sábado, 15 de octubre de 2011

El Señor Jesús, mi Dios estableció Pacto conmigo.


Éxodo 6:3-6; Hebreos 8:6; Deuteronomio 7:12, 8:6-11,17-18; Colosenses 1:13; Isaías 61:1-3
 Yo me aparecí a Abraham,  a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente,  pero con mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos.  También establecí mi pacto con ellos,  para darles la tierra de Canaán,  la tierra en que fueron forasteros y en la cual habitaron.  Asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel,  a quienes hacen servir los egipcios,  y me he acordado de mi pacto.   Por tanto,  dirás a los hijos de Israel: Yo soy Jehová.  Yo os sacaré de debajo de las pesadas tareas de Egipto,  os libraré de su servidumbre y os redimiré  con brazo extendido y con gran justicia.

 Pero ahora tanto mejor  ministerio es el suyo,  cuanto es mediador de un mejor pacto,  establecido sobre mejores promesas.

Por haber oído estos decretos,  haberlos guardado y puesto por obra,  Jehová,  tu Dios,  guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres.

Guardarás,  pues,  los mandamientos de Jehová,  tu Dios,  andando en sus caminos y temiéndolo.  Porque Jehová,  tu Dios,  te introduce en la buena tierra,  tierra de arroyos,  de aguas,  de fuentes y de manantiales,  que brotan en vegas y montes;  tierra de trigo y cebada,  de vides,  higueras y granados;  tierra de olivos,  de aceite y de miel;  tierra en la cual no comerás el pan con escasez,  y donde no te faltará nada;  tierra cuyas piedras son de hierro y de cuyos montes sacarás cobre.   Allí comerás y te saciarás,  y bendecirás a Jehová,  tu Dios,  por la buena tierra que te habrá dado.  Cuídate de no olvidarte de Jehová,  tu Dios,  para cumplir los mandamientos,  decretos y estatutos que yo te ordeno hoy.

Y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza; sino acuérdate de Jehová,  tu Dios,  porque él es quien te da el poder para adquirir las riquezas,  a fin de confirmar el pacto que juró a tus padres,  como lo hace hoy.

Él nos ha librado del poder de las tinieblas  y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo

El espíritu de Jehová,  el Señor, está sobre mí,  porque me ha ungido Jehová.  Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazón,  a publicar libertad a los cautivos  y a los prisioneros apertura de la cárcel;  a proclamar el año de la buena voluntad  de Jehová   y el día de la venganza del Dios nuestro;  a consolar a todos los que están de luto;  a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé esplendor en lugar de ceniza,  aceite de gozo  en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado.  Serán llamados  "Árboles de justicia",   "Plantío de Jehová",  para gloria suya.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


El Señor Jesús ha establecido Su pacto conmigo.  Él me ha librado de las manos de mis enemigos; me ha quitado las cargas de los opresores y me ha librado del yugo de la esclavitud.  El Señor Jesús me ha rescatado con brazo poderoso.  Mi Padre Celestial escucha mi clamor y oración y me liberta con grandes actos de justicia.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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viernes, 14 de octubre de 2011

En el Señor Jesús soy bendecido.


Génesis 28: 12-15; Hebreos 13:5-6; Deuteronomio 28:1-2, 14; Nehemías 1:5-6; Isaías 43:1-5
Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.  Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.   Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;  de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré  lo que me pueda hacer el hombre.

Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.  Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

Y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.

 Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;  esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.

Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.  Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.  Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.  No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Mi Padre celestial, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, está conmigo en todo momento.  Él siempre mantiene Su pacto de Sangre que es nuestra alianza y ha establecido que Sus bendiciones se cumplan en mi vida.  El Señor Jesús está siempre conmigo y cuida de mí donde quiera que vaya.  Tengo Su Palabra de que no importa lo que pueda suceder en mi vida, Él siempre estará conmigo y me sostendrá a través de Su Palabra.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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jueves, 13 de octubre de 2011

Confesare entre el mundo Tu Nombre Señor Jesús


2 Samuel 22:48-51; Salmo 89:20; 144:2, 10; Romanos 15:9; Efesios 1:17;2, 10; 1 Juan 2:27
El Dios que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí.  Que me saca de entre mis enemigos; tú me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mí; me libraste del varón de iniquidades.  Por tanto [yo] te confesaré entre los gentiles, oh SEÑOR, y cantaré a tu nombre.  El que engrandece las saludes de su rey, y hace misericordia a su ungido David, y a su simiente, para siempre.

Hallé a David mi siervo; lo ungí con el aceite de mi santidad.

Misericordia mía y mi castillo, altura mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que allana mi pueblo delante de mí.

[Tú], el que da salud a los reyes, el que redime a David su siervo de maligna espada.

Pero que los gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré [a ti] entre los gentiles, y cantaré a tu Nombre.

Que el Dios del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, [el] Padre de gloria, os dé Espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él;

Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

Y la Unción que vosotros habéis recibido de él, permanece en vosotros; y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la Unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, permaneced en él.



DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Dios es quien ejecuta la venganza de mi parte.  Él ha hecho caer a mis enemigos y los ha puesto debajo de mis pies.  Él me levanta por encima de los que se levantan contra mí y me libra de todos los ataques violentos del enemigo.   Doy gracias y alabanzas a Dios Padre por todo lo que ha hecho en mí ser.  Levanto y exalto Su Santo Nombre.  El Señor Jesús es mi torre fuerte de salvación y mi gran libertador.  Él es amoroso conmigo en todo momento y me ha ungido con Su poder que quita cargas, elimina yugos – y destruye el poder del enemigo desde ahora hasta la eternidad,  Aleluya!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

El Señor Jesús nos manda a no juzgar al prójimo.


 Mateo 7:1-5; Romanos 14:3; Gálatas 6:1-10; Lucas 6:38-41
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.  ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?  ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?  ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.  No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.  Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.  Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.  Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;  porque cada uno llevará su propia carga.  El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.  No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.  Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.  No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.   Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.  Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?  El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.   ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

No soy de los que critican y condenan a otros por sus faltas,  tampoco soy juzgado o condenado por mis malas acciones.  Entiendo las leyes espirituales de la siembra y la cosecha [con la medida que trate a los demás, seré tratado], y no voy a crear para mí mismo una cosecha llena de juicio y condenación.  Cuando se trata de mis faltas, o aquellas áreas que necesito corrección o una palabra de instrucción, miro mi propia vida primero.  No seré  arrogante exigiendo a otros frutos en áreas donde no estoy dando el fruto deseado para mí mismo.  Debo vivir por encima del pecado, caminar  en salud divina, y prosperado en todas las áreas de mi vida.   Entonces, cuando haya quitado la viga de mi ojo, podre ser capaz de sacar la paja del ojo de mi hermano.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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