viernes, 26 de agosto de 2011

Confió en mi Señor Jesús y en mi Padre Celestial.



Juan 14:1-3; Josué 1:5-9; 2 Timoteo 1:5-12; Juan 12:26, 16:22-24; Hechos 1:11
No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí.
En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.
Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.

Durante todos los días de tu vida, nadie será capaz de enfrentarse a ti. Así como estuve con Moisés, también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré.  Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados. Sólo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas.  Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.  Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.

Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.  Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. Así que no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que por su causa soy prisionero. Al contrario, tú también, con el poder de Dios, debes soportar sufrimientos por el evangelio. Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo; y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio. De este evangelio he sido yo designado heraldo, apóstol y maestro.   Por ese motivo padezco estos sufrimientos. Pero no me avergüenzo, porque sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado.

Quien quiera servirme, debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará.

Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría.  En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.  Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

No permitiré que mi corazón sea perturbado, angustiado, o aterrorizado por el día postrero.   Creo en mi Padre Celestial y creo en el Señor Jesús.  Donde vive mi Padre Celestial hay muchas mansiones, y una de esas me pertenece a mí.  Jesús, mi Dios, mi Salvador, mi Amigo, Hermano, Salvador y Señor, se fue antes que yo para ir a preparar las moradas.   El me conoce mejor que yo y por eso esta haciéndome una casa en el cielo, diseñada específicamente para mí.  En este momento, en este mismo instante Él está en mi corazón habitando en mí. Soy en verdad un miembro de la familia de Dios!   Estoy continuamente en el pensamiento de Jesús y en Su corazón.  Él regresa un día y eso me produce  mucha alegría saber que donde Él está, ahí estaré yo también.



Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

jueves, 25 de agosto de 2011

Soy valiente, vigoroso y prudente porque el Señor Jesús está en mí.



1 Samuel 16:18; Efesios 5:28; Daniel 1:17, 20; Génesis 39:2-5; Josué 1:5-9; 1 Juan 3:24 

Entonces uno de los criados respondió: 
He visto a un hijo de Isaí de Belén que sabe tocar;  es valiente y vigoroso,  hombre de guerra,  prudente en sus palabras,  hermoso,  y Jehová está con él.

No os embriaguéis con vino,  en lo cual hay disolución;  antes bien sed llenos del Espíritu,

A estos cuatro muchachos,  Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias;  y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.

En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey los consultó,  los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.

Pero Jehová estaba con José,  quien llegó a ser un hombre próspero,  y vivía en la casa del egipcio,  su amo.   Vio su amo que Jehová estaba con él,  que Jehová lo hacía prosperar en todas sus empresas.   Así halló José gracia a sus ojos,  y lo servía;  lo hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía.  Desde el momento en que le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía,  Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José,  y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía,  tanto en la casa como en el campo.

Nadie podrá hacerte frente en todos los días de tu vida: como estuve con Moisés,  estaré contigo;  no te dejaré ni te desampararé.  Esfuérzate y sé valiente,  porque tú repartirás a este pueblo como heredad la tierra que juré dar a sus padres.  Solamente esfuérzate y sé muy valiente,  cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó;  no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda,  para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.  Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley,  sino que de día y de noche meditarás en él,  para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él,  porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.  Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente;  no temas ni desmayes,  porque Jehová,  tu Dios,  estará contigo dondequiera que vayas".

El que guarda sus mandamientos permanece en Dios,  y Dios en él.  Y en esto sabemos que él permanece en nosotros,  por el Espíritu que nos ha dado.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

El Espíritu de Dios ha fijado Su residencia dentro de mí.  Él me ha capacitado para ser hábil en todo lo que emprendo.   Él me da una habilidad extraordinaria para llevar a cabo los deberes de mi profesión.  En un espíritu de excelencia que me hace destacar del resto del mundo.  Él me ha hecho valiente  e intrépido porque tengo Su Santo Espíritu.   El Señor Jesus me ha dado poder para expresarme clara y adecuadamente y hablar de una manera influyente e impresionante.  El Señor Jesús habita en mi corazón y se manifiesta a través de mí.


Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Para darme paz, el Señor Jesús, fue herido y molido por mis rebeliones y pecados.


 
Isaías 53: 4-6; 1 Pedro 2:22-24; Colosenses 2:10; Efesios 2:14; Hebreos 10:14; Romanos 8:38-39

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades  y sufrió nuestros dolores,  ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Más él fue herido por nuestras rebeliones,  molido por nuestros pecados.   Por darnos la paz,  cayó sobre él el castigo,  y por sus llagas fuimos nosotros curados.  Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino;  mas Jehová cargó en él  el pecado de todos nosotros.

Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca.   Cuando lo maldecían,  no respondía con maldición;  cuando padecía,  no amenazaba,  sino que encomendaba la causa al que juzga justamente.  Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero,  para que nosotros,  estando muertos a los pecados,  vivamos a la justicia.  ¡Por su herida habéis sido sanados!

Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

Porque él es nuestra paz, que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio de enemistad.

Porque con una sola ofrenda, Cristo llevó a la perfección para siempre a los santificados.

Por eso estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni lo presente ni lo por venir,  ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

El Señor Jesús llevó mis enfermedades y mis dolores.  Él fue herido, afligido, y sus pies y manos fueron traspasados por mis rebeliones.  El Señor Jesús fue golpeado y maltratado a causa de mi maldad.  El llevo todas mis enfermedades y sufrió dolores indescriptibles por mi causa.  Todo lo que hizo en Su muerte en la cruz y Su Gloriosa resurrección.  Él tomó mi castigo sobre sí mismo y me dio Su paz a cambio.  A causa de Sus heridas, ahora estoy bien.  Ahora estoy totalmente sanado en mi espíritu, alma y cuerpo.  En Jesús estoy completo.  Antes de conocerlo era como una oveja que había tomado su propio camino y había rechazado el Camino de Justicia, pero el Señor Jesús me ha quitado todas mis iniquidades, y ahora no hay nada que me pueda separar del amor de mi Señor y mi Dios Jesus. Amen. Amen.


Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

martes, 23 de agosto de 2011

Sobresalgo en la Gracia del dar.



2 Corintios 8:2-7; 2 Corintios 9:7; Filipenses 4:14-20; Deuteronomio 28:12; 1 Corintios 1:5 

En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad.  Soy testigo de que dieron espontáneamente tanto como podían, y aún más de lo que podían, rogándonos con insistencia que les concediéramos el privilegio de tomar parte en esta ayuda para los santos. Incluso hicieron más de lo que esperábamos, ya que se entregaron a sí mismos, primeramente al Señor y después a nosotros, conforme a la voluntad de Dios.  De modo que rogamos a Tito que llevara a feliz término esta obra de gracia entre ustedes, puesto que ya la había comenzado. Pero ustedes, así como sobresalen en todo —en fe, en palabras, en conocimiento, en dedicación y en su amor hacia nosotros  —, procuren también sobresalir en esta gracia de dar.

Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.

Sin embargo, han hecho bien en participar conmigo en mi angustia.  Y ustedes mismos, filipenses, saben que en el principio de la obra del evangelio, cuando salí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en mis ingresos y gastos, excepto ustedes. Incluso a Tesalónica me enviaron ayuda una y otra vez para suplir mis necesidades.  No digo esto porque esté tratando de conseguir más ofrendas, sino que trato de aumentar el crédito a su cuenta.  Ya he recibido todo lo que necesito y aún más; tengo hasta de sobra ahora que he recibido de Epafrodito lo que me enviaron. Es una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado.  Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.  A nuestro Dios y Padre sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 El Señor abrirá los cielos, su generoso tesoro, para derramar a su debido tiempo la lluvia sobre la tierra, y para bendecir todo el trabajo de tus manos. Tú les prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado de nadie.

 Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza, tanto en palabra como en conocimiento.


DECLARACIÓN DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS

No importa cuál sea mi situación, me da gozo abundante poder dar todo lo que pueda a la obra del Señor Jesus.  Es un placer poder dar tanto como puedo, e incluso más allá de mi capacidad.  Esto lo hago por mi cuenta y no por obligación.  De hecho, no tienen ni siquiera que pedirme porque siempre estoy buscando la oportunidad de dar en el ministerio que Dios me indique a través de mis bendiciones financieras.  Lo que hace esto aún más impresionante es el hecho de que soy un socio del Señor Jesús en lo que doy. Así que no se sabe lo que podría hacer, porque cuando Dios y yo nos ponemos de acuerdo en esto, la bendición puede fluir en cualquier dirección.  En el Señor Jesús sobresalgo en todo lo que hago en fe, en la enseñanza, en la comprensión (conocimiento), en el entusiasmo, en mi amor por mis hermanos en Cristo, y me esfuerzo en la gracia (habilidad dada por Dios) de dar también.


Si tú no has hecho a Jesús tú Señor y Salvador te invito a que te rindas a Él,  porque Él pagó un precio alto por ti en la cruz del calvario, recíbelo,  Él ha resucitado y quiere hacer morada en tu corazón.

Declare esta oración con fe y Jesús hará morada en ti hoy y será tu Señor:

Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús.  Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9).

 Señor, tu dijiste que cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu Santo y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).  Creo en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.