sin piedad con La Palabra de Dios que es mi espada de doble filo.  Confieso la Palabra de Dios con mi boca y en el nombre del Señor Jesús las declaro con fe ante cualquier circunstancia y las echo fuera de mi vida. No voy a permitir que las debilidades, errores, o locura de mi pasado me detengan. Me paro firme y creo que soy lo que Dios dice que soy y puedo hacer lo que la Palabra de Dios dice que puedo hacer: ¡Soy fuerte en el Señor Jesús y en el poder de Su fuerza!  ¡El enemigo está derrotado, mi Señor Jesús ya lo venció y en El soy más que vencedor!!!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com

viernes, 24 de febrero de 2012

El Señor Jesús es grande y Poderoso.


Nehemías 4:14-18; Josué 1:5-9; 1 Juan 4:1-4; Efesios 6: 10-18; Éxodo 14:13-14; 2 Crónicas 20:15-24; 2 Samuel 10:12  

Después inspeccioné todo esto y le hablé a los dirigentes, a los oficiales y al resto de la gente así: No tengan miedo de nuestros enemigos. Tengan presente que nuestro Dios es grande y poderoso. Luchen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, por sus esposas y por sus hogares. Nuestros enemigos se dieron cuenta que sabíamos de sus planes y que Dios les había echado todo a perder. Así que se retiraron.  Nosotros regresamos a nuestro trabajo en la muralla.   Desde aquel día, la mitad de mi gente trabajaba en la muralla y la otra mitad vigilaba con sus escudos, lanzas, arcos y armaduras. Los líderes militares permanecían detrás de toda la gente de Judá. Los constructores y sus ayudantes hacían su trabajo sosteniendo con una mano la carga y con la otra la espada. Cada uno de los constructores tenía su espada atada a un lado de su cuerpo mientras trabajaba y el que tocaba la trompeta estaba a mi lado.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.  Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.  Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.   Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.   Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,  y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.  Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;  orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

Y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.  No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.  Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová.  Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz. Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros. Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero. Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado.  

Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

No tengo miedo al enemigo que se levante en mi contra.  Estoy seguro porque el Mas Grande habita en mi corazón y con El  soy muy capaz para defender a mi esposa, hijos, hermanos, y mi hogar.  Estoy listo para hacerle frente al enemigo porque el Señor Jesús (Jehová de los Ejércitos) pelea mi batalla.  Él me ha dado Su vestidura de guerra con la cual estoy revestido perpetuamente.  Hago mi trabajo con la espada (la Palabra de Dios) en la mano.  Mi Dios es un Dios grande y temible, y pelea siempre a mi lado y a mi favor.  Mi enemigo se frustra, confundido en sus planes en mi contra.  Por lo tanto, el Señor Jesús, mi Dios, me da la victoria y me ha hecho más que vencedor en El.  Amen.  Aleluya!!

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com