lunes, 9 de enero de 2012

El Señor Jesús me ha lavado con Su sangre.


Hoy es día memorable para celebrar fiesta al Señor Jesús.

Hosanna en las Alturas, Jesús es el Señor  


 Éxodo 12:12-14; Juan 5:24; Salmo 91:1; 1 Pedro 1:18-19; Éxodo 15:26; 1 Corintios 5:7

Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto,  así de los hombres como de las bestias,  y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto.  Yo,  Jehová. La sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis;  veré la sangre y pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Este día os será memorable,  y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones;  por estatuto perpetuo lo celebraréis.

De cierto,  de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna,  y no vendrá a condenación,  sino que ha pasado de muerte a vida.

El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.

Pues ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana  manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles,  como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo,  como de un cordero  sin mancha y sin contaminación.

Les dijo: Si escuchas atentamente la voz de Jehová,  tu Dios,  y haces lo recto delante de sus ojos,  das oído a sus mandamientos y guardas todos sus estatutos,  ninguna enfermedad de las que envié sobre los egipcios traeré sobre ti,  porque yo soy Jehová,  tu sanador.

Limpiaos,  pues,  de la vieja levadura,  para que seáis nueva masa,  como sois,  sin levadura,  porque nuestra Pascua,  que es Cristo,  ya fue sacrificada por nosotros.



 DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuando el Señor Dios Todopoderoso juzga.  El,  hace una diferencia entre el mundo y los que hemos sido lavados con la preciosa sangre del Señor Jesús. El Padre Celestial me guarda en Su refugio y mientras juzga al mundo.  ¡Ninguna plaga ni mortandad  puede venir a mí para ser destruido, porque estoy cubierto con la sangre del Cordero! Amen. ¡Aleluya!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

domingo, 8 de enero de 2012

El Señor Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.


El Señor Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.

Hosanna en las Alturas, Jesús es el Señor  


 Juan 14:4-7; 1:12, 14; 8:19, 32; 10:1-11; 11:25-26; Hebreos 9:8; 10:19-20; 1 Timoteo 2:5


Y sabéis a dónde voy,  y sabéis el camino. Le dijo Tomás:
Señor,  no sabemos a dónde vas;  ¿cómo,  pues,  podemos Saber el camino?   Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocierais,  también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.

Mas a todos los que lo recibieron,  a quienes creen en su nombre,  les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Y el Verbo se hizo carne  y habitó  entre nosotros lleno de gracia y de verdad;  y vimos su gloria,  gloria como del unigénito del Padre.

Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas,  enseñando en el templo;  y nadie lo prendió,  porque aún no había llegado su hora.

Le respondieron: Descendientes de Abraham somos  y jamás hemos sido esclavos de nadie.  ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?

De cierto,  de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas,  sino que sube por otra parte,  ese es ladrón y salteador. Pero el que entra por la puerta,  el pastor de las ovejas es.  A este abre el portero,  y las ovejas oyen su voz;  y a sus ovejas llama por nombre y las saca.  Y cuando ha sacado fuera todas las propias,  va delante de ellas;  y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero al extraño no seguirán,  sino que huirán de él,  porque no conocen la voz de los extraños.  Esta alegoría les dijo Jesús,  pero ellos no entendieron qué era lo que les quería decir. Volvió,  pues,  Jesús a decirles: De cierto,  de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron,  ladrones son y salteadores,  pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta: el que por mí entre será salvo;  entrará y saldrá,  y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar,  matar y destruir;  yo he venido para que tengan vida,  y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida;  el que cree en mí,  aunque esté muerto,  vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí,  no morirá eternamente.  ¿Crees esto?

El Espíritu Santo da a entender con esto que aún no se había abierto el camino al Lugar santísimo,  entre tanto que la primera parte del Tabernáculo estuviera en pie.

Así que,  hermanos,  tenemos libertad  para entrar en el Lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo,  esto es,  de su carne.

Pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre.


 DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.


