miércoles, 22 de febrero de 2012

El Señor Jesús ha puesto Su Palabra en mi boca.


Jeremías 1:7-10; Isaías 55:11; Romanos 10:8; Colosenses 1:29; 2 Corintios 9:10; 10:3-6; Eclesiastés 3:1-8; Nehemías 2:17-20

Pero el Señor me dijo: No digas: Soy muy joven, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene. No le temas a nadie, que yo estoy contigo para librarte. Lo afirma el Señor. Luego extendió el Señor la mano y, tocándome la boca, me dijo: He puesto en tu boca mis palabras.  Mira, hoy te doy autoridad sobre naciones y reinos, para arrancar y derribar, para destruir y demoler, para construir y plantar.

Así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.

¿Qué afirma entonces? «La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos.

Con este fin trabajo y lucho fortalecido por el poder de Cristo que obra en mí.

El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia.

Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida  por nosotros, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones. Ésta es la confianza que delante de Dios tenemos por medio de Cristo. No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios. Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto; un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse;  un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar; un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar; un tiempo para amar, y un tiempo para odiar; un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz.

Por eso les dije: —Ustedes son testigos de nuestra desgracia. Jerusalén está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego. ¡Vamos, anímense! ¡Reconstruyamos la muralla de Jerusalén para que ya nadie se burle de nosotros! Entonces les conté cómo la bondadosa mano de Dios había estado conmigo y les relaté lo que el rey me había dicho. Al oír esto, exclamaron: —¡Manos a la obra! Y unieron la acción a la palabra.  Cuando lo supieron, Sambalat el horonita, Tobías el oficial amonita y Guesén el árabe se burlaron de nosotros y nos preguntaron de manera despectiva: —Pero, ¿qué están haciendo? ¿Acaso pretenden rebelarse contra el rey? Yo les contesté: —El Dios del cielo nos concederá salir adelante. Nosotros, sus siervos, vamos a comenzar la reconstrucción. Ustedes no tienen arte ni parte en este asunto, ni raigambre en Jerusalén.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


Iré a cada uno de los lugares que el Señor Jesús mi Dios  me envíe y hare lo que me mande a hacer. No permitiré que el miedo me interrumpa en mi vocación. Sé muy bien que el poder de Dios está dentro de mí donde quiera que vaya y no hay nada que me pueda detener. Tengo Su palabra en mi corazón y en mi boca. Voy a hablar Su Palabra  con el propósito de alcanzar  el resultado previsto. He sido designado y ungido con el poder del Espíritu Santo como líder en esta tierra con el poder de arrancar y destruir, para arruinar y para derribar, y para construir y plantar.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com

martes, 21 de febrero de 2012

El Señor Jesús aboga por mí y por Su pueblo


Isaías 51:22-23; Romanos 8:1-2, 37; Efesios 1:17-23; Hechos 26:18; 1 Juan 5:18

Así dice tu Señor y Dios, tu Dios, que aboga por su pueblo: Te he quitado de la mano la copa que te hacía tambalear. De esa copa, que es el cáliz de mi furia, jamás volverás a beber. La pondré en manos de los que te atormentan, de los que te dijeron: ¡Tiéndete en el suelo, para que pasemos sobre ti! ¡Y te echaste boca abajo, sobre el suelo, para que te pisoteara todo mundo!

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,  pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me  ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.

Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo,  y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.

Para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados.

Sabemos que el que ha nacido de Dios no está en pecado: Jesucristo, que nació de Dios, lo protege, y el maligno no llega a tocarlo.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo me ha dado Su Palabra de que nunca me hará beber del cáliz de Su ira. Todo Su trato para conmigo es de bien y nunca de mal.  El ardor de Su ira es para los que están en nuestra contra (del Padre Celestial, del Señor Jesús y de Su Espíritu Santo) que vive en mí:  los que tratan de hacerme caminar fuera del cuerpo del Señor Jesucristo para que me haga su esclavo. ¡La Palabra de Dios me ha cambiado mi vieja forma de pensar y me he convertido en hijo de Dios! ¡Nunca más seré vencido!  Ahora camino en la autoridad de mi Rey, mi Señor Jesús mi Dios en cada área de mi vida y me protege del maligno para que no me toque.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com

lunes, 20 de febrero de 2012

La fortaleza de mi corazón es el Señor Jesucristo.


Salmo 73-23-26; Juan 16:13; Salmo 16:5; 32:8; 48:14; 84:2; Filipenses 3:8

Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha. Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria. ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.


Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir.

Tú, Señor, eres mi porción y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi suerte.

El Señor dice: «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti

¡Este Dios es nuestro Dios eterno!  ¡Él nos guiará para siempre!

Anhelo con el alma los atrios del Señor; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón,  con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida.

No sólo eso, sino que yo considero todo en desventaja en comparación al valor supremo de conocer al Jesús el Cristo como mi Señor. Fue por su causa que yo abandoné todo y lo considero todo como basura para ganar a Cristo.


DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


Siempre estoy con el Señor Jesús - Él me sostiene de la mano derecha. Me guía continuamente con Su consejo conforme camino por los senderos de esta vida.  Él estará conmigo hasta el día que sea levantado para estar con El en gloria.  Este mundo no tiene nada que yo desee fuera de mi Señor Jesús. Aunque mi carne y el corazón fallen, Dios es mi fortaleza y mi porción para siempre.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme o esta Palabra te bendice favor de hacérmelo saber.
hosanna.enriqueibarra@gmail.com