viernes, 14 de octubre de 2011

En el Señor Jesús soy bendecido.


Génesis 28: 12-15; Hebreos 13:5-6; Deuteronomio 28:1-2, 14; Nehemías 1:5-6; Isaías 43:1-5
Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.  Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.   Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;  de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré  lo que me pueda hacer el hombre.

Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.  Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

Y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.

 Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;  esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.

Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.  Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.  Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.  No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Mi Padre celestial, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, está conmigo en todo momento.  Él siempre mantiene Su pacto de Sangre que es nuestra alianza y ha establecido que Sus bendiciones se cumplan en mi vida.  El Señor Jesús está siempre conmigo y cuida de mí donde quiera que vaya.  Tengo Su Palabra de que no importa lo que pueda suceder en mi vida, Él siempre estará conmigo y me sostendrá a través de Su Palabra.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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jueves, 13 de octubre de 2011

Confesare entre el mundo Tu Nombre Señor Jesús


2 Samuel 22:48-51; Salmo 89:20; 144:2, 10; Romanos 15:9; Efesios 1:17;2, 10; 1 Juan 2:27
El Dios que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí.  Que me saca de entre mis enemigos; tú me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mí; me libraste del varón de iniquidades.  Por tanto [yo] te confesaré entre los gentiles, oh SEÑOR, y cantaré a tu nombre.  El que engrandece las saludes de su rey, y hace misericordia a su ungido David, y a su simiente, para siempre.

Hallé a David mi siervo; lo ungí con el aceite de mi santidad.

Misericordia mía y mi castillo, altura mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que allana mi pueblo delante de mí.

[Tú], el que da salud a los reyes, el que redime a David su siervo de maligna espada.

Pero que los gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré [a ti] entre los gentiles, y cantaré a tu Nombre.

Que el Dios del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, [el] Padre de gloria, os dé Espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él;

Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

Y la Unción que vosotros habéis recibido de él, permanece en vosotros; y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la Unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, permaneced en él.



DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS


Dios es quien ejecuta la venganza de mi parte.  Él ha hecho caer a mis enemigos y los ha puesto debajo de mis pies.  Él me levanta por encima de los que se levantan contra mí y me libra de todos los ataques violentos del enemigo.   Doy gracias y alabanzas a Dios Padre por todo lo que ha hecho en mí ser.  Levanto y exalto Su Santo Nombre.  El Señor Jesús es mi torre fuerte de salvación y mi gran libertador.  Él es amoroso conmigo en todo momento y me ha ungido con Su poder que quita cargas, elimina yugos – y destruye el poder del enemigo desde ahora hasta la eternidad,  Aleluya!


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

El Señor Jesús nos manda a no juzgar al prójimo.


 Mateo 7:1-5; Romanos 14:3; Gálatas 6:1-10; Lucas 6:38-41
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.  ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?  ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?  ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.  No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.  Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.  Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.  Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;  porque cada uno llevará su propia carga.  El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.  No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.  Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.  No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.   Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.  Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?  El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.   ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

No soy de los que critican y condenan a otros por sus faltas,  tampoco soy juzgado o condenado por mis malas acciones.  Entiendo las leyes espirituales de la siembra y la cosecha [con la medida que trate a los demás, seré tratado], y no voy a crear para mí mismo una cosecha llena de juicio y condenación.  Cuando se trata de mis faltas, o aquellas áreas que necesito corrección o una palabra de instrucción, miro mi propia vida primero.  No seré  arrogante exigiendo a otros frutos en áreas donde no estoy dando el fruto deseado para mí mismo.  Debo vivir por encima del pecado, caminar  en salud divina, y prosperado en todas las áreas de mi vida.   Entonces, cuando haya quitado la viga de mi ojo, podre ser capaz de sacar la paja del ojo de mi hermano.

Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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martes, 11 de octubre de 2011

Sujetando todo pensamiento a la obediencia al Señor Jesús.


2 Corintios 10:2-6; Efesios 6:10-18; 1 Timoteo 1:18-19; Hechos 7:22; 1 Corintios 1:19; Lucas 10:19; Marcos 3:27
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;  porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas;  derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y trayendo cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo;  y estando prestos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere perfecta.

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fortaleza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo;   porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra malicias espirituales en las alturas.  Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.  Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad, y vestidos de la coraza de justicia;  y calzados vuestros pies con el apresto del evangelio de paz.  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno;  y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;  orando en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las pasadas profecías acerca de ti, milites por ellas la buena milicia;  reteniendo la fe y buena conciencia, la cual desechando algunos, naufragaron en cuanto a la fe.

He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada en ningún modo os dañará.

Nadie puede entrar en la casa del hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no ata al hombre fuerte, y entonces podrá saquear su casa.



DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

Aunque vivo en el mundo, no libro las batallas como lo hace el mundo, porque las armas de mi milicia no son carnales, sino espirituales.  Tengo el poder de Cristo para derribar todas las fortalezas que se han levantado en contra del conocimiento de Dios.  Derribo y refuto todos los argumentos, teorías, razonamientos, y toda altivez que se levanten por encima del conocimiento de Dios.  Llevo cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo.   Siempre estoy listo para hacer justicia a todo acto de insubordinación y desobediencia haciéndome obediente a la Palabra de Dios siempre.


Si no has recibido a  Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan
3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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