El Espíritu de la Palabra de Dios me ha enseñado que el camino a la presencia de mi Padre Celestial es únicamente a través del Señor Jesús.  Él es el Camino, la Verdad y la Vida. No hay otra manera para mí para llegar al Padre de Gloria, sino por medio de Él. En el Señor Jesús, tengo una revelación perfecta de Dios y Padre. Por medio del Señor Jesucristo, puedo ver y conocer el corazón de Dios. Si alguna vez me pregunto lo que Dios piensa de mí, puedo mirar al Señor Jesús en Su Palabra  y Él es mi respuesta.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv

sábado, 7 de enero de 2012

El Señor Jesús fue ofrecido una sola vez por mi.


Hebreos 9:24-28; Levíticos 16:2-3; Hebreos 8:2-5; 9:1, 11, 12; 10:10; Tito 3:4-7 Romanos 6:7, 14; 8:1; 1 Corintios 15:56-57; Juan 5:24; 14:1-3


Porque Cristo no entró en el Santuario hecho por mano de hombre, que era sólo copia del Santuario verdadero, sino que entró en el mismo cielo, donde ahora se presenta por nosotros ante Dios.  Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo, cada año con sangre ajena. De otra manera, a Cristo le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde la creación del mundo. Pero ahora, al final de los siglos, se presentó una sola vez para siempre, para quitar el pecado, por medio del sacrificio de sí mismo.  Y así como está ordenado que los hombres mueran una vez, y después enfrenten el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez, para quitar los pecados de muchos. Y la segunda vez, sin relación con el pecado, aparecerá para salvar a los que lo esperan ansiosamente.

Y Jehová dijo a Moisés:  Di a Aarón,  tu hermano,  que no entre en todo tiempo en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el Arca, para que no muera,  pues yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio. Aarón entrará en el santuario con esto: un becerro para la expiación y un carnero para el holocausto.

Él es ministro del santuario y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre. Todo Sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios,  por lo cual es necesario que también este tenga algo que ofrecer. Así que,  si estuviera sobre la tierra,  ni siquiera sería sacerdote,  habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la Ley. Estos sirven a lo que es figura y sombra  de las cosas celestiales,  como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el Tabernáculo,  diciéndole: Mira,  haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.

Ahora bien,  aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal,   Pero estando ya presente Cristo,  Sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más  amplio y más perfecto tabernáculo,  no hecho de manos,  es decir,  no de esta creación,  y no por sangre de machos cabríos ni de becerros,  sino por su propia sangre,  entró una vez para siempre en el Lugar santísimo,  habiendo obtenido eterna redención.

En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios,  nuestro Salvador, y su amor para con la humanidad, nos salvó,  no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,  sino por su misericordia,  por el lavamiento de la regeneración  y por la renovación  en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente  por Jesucristo,  nuestro Salvador, para que,  justificados por su gracia,  llegáramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

Porque,  el que ha muerto ha sido justificado del pecado.

Ahora,  pues,  ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne,  sino conforme al Espíritu,

Porque el aguijón de la muerte es el pecado,  y el poder del pecado es la Ley. Pero gracias sean dadas a Dios,  que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

De cierto,  de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna,  y no vendrá a condenación,  sino que ha pasado de muerte a vida.

No se turbe vuestro corazón;  creéis en Dios,  creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay;  si así no fuera,  yo os lo hubiera dicho;  voy,  pues,  a  preparar lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar,  vendré otra vez  y os tomaré a mí mismo,  para que donde yo esté,  vosotros también estéis.


 DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.

Cuando el Señor Jesús me redimió, El no entró a un santuario hecho por manos de hombre.  El Señor Jesús entró al cielo y ahora se presenta ante el Padre Celestial en mi nombre. El no entro al cielo para ofrecerse una y otra vez cada vez que fallo y peco, de la forma en que los sacerdotes del antiguo pacto solían hacerlo con la sangre de toros y machos cabríos.  En su lugar, Jesús apareció para acabar de una vez por todas con el pecado por medio del sacrificio de Sí mismo.  Por lo tanto, el pecado ya no tiene poder en mi vida.  Así como el hombre está destinado a morir una vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para quitar mis pecados  y librarme del juicio para condenación eterna.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

Si tus has hecho esta oración escríbeme a la siguiente dirección: enriqueibarra.@integra.com.sv